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Análisis de Valheim para Nintendo Switch 2

La supervivencia lleva años siendo uno de los géneros más populares dentro de los videojuegos, pero pocos títulos han sabido combinar sus diferentes elementos con la naturalidad de Valheim. Desarrollado por Iron Gate Studio y publicado por Coffee Stain, esta aventura nos lleva hasta un mundo inspirado en la mitología nórdica donde sobrevivir es solo el primer paso de un viaje mucho más grande.

En Valheim encarnamos a un guerrero vikingo muerto en combate, transportado por una valquiria hasta este décimo mundo creado por Odín como lugar de destierro. Allí habitan antiguos enemigos que podrían volver a amenazar el equilibrio de los diferentes mundos, por lo que nuestra misión consiste en sobrevivir, explorar sus biomas y acabar con sus poderosos jefes. La historia se cuenta principalmente a través de piedras rúnicas, personajes y descubrimientos durante la exploración, aunque cada derrota al jefe de la zona viene acompañada de pequeñas cinemáticas que muestran nuestro avance y nos orientan hacia la siguiente región.

Un bucle de supervivencia que engancha

El funcionamiento de Valheim puede resumirse en cuatro palabras: explorar, recolectar, fabricar y mejorar. Cada bioma cuenta con sus propios recursos y enemigos, por lo que nuestro objetivo consiste en conseguir los materiales necesarios para fabricar equipamiento cada vez más avanzado. Una vez preparados, llega el momento de enfrentarnos al jefe de la zona y, si conseguimos derrotarlo, encaminarnos hacia el siguiente bioma.

El proceso podría parecer repetitivo, pero nunca se siente exactamente igual. Los nuevos materiales permiten crear mejores armas, armaduras, herramientas y estaciones de fabricación, mientras que nuestra base va creciendo hasta convertirse en el centro de operaciones desde el que organizamos las siguientes expediciones. La progresión está perfectamente integrada en la exploración, haciendo que siempre exista algún motivo para adentrarnos un poco más en el mundo.

La construcción merece una mención especial. Podemos levantar una pequeña cabaña para resguardarnos o dedicar cientos de horas a crear enormes fortalezas, aldeas y auténticas megaconstrucciones. Las posibilidades son tan amplias que Valheim puede convertirse prácticamente en un juego de construcción por sí mismo para aquellos jugadores que disfruten de esta faceta.

La comida desempeña un papel curioso dentro de este sistema. No tenemos que comer para evitar morir de hambre, como ocurre en otros títulos de supervivencia. En su lugar, los alimentos modifican nuestras estadísticas de vida y resistencia, por lo que preparar una buena combinación antes de entrar en una zona peligrosa suele ser decisivo. Sus efectos van desapareciendo con el tiempo y tendremos que volver a comer si queremos mantener unas estadísticas adecuadas para combatir.

Cada bioma es una nueva aventura

La estructura de Valheim gira alrededor de sus diferentes biomas. Cada uno presenta nuevos materiales, enemigos, recursos y desafíos, obligándonos a adaptar nuestro equipamiento y nuestra forma de jugar. El mundo es enorme y su generación procedural hace que cada partida tenga una distribución diferente, algo que potencia todavía más esa sensación de estar explorando un territorio desconocido.

La navegación adquiere mucha importancia cuando empezamos a alejarnos de nuestra zona inicial. Llegado cierto punto tendremos que construir un barco y lanzarnos al océano para encontrar nuevas islas. Es uno de mis aspectos favoritos porque genera una sensación de libertad difícil de encontrar en otros juegos. Navegar sin saber exactamente qué vamos a encontrar al otro lado del horizonte tiene un encanto único.

También es uno de los puntos donde Valheim puede resultar más exigente. La exploración no siempre nos indica claramente hacia dónde tenemos que ir y podemos pasar bastante tiempo buscando el siguiente bioma. Para algunos jugadores esto puede ser frustrante, pero personalmente creo que forma parte de su encanto. No estamos siguiendo constantemente un marcador que nos dice cuál es nuestro siguiente objetivo.

Los portales ayudan a reducir los desplazamientos. Podemos construirlos y conectarlos para crear una red de viajes rápidos entre diferentes puntos del mapa. Eso sí, existen restricciones sobre qué recursos pueden atravesarlos, por lo que los barcos siguen teniendo una importancia real durante la progresión, al poder usarlos como bancos de almacenamiento.

