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Análisis de The Punchuin

De los magos de Shin’en Multimedia nos llega por sorpresa, tras anunciarse y lanzarse ayer mismo, The Punchuin. Es el primer juego en pixel art de la compañía desde la época de Game Boy Advance, pero llega con todo el buen hacer del equipo y pesando tan solo 97 megas, algo que no solemos ver muy a menudo hoy día.

Un descenso hacia el calor

The Punchuin es un título directo, en todos los sentidos. Le das al icono el juego, parpadeas y ya tienes la pantalla de título casi. Y en ella puedes elegir modo aventura, multijugador local y opciones (por defecto sale en inglés, pero podemos ponerlo en español). Si jugamos contra otra persona, el estilo de juego se basa en ver quién es capaz de completar el nivel antes, y se empieza sin ninguna habilidad (se van adquiriendo cuando las encontramos en bloques). Es el modo destinado a darle más vida al título, aunque es necesario tener dos personas para aprovecharlo.

El modo para un jugador (de unas tres o cuatro horas de duración) funciona mediante niveles así que, aunque haya una sola ranura de partida, puede rejugarse perfectamente en cualquier momento. Su historia es más una excusa que otra cosa para avanzar, en la que un pingüino anchote que lleva guantes de boxeo está buscando un tesoro en el interior de la montaña. Para ello, tendrá que descender a lo largo de cuatro mundos cada vez más complejos en los que ir superando puzles al estilo de Columns, pero con movimiento y ataques.

Esto es lo que hace especial a este juego, y es que los bloques de colores, de hielo o metal caen como en los clásicos del género de puzles, pero nosotros tenemos control de nuestro héroe en todo momento, para saltar, rebotar y pegas puñetazos, lo que nos permite mover o tirar fuera piezas para que así podamos hacer las cadenas de tres que se nos piden para completar el nivel (aparecen en la franja derecha de la pantalla) antes de que que los bloques lleguen al “techo”.

Te Punchuin, mucho con muy poco

Hay pocos movimientos, pero se ejecutan bien. Nuestro puñetazo mueve un bloque ciertas casillas o, si está chocando con otra, la “devuelve hacia atrás” una posición. Con esto y nuestro ingenio, hemos de romper los bloques de hielo que nos interesen, tirar los de color que no queramos y buscar hacer combinaciones de tres en línea. También hay monedas que podemos coger dentro de algunos bloques de hielo, y algunos poderes especiales como parar el tiempo o eliminar todos los bloques de color colocados en la misma dirección de un rayo si lo golpeamos.

El mecanismo es simple, pero se complica y facilita cada vez que avanzamos. Por un lado, los niveles empiezan a tener agua para soltar piezas, y posteriormente lava (tocarla supone repetir el nivel) y aumentan las cadenas que se nos piden. Por otro lado, con las monedas podemos adquirir habilidades interesantes como un doble salto, acabar con los bloques de hielo de un golpe o la posibiidad de que las monedas que cojamos valgan el doble, entre otras mejoras más. Así hay una progresión bastante acertada entre lo que podemos hacer y lo que el juego nos exige.

La progresión de niveles además es bastante coherente con nuestro avance y habilidad y si bien podemos avanzar sin completarlos todos, hacerlo nos hará más expertos y tener el juego al 100%. Además de los niveles tradicionales, existen otros dos tipos más: los de puzle y los de minijuegos. Los primeros nos proponen una situación de bloques ya creada en la que tenemos que completar los tríos propuestos sin recibir ningún bloque del cielo. Los segundos cuestan monedas, y nos presentan situaciones variopintas como baloncesto o una especie de curling golf para darle variedad al progreso.

The Punchuin es, por tanto, un título muy sólido que puede que no sea muy largo, pero sí muy competente en la mayoría de lo que hace. Tienen que gustarnos un mínimo los puzles para disfrutarlo eso sí, pues en otro caso hay riesgo de monotonía o agobio. Y no podemos acabar el análisis sin hablar de su aspecto audiovisual, el cual sorprende mucho y para bien. A pesar de que no hay demasiados fondos, el detalle del pixel art y sus colores son bastante llamativos, algo que también ocurre en lo sonoro, con efectos adecuados y una música animada muy adaptada a acompañar al estilo visual escogido. De nuevo, Shin’en ha vuelto a hacer un juego más que correcto, al que lo único que le podemos pedir es quizás un modo online o al menos más oferta (especialmente en minijuegos) para jugar en solitario y en compañía.

 

Resumen
Directo y al grano. Con pocas mecánicas ofrece un juego de puzle con un giro en el que nuestro movimiento es muy importante. Puede no ser muy largo, pero si os gusta, el multijugador puede alargar mucho su vida.
8
Notable
Escrito por
Pikmin de nacimiento y strawhard de corazón, colecciono monedas DK por diversión.

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