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Análisis de Helix: Descent N Ascent

Las aventuras de puzles siguen demostrando que no necesitan grandes presupuestos para encontrar su espacio. Helix: Descent N Ascent, desarrollado por Badass Mongoose, apuesta por una experiencia donde la exploración, la observación y la curiosidad pesan mucho más que la acción. Una propuesta modesta, pero con buenas ideas, que prescinde casi por completo de los diálogos para dejar que sea el propio jugador quien interprete qué ocurre en este extraño mundo monocromático.

En busca de respuestas

Helix: Descent N Ascent es un título que convierte la incertidumbre en parte de su identidad. Despertamos en un mundo oscuro, silencioso y prácticamente desprovisto de vida sin saber quiénes somos ni por qué hemos llegado hasta allí. Poco después comenzamos a cruzarnos con una figura prácticamente idéntica a nosotros, de colores invertidos, que parece recorrer el mismo camino, sin dejar claro si pretende ayudarnos o entorpecer nuestro avance. ¿Es un enemigo, un aliado o simplemente un reflejo de nosotros mismos? Cada escenario, cada símbolo y cada nueva habilidad aportan pequeñas piezas de un relato que reflexiona sobre la identidad de cada uno y la soledad sin recurrir a un solo diálogo y esa es, precisamente, una de sus mayores virtudes.

Aunque pueda parecer una aventura de exploración convencional, Helix: Descent N Ascent es, ante todo, un gran rompecabezas interconectado. La sensación de descubrimiento recuerda inevitablemente a Cocoon, mientras que la progresión tiene mucho de la estructura clásica de The Legend of Zelda, con un mundo que se va abriendo gracias a las herramientas que encontramos durante el camino. No existen mazmorras propiamente dichas, pero sí múltiples capas del escenario conectadas entre sí que iremos desbloqueando poco a poco. Cada nueva habilidad transforma nuestra forma de explorar el entorno, obligándonos a mirar con otros ojos zonas que ya habíamos visitado. Todo el progreso nace de comprender el escenario, nuestro verdadero enemigos, porque sencillamente no existen combates.

Helix: Descent N Ascent

El aspecto monocromático juega a su favor pero también en contra.

Es precisamente ese sistema de herramientas donde el juego encuentra su mejor baza. Un gancho nos permite alcanzar plataformas lejanas o mover determinados objetos; una cabeza flotante, similar a un pequeño dron, atraviesa conductos inaccesibles para activar mecanismos; mientras que un reloj capaz de invertir la tonalidad del mundo revela caminos y elementos completamente invisibles en la realidad habitual. Conforme avanzamos, Helix: Descent N Ascent  empieza a combinar estas habilidades para construir puzles más elaborados, manteniendo una progresión sin necesidad de introducir mecánicas completamente nuevas a cada paso. El resultado funciona, aunque algunas herramientas podrían haberse aprovechado todavía más durante el tramo final de la aventura.

A lo largo del recorrido encontraremos numerosos coleccionables que forman parte de un gigantesco mural cuya interpretación termina convirtiéndose en un pequeño metapuzle paralelo. También hay espacio para curiosidades como una recreativa claramente inspirada en el Donkey Kong original, que cumple 45 años en unos días,. Todo ello da forma a una aventura que ronda las seis horas de duración si somos lo suficientemente avispados porque no pone fácil orientarnos en un mundo enrevesado y, por lo general poco intuitivo, en parte por decisiones artísticas y por otra, por puro diseño de niveles.

Helix: Descent N Ascent

El uso de gadgets en un mundo fracturado es su gran baza.

Forzando la vista

Visualmente, Helix: Descent N Ascent tiene una personalidad muy marcada. Su mundo monocromático recuerda por momentos a Silt o Hauntii apostando por escenarios que parecen ilustraciones de un cuaderno gracias a un evidente trabajo artesanal en la composición de cada pantalla. La ausencia de color no es únicamente una decisión estética, sino también una herramienta para reforzar esa sensación de aislamiento y misterio que envuelve toda la aventura.

Sin embargo, esa misma apuesta artística también juega en su contra. La exploración se desarrolla avanzando entre pantallas independientes, muy al estilo de un Zelda clásico, pero el elevado nivel de detalle hace que distinguir qué elementos son interactivos y cuáles forman simplemente parte del decorado no siempre resulte sencillo. No serán pocas las veces que descubramos un coleccionable casi por casualidad o encontremos una salida simplemente porque decidimos caminar hacia un rincón aparentemente vacío. Además, la uniformidad cromática dificulta orientarse y memorizar determinadas zonas cuando toca regresar sobre nuestros pasos.

Helix: Descent N Ascent

Cada tipo de coleccionable nos devela una mapa o grabado diferente.

Un sistema de ayuda no le sentaría mal cuando andamos perdidos. A ello se suma un protagonista cuyo movimiento resulta deliberadamente pausado. Es una decisión que favorece la observación y encaja con el tono relajado de la aventura, pero también hace que los desplazamientos resulten algo pesados cuando nos quedamos atascados en un puzle o necesitamos recorrer de nuevo zonas ya conocidas. Helix: Descent N Ascent propone rompecabezas intuitivos y bien planteados, aunque su ritmo de exploración podría haber sido algo más ágil para hacer esos momentos menos repetitivos.

La banda sonora, compuesta por Jim Guthrie, acompaña muy bien el tono contemplativo del conjunto con melodías ambientales que refuerzan constantemente la sensación de aislamiento. Sin embargo, el juego tampoco alcanza la capacidad de sorpresa ni la fuerza narrativa de referentes recientes como las del mencionado Cocoon, ni deja demasiados momentos realmente memorables. Su mayor virtud está en la solidez de sus puzles y en la coherencia con la que desarrolla sus ideas, a pesar de necesitar más fuerza en el desarrollo y orientar más al jugador.

Helix: Descent N Ascent

No hace falta decir cual es su inspiración, ¿verdad?

Versión analizada: Nintendo Switch (1.0.4.11) jugada en NIntendo Switch 2

Resumen
Helix: Descent N Ascent propone una aventura de puzles bien construida y enrevesada aunque con algunos problemas de orientación, ritmo y legibilidad visual.
Bueno
  • Apartado visual artesanal y llamativo.
  • El meta puzle y sus gadgets.
Mal
  • Orientación y legibilidad mejorables.
  • Ritmo demasiado lento.
6.5
Justo
Escrito por
Jugador de corazón, amante del arte y enamorado del metal.

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