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Análisis de Claybook

Hace unas semanas que recibimos Trials Rising en Nintendo Switch, y ahora nos llega a la consola una obra nacida de las manos de Second Order, un estudio de tres extrabajadores de Redlynx (el estudio tras dicho juego de motos). Hablamos de Claybook, una propuesta que resulta llamativa a primera vista y que puede ser infinita si la comunidad responde.

Jugando con plastilina

Una de las cosas más molonas de ser un crío es jugar con plastilina, moldeándola a nuestro antojo y fusionando bloques de distintos colores. El gran problema era la limitación espacial y la necesidad de disponer de cantidades ingentes de dicho material para poder hacer obras fantásticas, algo que de forma digital podría solventarse en cierta medida.

Eso es Claybook, una aventura con plastilina en la que tendremos que realizar diversas acciones para completar una serie de puzles en entornos tridimensionales.Todo está muy orientado al sentimiento de ser un niño, hasta el punto de que, aunque el «personaje» al que manejamos es un bloque multiforma, al fondo del escenario se ve a un niño con un joystick en sus manos replicando los movimientos que nosotros realizamos.

Veinte niveles nos esperan a lo largo de cinco mundos, y en ellos tenemos que cumplir diversos objetivos, ya sea el más básico de lograr llegar a la meta u otros que incluyen líquidos y su transporte hasta cierto lugar. Se incluye un sistema de rango en función del tiempo que tardemos, pero la creatividad siempre está presente, habiendo en muchas ocasiones más de una forma de completar una fase.

Claybook y los FPS

Si Claybook se quedase en eso, tendríamos un buen juego, aunque algo corto y con fases ligeramente similares, pero la cosa va mucho más allá gracias a un editor de niveles multiplataforma, con el que podemos compartir nuestras creaciones con personas de otros sistemas, y también poder jugar a sus trabajos. El editor es complejo y con muchas opciones, aunque una vez se entiende su manejo resulta sencillo e intuitivo.

El juego tiene un enorme potencial con una idea que apela a la nostalgia de la infancia para conquistarnos, y que gracias a las diferentes formas (con sus propias habilidades) que podemos manejar, nos ofrece un enorme abanico de posibilidades que alegran nuestra imaginación. La cosa no se queda simplemente en tener un cubo, una esfera, un disco y un cilindro como vemos en un principio, sino que hay otras formas más complejas como un cañón o un imán que interactúan de diferentes formas con el «líquido» del escenario.

Claybook es un juego bonito, que incluye muchos colores en pantalla y que realmente sabe compensar su falta de variedad y detalle en los elementos representados con su propia premisa, la de tener cada nivel lleno de plastilina formando diferentes estructuras o formas con las que podemos interaccionar, ofreciéndonos una enorme libertad. Como curiosidad, el juego permite mostrar un medidor de frames por segundo en todo momento, de forma que eso pueda ayudarnos a crear espacios que no estén sobresaturados.

La propuesta de Claybook es digna de aplauso. Un mundo de plastilina variado y que refleja exactamente lo que esperamos de él. Puede resultar algo corto en su modo campaña, por lo que realmente está en manos de la comunidad (multiplataforma) que haya juego para rato.

Resumen
Claybook nos propone jugar con plastilina virtual como si fuese la real. Un título original y muy creativo, aunque corto en su modo campaña.
7.5
Bueno
Escrito por
Pikmin de nacimiento y strawhard de corazón, colecciono monedas DK por diversión.

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Este debate contiene 0 respuestas, tiene 1 mensaje y lo actualizó  Javier Aranda hace 6 meses, 3 semanas.

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