Después de crear The Binding of Isaac y participar en Super Meat Boy, Edmund McMillen vuelve a apostar por una mezcla de ideas aparentemente incompatibles con Mewgenics. Junto a Tyler Glaiel, responsable de The End Is Nigh, construye un RPG táctico por turnos que combina combates estratégicos, gestión, roguelite y crianza genética de gatos. El resultado es tan extraño como profundo, y probablemente no exista una manera mejor de explicar qué es Mewgenics que decir que consiste en crear un ejército de gatos para enviarlo a luchar mientras intentamos conseguir una descendencia cada vez más preparada.
La aventura nos lleva hasta Boon County, donde gestionamos una casa llena de felinos. Desde allí seleccionamos a los gatos que formarán nuestro grupo, los equipamos y los enviamos a diferentes expediciones para conseguir experiencia, dinero, objetos y nuevos recursos. La peculiaridad está en que los gatos no son simples personajes intercambiables, sino criaturas con estadísticas, habilidades, rasgos y características genéticas que pueden transmitirse a las siguientes generaciones.
Es una idea que inicialmente puede parecer una simple excusa para hacer chistes con gatos, pero tarda muy poco en demostrar que es uno de los pilares de su propuesta. Mewgenics quiere que nos encariñemos con nuestros animales mientras, al mismo tiempo, los convertimos en piezas de un complejo sistema estratégico.
Una batalla puede cambiarlo todo
El combate es probablemente la parte más accesible de Mewgenics. Nuestro grupo puede estar formado por hasta cuatro gatos, cada uno perteneciente a una clase que determina buena parte de sus estadísticas. Tenemos desde luchadores, tanques o personajes especializados en ataques a distancia, pero también encontramos clases con funciones mucho más particulares como magos, clerigos o ladrones.
Los enfrentamientos se desarrollan por turnos sobre escenarios divididos en casillas. La posición importa tanto como las habilidades disponibles, ya que cada acción puede cambiar completamente la situación del combate. Los enemigos cuentan con patrones y capacidades diferentes, mientras que nuestro grupo puede combinar ataques, efectos, objetos y habilidades para crear sinergias.
La cantidad de posibilidades es enorme. El juego cuenta con más de 1.000 habilidades y alrededor de 900 objetos, por lo que dos grupos aparentemente similares pueden terminar funcionando de maneras completamente diferentes. Las propias características del escenario también pueden intervenir en las batallas, haciendo que el posicionamiento y la utilización del entorno tengan un peso considerable.
La estructura roguelite hace que perder una expedición forme parte del aprendizaje. Cada partida introduce nuevas combinaciones, enemigos y situaciones, mientras que nuestros gatos regresan a casa con experiencia, heridas o nuevas posibilidades para continuar progresando. No se trata simplemente de ganar cada batalla, sino de aprender a sacar partido de las circunstancias que nos ha tocado afrontar.
Esto genera algunos momentos especialmente tensos. Un combate aparentemente controlado puede complicarse en pocos turnos si subestimamos a un enemigo o utilizamos mal una habilidad. La variedad de enemigos es considerable y encontramos desde criaturas grotescas hasta enemigos completamente absurdos, una mezcla que encaja perfectamente con el humor característico de McMillen.
El verdadero juego está en la casa
Donde Mewgenics empieza realmente a diferenciarse de otros roguelites es cuando regresamos a casa. La derrota o la victoria de una expedición no son el final del proceso, sino una pieza más dentro de un sistema de gestión mucho mayor.
Nuestros gatos pueden crecer, adquirir experiencia y formar parte de futuras generaciones. Una vez terminamos una partida nuestros gatos se convierte en “jubilados” y no podemos volverlos a usar para otra partida. La crianza permite transmitir determinadas estadísticas, habilidades y rasgos, de modo que podemos intentar crear descendientes que compensen las debilidades de sus progenitores o potencien determinadas características. No siempre obtendremos exactamente el gato que buscamos, y ahí está parte de la gracia.
El sistema genético convierte cada nueva camada en una especie de apuesta. Podemos intentar construir una línea especializada para determinadas clases o simplemente experimentar para comprobar qué aparece. La incertidumbre es importante porque evita que la crianza se convierta en una simple pantalla de fabricación de personajes perfectos.
A medida que avanzamos también aparecen más información y herramientas para comprender a nuestros gatos. Sus características, relaciones, preferencias y otros rasgos tienen consecuencias sobre la gestión de la casa y sobre la posibilidad de crear determinadas combinaciones.
El resultado es un bucle que funciona de manera casi circular: combatimos para conseguir recursos, volvemos a casa, criamos nuevos gatos, preparamos otra expedición y regresamos al campo de batalla. Y cuando una generación deja de ser útil, podemos donarlos a distintos personajes que los adoptaran con sumo gusto.
Es aquí donde Mewgenics consigue que sus sistemas estén mucho más conectados de lo que parece durante las primeras horas. Lo que comienza como un simple juego táctico termina convirtiéndose en una gestión constante de recursos, habilidades, relaciones y genética.
