Una encantadora aventura sin encanto.

Violett es una aventura gráfica sin historia o un juego de puzles que parece una aventura gráfica, lo que prefiráis. En cualquier caso, es una obra que recuerda a la cinta de Los mundos de Coraline por su estética, su protagonista y su música pero que no ha acabado de cuajar en lo que debería ser esencial en este tipo de juegos.

Amago de historia

Durante los primeros compases del juego vemos cómo Coraline, digo Violett se muda con sus padres a una casa en las afueras, todo ello contado mediante una secuencia animada con una pieza musical muy pegadiza que nos hace presagiar lo mejor.

Acto seguido y ya instalados en nuestra nueva casa somos testigos de una fuerte pelea entre nuestros progenitores, por lo que decidimos encerrarnos en nuestra habitación donde veremos un hueco en la pared, el típico agujero que escarban los ratones pero, ¿qué habrá dentro? Ahí que metemos la mano y lo que encontramos es un colgante con joyas engastadas que, nada más tocarlo, no vuelve diminutos y nos manda directamente a un mundo de fantasía como si hubiéramos caído por la madriguera de conejo de Alicia en el País de las Maravillas.

Allí descubriremos que una malvada hechicera nos ha enjaulado junto con un hada, y se acabó la historia. De verdad, lo máximo que veremos serán unos irrisorios segundos de nuestros padres preocupados por nosotros al completar algún capítulo y la secuencia del final. Nada más. Ni siquiera se nos contará nada de formas indirectas, como en libros o en conversaciones con otros personajes, los cuales se limitan a hablar enseñando un dibujo en un bocadillo de diálogo. Así que los que busquéis una aventura gráfica de historia memorable, olvidaos de este juego, que va dirigido únicamente a quienes busquen puzles, y veremos que estos tampoco acabarán satisfechos con el resultado final.

Puzles para ¿pensar?

Si Violett está tan enfocado a la resolución de puzles, lo lógico habría sido que estos hubieran estado bien planteados, pero no es el caso, y no hablamos solo de la forma de solucionarlos, sino que algunas veces tendremos que hacerlo respetando un orden que vendrá establecido por obra y gracia del creador y que nosotros habremos de adivinar a base de ir de un sitio para otro como pollo sin cabeza, lo que hará que finalmente desistamos y acabemos mirando alguna guía; sí, lo confesamos, lo hemos hecho.

Violett peca en exceso de darle libertad al jugador, que se torna desamparo cuando entramos en una de las bonitas salas que forman su mundo y, por mucho que nosotros veamos que esto se puede hacer así, no se hace, y la solución al final es algo completamente ilógico a lo que hemos llegado por puro azar o por probar absolutamente todo lo de nuestro inventario en cada pixel de la pantalla.

Es una sensación que se acrecienta cuando intentamos usar los poderes que Violett absorbe de las hadas, como la del principio, que nos otorga el don de la telequinesis. Solo lo podremos usar cuando el juego así lo crea oportuno, aunque muchas veces sea la opción más lógica. Es frustrante, como tantas y tantas cosas en este juego.

Además, tampoco tendremos pistas que encaucen nuestros pasos, solo a veces conversando con los pocos NPCs del juego obtendremos como respuesta un dibujo que tendremos que interpretar, y no siempre será, sencillo hacerlo.

También habrá hojas a recoger, las cuales tendrán información que, la verdad, no será de mucha utilidad, solo curiosa, por lo que coleccionarlas no será importante.

Sí hay, gracias a quien sea, un botón que hará las veces de guía en la esquina inferior derecha de la pantalla. Nuestra intención puede ser no usarlo y acabar el juego de la manera tradicional, pero, como ya hemos dicho, es tan ilógico y enrevesado que muchas veces nos será imposible obviarlo, a menos que queramos volvernos locos, claro.

Puzles para mirar y oír

Ya hemos comprobado que los puzles no son lo mejor de Violett, entonces, ¿qué nos ha empujado a seguir con él? Muy sencillo: visual y sonoramente es una delicia. Como en todo, hay cosas que nos han gustado menos, como el modelado de la protagonista, que parece un render de hace casi dos décadas de cuando Crazy Frog y derivados o los chilliditos que entona como negación cuando no puede realizar alguna acción, pero el conjunto es realmente bello.

Desde la corta presentación inicial sabes que te vas a adentrar en un sitio mágico, deudor de la obra de Tim Burton y de Neil Gaiman, y en ese sentido no decepciona en absoluto.

Su mundo está plagado de extrañas criaturas, en su gran mayoría insectos, pero también hay otras que son seres realmente fantásticos, en su diseño y en su naturaleza.

Otro tanto ocurre con el sonido. La banda sonora, plagada de piano y cuerda, aunque corta como el propio juego, está muy cuidada y tiene ese toque mágico y a la par entrañable que hace que no te desquicies por no resolver los acertijos imposibles.

Lástima que los efectos de sonido no hayan corrido la misma suerte, con una voz de Violett que parece un gato en celo y que rompe la atmósfera a cada dos clicks.

Sin solución

Es una lástima que un juego como este, con una estética tan cuidada y una más que buena banda sonora, falle en lo más importante, que son los puzles y la historia, casi nula.

Tiene detalles que hacen ver que la compañía lo ha tratado con mimo, incluso esta edición para Nintendo Switch viene con control para mando o pantalla táctil, recomendable siempre este último. Además, su precio de 9,99 € puede ser atractivo para algunos, pero siempre que se tenga en cuenta que trae numerosos fallos y que será fácil atascarse. Aun con eso, no es un juego excesivamente largo, menos todavía para tratarse de una aventura gráfica, aunque al final sea más un juego de puzles.