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Análisis de Nobody Saves the World

DrinkBox Studios nos ha traído todas sus obras desde 2012 a Nintendo Switch, y este Nobody Saves the World no iba a ser la excepción. Sus creadores ya han saboreado el éxito de hacer grandes juegos, por lo que este nuevo título se esperaba como agua de mayo. Además, siempre es interesante ver como un estudio se desenvuelve en un género en el que no lo había hecho antes (y encima lo hace bien).

Nobody Saves the World, el indie que no sabías que querías

Una criatura blanca de ojos negros llamada Nadie se despierta un día sin saber dónde está. Al explorar sus alrededores descube que una amenaza llamada La Camalidad va a poner el mundo patas arriba, y que el poderoso mago Nostramagus, que podría hacerle frente, ha desaparecido. Buscando en la casa del mago encuentra su varita, y gracias a ella puede transformarse en una rata (y posteriormente en muchas más cosas), por lo que ahora es el momento de que Nadie salve el mundo.

A la hora de ver la jugabilidad de este título, nos encontramos una aventura en vista cenital en la que los cuatro botones son las cuatro habiidades de cada forma de nuestro personaje. Así pues, la mecánica principal del juego es cambiar de forma una y otra vez para que saquemos partido a cada una (poder pasar por espacios pequeños, ir por el agua, y más sorpresas). Además cada forma tiene la posibilidad de tener equipadas hasta cuatro habilidades activas y otras cuatro pasivas, y al poco de jugar se nos abre la posibilidad de que usemos habilidades de una forma en otra, pudiendo así personalizar nuestras favoritas al gusto.

El universo de Nobody Saves the World está lleno de personajes variopintos, muchas referencias a juegos clásicos y un mundo en el que cada uno “va a su bola”, pero todo es relativamente wholesome, aunque con un toque macarra. El mundo está interconectado por muchos puntos y en cada zona hay diferentes seres, algunos de ellos unidos en gremios que nos darán misiones variadas. De hecho, el juego va “de misiones” constantemente para tenernos enganchados, pues no solo hay que hacer los clásicos encargos, sino que también tenemos misiones para cada una de las formas del protagonista, gracias a las cuales podemos subirlas de nivel para que aprendan nuevas habilidades activas y pasivas, y además desbloquear nuevas formas.

Solo mola, en compañía más

Lo mejor del juego es el ritmo de las partidas. Todo se ejecuta bastante rápido, las cargas entre zonas no son muy elevadas y hay varios puntos de guardado por el mapa. Las mazmorras del juego no son excesivamente largas (lo que permite jugarlas en sesiones cortas) y están diseñadas procedimentalmente, algo que si bien puede hacer que pequen de poca variedad en diseño de niveles, a la hora de la verdad cumple porque su fuerte no es ese. Su fuerte es jugar, matar enemigos, encontrar tesoros y usar nuestras formas mientras cumplimos misiones. La interfaz ayuda mucho a agilizar el proceso y es muy accesible por incluir siempre las cuatro habilidades equipadas, la barra de vida y maná (que utilizan varias habilidades) y poder comprobar rápidamente el mapa y las misiones que estamos haciendo.

Este viaje va a darnos cerca de 20 horas de diversión, aunque la exploración, rejugabilidad del mundo y otros aspectos pueden invitarnos a jugar más (o menos si vamos más a saco). Hay mucho contenido que es opcional, y hay zonas que nos obligan a tener cierto nivel para poder andar por ellas sin que nos revienten, pero la mayoría de mazmorras buscan ofrecer una dificultad adaptativa en función de lo sobrados que vayamos, para que siempre haya un pequeño factor de reto. Además, gracias a un modo cooperativo (en el que se comparten atributos y niveles), dos personas pueden disfrutar de la aventura con un toque de diversión extra por compartir la experiencia (local y online).

A nivel gráfico encontramos un estilo de dibujo muy colorido y con personajes muy dispares con cara extraña (y fea en muchos casos, en el mejor sentido). Los enemigos, la iluminación y todos los elementos en pantalla funcionan bien y se diferencian (una vez que nos hacemos a lo que puede romperse y a lo que no). La música, creada por Jim Guthrie, es bastante animada y tiene melodías energeticas que acompañan muy bien a la acción. Los sonidos y los efectos van bien, y el rendimiento es estable y maravilloso en todo momento, incluso cuando la pantalla se llena de enemigos. El juego nos llega además en español (latino), con una traducción que se come algunas palabras pero que es adecuada para que podamos enterarnos de todo y sacar una sonrisa a todos los que no sepan inglés.

Nobody Saves the World es un juego que seguramente nadie pediría. Un nuevo dungeon crawler con mazmorras procedimentales y un mundo basado en los niveles suena como algo que Diablo ya ha hecho mucho mejor y hace más tiempo, pero sus elementos jugables, ritmo de juego y modo cooperativo ayudan a crear una experiencia muy entretenida, muy adictiva y que una vez que la pruebas hace que no quieras soltar el mando fácilmente.

Resumen
Un juego de acción y mazmorras al estilo Zelda y Diablo que se ejecuta muy rápido. Muchas opciones de personalizacion y un mundo de color consiguen crear una jugabilidad muy adictiva.
9
Genial
Escrito por
Pikmin de nacimiento y strawhard de corazón, colecciono monedas DK por diversión.

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