Una aventura con amigos al cubo.

Death Squared es el juego debut de SMG Studio en Nintendo Switch. Una aventura de puzles especial que tras triunfar en otros sistemas llega a la consola de la gran N con el incentivo de los Joy-Con y la portabilidad como una característica a explotar. Una propuesta que puede tener fácilmente a cuatro jugadores enganchados durante largas sesiones.

Uno controla a todos, o todos son controlados por cada uno

Imagina que tienes una idea loca en un Global Game Jam, esos eventos en los que se hacen juegos en 48 horas. Imagina que gusta tanto, que se decide pulir y perfeccionar pero manteniendo su base. Imagina que tu juego pasa por varia ferias y todo el mundo se lo pasa pipa. Ahora, deja de imaginar, pues ese ha sido el camino del estudio encargado de esta pequeña joya que llega a la eShop.

Lo primero de todo es entender su mecánica, simple pero compleja al mismo tiempo. Hay que hacer que los cubos de colores lleguen a una casilla especial de su color por un escenario en vista cenital. Al principio es un camino básico consistente en mover los cubos de colores de A a B, pero la cosa se complica en segundos y se añaden rayos mortales que destruyen a los cubos, suelos e interruptores que solo puede pulsar un cubo en particular y otros obstáculos varios que modifican el escenario y que hacen que una tarea muy sencilla se vuelva todo un infierno, siendo muy fácil que un cubo muera durante el proceso y haya que volver a empezar.

El juego se compone de varios modos, y en todos ellos puede jugarse usando 2 Joy-Con, el Pro Controller o un Joy-Con individual. Es importante señalar que a pesar de que el juego gana muchísimo en compañía, por las risas y los piques (y eso que es cooperativo), todo puede jugarse en formato individual, usando los dos sticks y los gatillos para manejar uno mismo hasta a cuatro cubos al mismo tiempo.

Death Squared, muertes al cubo

Hay tres variantes en el juego. El modo historia sirve para ir poco a poco entendiendo todo el concepto, y que se va complicando cada vez más. En el mismo hay pequeños diálogos de humor que presentan la historia (en inglés, pero no es necesario hacerle caso para entender el juego y pasárselo bien). Hay en total 80 niveles en este modo para 1-2 jugadores, pues siempre es con dos cubos en pantalla.

El modo party, con 40 niveles, ofrece la mecánica de la historia al cuadrado, puesto que hay cuatro cubos en pantalla y las virguerías que hay que hacer son bastante más complejas. Pero dicen que cuatro mentes trabajan mejor que una, ¿no? Y por último, una vez completado cada uno de los modos citados, se desbloquean 30 niveles adicionales para cada uno en el baúl, niveles que se han separado de la estructura principal por suponer un reto aún mayor, por lo que son un extra que no evita que “uno pueda parase el juego”.

Todo es divertido, y es sorprende cómo se miden ciertas cosas hasta el milímetro, obligando a cooperar a tus manos (si juegas solo) o a un grupo de personas, que normalmente suele ir cada una por su camino. No es un juego “para Nintendo”, pero encaja perfectamente en la filosofía de juego local rápido y accesible de la compañía, que con Switch quiere extenderse todavía más. Los detalles adicionales, como los gráficos y la música, son complementos que no desencajan, pero que en ningún momento eclipsan a lo que es el puzle en sí mismo.

En definitiva, diversión sin tapujos e intermediarios, sin cinemáticas y poniéndonos directamente manos a la masa tras un breve menú. La duración de todo el título es complicada de calcular, ya que depende mucho de la coordinación, cooperación y de pensar las posibilidades. Obviamente, ver las soluciones en internet está ahí, pero la gracia se pierde (salvo que sea en una frase frustrante). No obstante, las cinco horas mínimo no os las quita nadie, aunque lo normal es que ese número sea mucho más alto.

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