Una acomodada Milestone nos ha traído este año una nueva edición del juego oficial de la categoría reina del motociclismo, un MotoGP 26 que por primera vez pisa Nintendo Switch 2, lo que ya os adelantamos ha hecho con bastante acierto, aunque con algunos fps de menos; pero pocas quejas más tendremos, comparativamente hablando.
Porque sí, la gran novedad de esta versión no es solo el salto generacional respecto a la anterior híbrida de Nintendo Switch, sino cómo de bien se adapta el título a un hardware que, sin alcanzar el rendimiento de otras plataformas, sí permite por fin una experiencia cercana a la “completa”; vamos a llamarlo así.
Compitiendo casi en igualdad de condiciones
Los 30 fps frente a los 60 de otras versiones están ahí, y se notan en determinados momentos, especialmente en curvas rápidas o en pelotones con muchos corredores, lluvia, etc., pero no empañan en exceso una jugabilidad que sigue siendo el pilar fundamental del conjunto, y además el motion blur implementado ayuda a dar sensación de velocidad.
Y es que en lo visual, el salto es evidente. Modelados más detallados, circuitos con mayor carga de elementos y una iluminación más trabajada hacen que por primera vez sintamos que estamos ante una versión plenamente actualizada en consola de Nintendo. No es un port recortado ni una adaptación de esas de compromiso. Es, con matices, el mismo juego que encontramos en otras plataformas. Quizá no con el mismo nivel de nitidez o fluidez, pero sí con una base técnica que ya no desentona.
MotoGP 26, pero 26 de verdad
A nivel de contenido, MotoGP 26 se pone al día con el campeonato oficial de 2026, incorporando pilotos, equipos y circuitos actualizados. Además, introduce un sistema interesante en el que las valoraciones de los pilotos cambian dinámicamente en función de sus resultados en el mundo real, algo que añade un punto de frescura a la experiencia a lo largo de la temporada. Esto provoca que cada campeonato que juguemos pueda variar ligeramente en sensaciones, obligándonos a adaptarnos a rivales que evolucionan.
El modo Trayectoria sigue siendo el eje principal para un jugador, con una progresión que nos permitirá ir escalando desde categorías inferiores hasta la élite. No reinventa nada, pero funciona, y eso en una saga anual es casi más importante que intentar innovar sin rumbo. La gestión del equipo, las decisiones en carrera y la evolución de la moto siguen presentes, aunque sin cambios especialmente profundos respecto a entregas anteriores.
Conducción para todos los manillares
En lo jugable, Milestone vuelve a apostar por una dualidad clara entre los modos Arcade y Pro. El primero es accesible, directo y perfecto para partidas rápidas o para quienes simplemente quieren disfrutar de las carreras sin demasiadas complicaciones. El segundo, por su parte, ofrece una simulación mucho más exigente, donde cada frenada, cada inclinación y cada error cuentan. Ambos, eso sí, permiten un alto grado de personalización, lo que facilita ajustar la experiencia a prácticamente cualquier tipo de jugador.
Aquí entran en juego también las ayudas neuronales para dirección, frenado y aceleración, que en esta versión se sienten casi imprescindibles. La ausencia de gatillos analógicos en Switch 2 obliga a buscar alternativas, y aunque es posible usar los sticks para modular gas y freno, no resulta especialmente natural. Por suerte, el sistema implementado cumple bien su función. Tan bien como en MotoGP 25, de hecho, permitiendo mantener un control preciso incluso en situaciones complicadas.
A destacar la inclusión de esquemas de control pensados para jugar con una sola mano. Lejos de ser una curiosidad, funcionan sorprendentemente bien y refuerzan un apartado de accesibilidad muy cuidado. No solo hablamos de este tipo de control alternativo, sino también de opciones para daltónicos, ajustes visuales y filtros de reducción para acúfenos, algo poco habitual en el género y muy de agradecer.
Mismos modos + un multijugador decente
En cuanto a modos, regresa el multijugador a pantalla partida, una incorporación muy celebrada que devuelve parte del espíritu clásico de los juegos de conducción. Poder competir en local sigue teniendo un valor añadido que no debería perderse. El online, por su parte, permite hasta 16 jugadores, ofreciendo carreras intensas y competitivas, aunque sin juego cruzado con otras plataformas, una de las grandes ausencias que limita ligeramente su potencial.
También vuelven las pruebas Race Off, una especie de modo alternativo con disciplinas distintas al campeonato principal. Siguen siendo divertidas como complemento, pero una vez más el número de circuitos es demasiado reducido, lo que hace que pierdan interés con relativa rapidez. Es un añadido que podría dar mucho más de sí si recibiera mayor atención por parte del estudio.
A tener en cuenta
En lo sonoro, el juego cumple sin alardes. El rugido de las motos, la ambientación de los circuitos y los comentarios acompañan correctamente, aunque sin grandes novedades. Donde sí se nota cierta mejora es en la sensación de velocidad, mejor transmitida gracias a pequeños ajustes en cámara y efectos. También hay nuevas físicas, que ayudarán a que besemos menos el asfalto.
Por último, hay que hablar del precio. Los 49,99 euros a los que ha salido esta versión suponen un alivio en un mercado donde los lanzamientos suelen rondar cifras bastante más elevadas. No es un detalle menor, y ayuda a que el conjunto resulte aún más recomendable.
En definitiva, MotoGP 26 en Nintendo Switch 2 es un salto enorme respecto a su predecesor en la anterior consola de Nintendo. No alcanza la excelencia técnica de otras versiones, pero lo compensa con una adaptación sólida, completa y muy disfrutable. Puede que no sea perfecto, pero sí es, por fin, el MotoGP que la consola merecía.