Un caos controlado con ADN de roguelite
La estructura roguelite hace que la aventura tenga una enorme capacidad de repetición. Las expediciones presentan diferentes rutas y situaciones, y las decisiones tomadas durante cada recorrido pueden cambiar el resultado de una partida.
El juego no pretende que memoricemos una única estrategia válida. Al contrario, su filosofía consiste en experimentar y adaptarnos. Un gato que parecía poco interesante puede convertirse en una pieza fundamental después de conseguir determinadas habilidades, mientras que otro que parecía perfecto puede acabar siendo descartado cuando descubrimos que no encaja con nuestra composición.
Esta filosofía también afecta a la dificultad. Mewgenics puede ser bastante exigente y algunos combates castigan duramente los errores. La recuperación entre enfrentamientos no siempre resulta suficiente para compensar una mala decisión y es posible perder una expedición después de varios combates aparentemente controlados.
La sensación de progresión, sin embargo, consigue que la derrota no resulte necesariamente frustrante. Siempre hay algo que podemos aprender o modificar para nuestra siguiente expedición. La partida perdida se convierte en información para construir una mejor estrategia.
Su duración es otra de sus grandes virtudes. Los propios responsables hablan de una campaña principal de más de 200 horas, a lo que hay que sumar las posibilidades de experimentar con diferentes generaciones, clases y combinaciones. Eso sí, no estamos ante un juego pensado para quien busque una aventura lineal y sencilla. Mewgenics introduce sistemas constantemente y puede resultar abrumador cuando empezamos a manejar un número elevado de gatos.
El humor de McMillen no será para todos
Visualmente, Mewgenics utiliza dibujos bidimensionales sencillos, expresivos y deliberadamente grotescos. Los gatos son adorables en un momento y absolutamente desagradables al siguiente, mientras que los enemigos y escenarios siguen esa misma filosofía.
Es un estilo que encaja perfectamente con el ADN de Edmund McMillen. Quienes hayan jugado a The Binding of Isaac reconocerán rápidamente su particular sentido del humor, su gusto por lo grotesco y esa mezcla constante entre lo adorable y lo desagradable. El apartado sonoro mantiene una personalidad similar. La banda sonora para mi gusto es excelente y ayuda a acompañar tanto los combates como los momentos de gestión en casa.
No estamos ante una producción que busque impresionar mediante gráficos técnicamente complejos. Su personalidad artística es mucho más importante que su músculo visual, y eso hace que el juego pueda funcionar especialmente bien en una pantalla portátil.
El humor, sin embargo, puede generar opiniones muy diferentes. Las bromas escatológicas, el tono absurdo y determinadas situaciones relacionadas con la crianza forman parte esencial de la identidad del juego, pero no todo el mundo encontrará gracia en ellas. Es un aspecto que merece la pena tener en cuenta antes de entrar en su propuesta.
Una adaptación que encaja con Nintendo Switch 2
La versión de Nintendo Switch 2 cuenta con controles tradicionales con mando, pantalla táctil y funciones de ratón mediante los Joy-Con 2, una incorporación especialmente apropiada para un juego basado en seleccionar unidades, gestionar menús y movernos por diferentes elementos de la interfaz. Las funciones de ratón aun así, no funcionan tan bien como gustaría. La pantalla táctil en cambio, sí resulta especialmente útil en modo portátil.
Es una adaptación que aprovecha bastante bien las posibilidades de Switch 2 sin alterar la esencia de la experiencia. El resultado es especialmente interesante en portátil, donde la naturaleza pausada del combate y la gestión permite jugar durante sesiones cortas o largas según el momento. En cuanto al rendimiento, ofrece un port sólido en Nintendo Switch 2, con partidas fluidas y cargas muy rápidas tanto en portátil como en modo dock.
Un experimento felino con muchas vidas
Mewgenics es una de esas propuestas difíciles de resumir porque sus mejores ideas aparecen cuando todos sus sistemas empiezan a relacionarse. El combate táctico funciona por sí mismo, pero la crianza, la gestión de la casa y la progresión entre generaciones son las que convierten el conjunto en algo realmente particular.
Puede resultar excesivo, especialmente durante las primeras horas, y su humor grotesco no está diseñado para gustar a todo el mundo. La cantidad de información que debemos manejar aumenta progresivamente y algunas características de nuestros gatos no siempre quedan claras desde el principio.
A cambio, ofrece una profundidad enorme y una capacidad de experimentación poco habitual. Cada gato puede terminar teniendo una historia propia y cada generación abre nuevas posibilidades. La sensación de estar construyendo poco a poco nuestro propio ejército felino es el gran atractivo de la propuesta.
En Nintendo Switch 2 encuentra una adaptación especialmente apropiada para jugar en portátil, con pantalla táctil, controles de ratón y buenos tiempos de carga. Es, además, una experiencia que puede durar cientos de horas si queremos explorar todas sus posibilidades.
Mewgenics no es un juego para quienes busquen un RPG táctico convencional. Es más extraño, más caótico y mucho más obsesionado con sus sistemas. Precisamente por eso puede terminar convirtiéndose en uno de esos juegos que empiezas para probar durante media hora y acabas jugando durante meses.
Versión del juego analizada: Nintendo Switch 2 (1.1.21220)




