RiMe

RiMe llega a Nintendo Switch con un port que no hace justicia a su maravillosa presentación audiovisual, su razón de ser.

Un juego como RiMe no podría haberse concebido en el siglo pasado. Un videojuego de esta naturaleza habría tirado por otros derroteros. Por suerte, este tipo de títulos con énfasis en la narración ambiental son cada vez más comunes, con historias sutiles y una jugabilidad que se sumerge en el entorno. Sobretodo, que RiMe haya surgido de un estudio español, Tequila Works, es una prueba sólida de la creatividad y el crecimiento del desarrollo patrio.

Sin embargo, y a pesar de todas sus bondades, RiMe no consigue alcanzar todo su potencial, aunque si que llega a cumplir su humilde objetivo: atraparte en su óleo multicolor y trasladarte a un mundo misterioso y musical. El problema es que su llegada a Nintendo Switch llega con fallos técnicos que, a falta de posibles arreglos en forma de parches, trastocaron mi experiencia.

La Torre y La Isla

Es importante saber de antemano qué tipo de juego es RiMe, porque siempre habrá jugadores que no busquen esta clase de experiencias. RiMe es una aventura cuya historia se expresa a través de su entorno, su jugabilidad minimalista y las interacciones del chico protagonista con las criaturas que encuentra a su paso. Desde este acercamiento sutil, RiMe consigue mantener su misteriosa trama a flote, aunque puede llegar a ser confusa si no prestas atención.

RiMe abre con el naufragio de un navío que deja a nuestro pequeño protagonista sin nombre tirado en la playa de una isla ambientada en el Mediterráneo. A partir de este momento, y hasta su interesante final, no se usan palabras en todo el juego. Por eso mismo, ser observador te llevará a entender el pasado y los hechos que están ocurriendo en el presente.

Para contar una historia de esta forma, es esencial que el escenario consiga captar nuestro interés y mantenerlo constantemente, y RiMe lo borda. Su apartado artístico es colorido, asombroso, y en esencia, bello. Si a esto le sumamos la maravillosa banda sonora de David García, un ejemplo a seguir, esta aventura con influencias claras de Journey transmite mucha emoción y sentimiento, y se le puede perdonar que algunos escenarios resulten ligeramente vacíos.

El Chico Sin Nombre

Respecto a su jugabilidad, RiMe intenta que se integre lo máximo posible en el ambiente, por lo que su prominencia y complejidad son más bien bajas. La elección de un niño como protagonista no es casual; eso le ha permitido a Tequila Works dotarle de movimientos sencillos, propios de su complexión. Correr, saltar, agacharse, nadar, bucear y escalar, verbos llevados a su mínima expresión. Incluso su mecánica más diferencial, cantar, no conlleva más que pulsar un botón y ver si ocurre algo o no.

Aunque puede resultar algo monótono, demasiado en algunos momentos, controlar a nuestro protagonista se hace verosímil en un mundo semimágico. Sin embargo, los diferentes puzles ambientales que iremos encontrando en la historia pueden resultar demasiado fáciles. Si bien es cierto que consiguen ser variados e incluso sorprender por momentos, se quedan a medio camino entre un desafío y una molestia.

RiMe se divide en cuatro zonas semiabiertas, cada una con sus características. En su interior se mezcla todo de forma uniforme, en una experiencia lineal, ordenada. Aun así, Tequila Works fomenta la exploración a través de la propia belleza del paisaje y los coleccionables, que solamente afectan a algunos detalles del final. Quizás si hubiesen servido para algo más, podrían empujar a algunos jugadores a alargar aun más el juego, si su atractivo visual no lo hace.

RiMe

La Maldición

Desgraciadamente, no he podido disfrutar del todo la belleza de RiMe en Nintendo Switch. Diferentes clases de errores e inconveniencias han lastrado mi experiencia. El primero de ellos, quizás el más grave, es su pobre rendimiento en portátil, con constantes tirones y bajones de fps. Incluso aún peor es su resolución, que hace que muchos elementos del escenario y el propio protagonista se difuminen.

En cuanto al dock, la resolución ya no es un problema, aunque las caídas de fps siguen presentes. Sin embargo, otro decepcionante aspecto técnico es la iluminación en interiores, que deja mucho que desear en algunos momentos. Es una pena, porque las luces suponen un elemento muy importante en RiMe, tanto en su diseño artístico como en la resolución de puzles y rompecabezas, y en exteriores sí está muy bien lograda.

De igual forma, su sistema de guardado automatizado tampoco funciona de forma ideal. No se puede guardar de forma manual, y esto no sería un problema si los puntos automáticos no te llevasen tan atrás. Sin embargo, morir en el juego no supone una gran desgracia. Sueles aparecer inmediatamente donde estabas a salvo la última vez. Como no hay ningún tipo de combate, las muertes son fruto de un fallo durante las partes de plataformeo, o alguna criatura violenta. En un juego de este estilo, se agradece que morir no rompa con su flujo.

RiMe

Los Puentes de Enu

Tequila Works ha creado un título personal, bonito, con cosas que contar. Aunque la experiencia en general sea algo descafeinada, RiMe merece la pena por sus momentos más bellos, cuando la música, el escenario y la trama confluyen en sintonía. Solamente hace falta echar un vistazo a las imágenes de este análisis mientras escuchas la banda sonora para darse cuenta.

Sin embargo, en Nintendo Switch no da la talla, ya que sufre de tirones constantes, algunos fallos en su iluminación y un rendimiento mediocre en portátil. Por el momento, es mejor disfrutarlo en otras plataformas y no arriesgarse a empañar tu viaje con el chico sin nombre.

Comentarios
  1. 1.
    Muy de acuerdo con el análisis. Yo lo he jugado, no acabado, en PS4 e iba fino como la seda. Otras experiencias, que no juegos, me han enganchado más que este, como Journey o Abzû. La banda sonora requiere una mención aparte por su exquisitez.