El problema aparece cuando morimos lejos de casa. Con la configuración predeterminada perdemos nuestro equipamiento y tenemos que regresar hasta el lugar de nuestra muerte para recuperarlo. Si hemos caído en un territorio especialmente peligroso o a kilómetros de nuestro punto de reaparición, recuperar el inventario puede convertirse en una auténtica pesadilla.

Un combate sencillo que exige preparación

El combate de Valheim apuesta por un sistema de acción directo basado en ataques, esquivas, bloqueos y gestión de la resistencia. Cada arma tiene sus características y movimientos, desde las armas de una mano acompañadas por escudos hasta las de dos manos, pasando por arcos, ballestas y bastones mágicos.

El escudo permite bloquear ataques y realizar parries que dejan al enemigo vulnerable, mientras que el sigilo ofrece la posibilidad de sorprender a determinados enemigos y causarles un daño considerable. No estamos ante un sistema tan elaborado como el de un soulslike, pero aprender los patrones de los enemigos y atacar en el momento adecuado resulta fundamental, especialmente contra los jefes.

La preparación es casi tan importante como nuestra habilidad. Llegar a un enfrentamiento con un arma adecuada, una armadura mejorada, comida suficiente y las pociones necesarias puede marcar la diferencia entre una victoria y una muerte rápida.

La variedad de enemigos es bastante buena y cada bioma cuenta con criaturas propias. Incluso la fauna cambia dependiendo de la región, haciendo que el mundo resulte más creíble y obligándonos a aprender qué peligros podemos encontrar en cada territorio.

Eso sí, aquí aparece uno de los aspectos que menos me han gustado. En ocasiones la cantidad de enemigos resulta excesiva, especialmente cuando varios grupos terminan detectándonos al mismo tiempo. El sistema de aggro puede ser demasiado agresivo y algunas criaturas nos detectan desde una distancia considerable. Esto genera situaciones en las que varios enemigos pueden acabar con nosotros en cuestión de segundos y la única opción razonable es salir corriendo. El problema es que escapar tampoco siempre funciona, ya que algunos enemigos tardan demasiado en perder el interés por su presa.

La libertad de perderse

Esta es probablemente la característica que mejor define mi experiencia con Valheim. El juego no tiene reparos en dejarte solo frente a un mundo gigantesco y decirte, básicamente, que te las apañes para descubrir qué hay más allá.

Eso puede generar momentos maravillosos. Explorar una zona desconocida, encontrar un nuevo recurso o descubrir una isla mientras navegamos son situaciones que difícilmente se pueden reproducir siguiendo una ruta prefijada. La aventura nace de nuestras propias decisiones y de la curiosidad por ver qué encontraremos después.

Al mismo tiempo, esa libertad puede hacer que algunos jugadores se sientan perdidos. No siempre resulta evidente cuál debería ser nuestro siguiente objetivo y en determinados momentos podemos invertir bastante tiempo simplemente recorriendo el mapa. Personalmente es una de las cosas que más me han gustado, aunque entiendo perfectamente que pueda convertirse en una barrera para otros jugadores.

Todo cambia cuando jugamos con amigos. Valheim es divertido en solitario, pero el cooperativo es donde realmente alcanza su mejor versión. Construir una base entre varios, salir a explorar juntos, navegar sin saber qué encontraremos o simplemente perder el tiempo haciendo cualquier cosa convierte muchas situaciones aparentemente normales en recuerdos que terminan quedándose con nosotros.

La posibilidad de jugar hasta diez personas hace que el mundo se preste especialmente bien a este tipo de experiencias. La sensación de estar formando un pequeño grupo vikingo que va conquistando poco a poco nuevos territorios es uno de los mayores atractivos de la propuesta.

Una adaptación que aprovecha las posibilidades de Switch 2

La versión para Nintendo Switch 2 incluye diferentes opciones gráficas para adaptar la experiencia a nuestras preferencias. El Modo Rendimiento busca alcanzar los 60 fps, utilizando resolución dinámica, mientras que el Modo Equilibrado ofrece un objetivo de 40 fps a 120 Hz. Por último, el Modo Alta Calidad fija el objetivo en 30 fps y prioriza elementos como sombras, terreno e iluminación.

En sobremesa, el resultado es bastante satisfactorio. La imagen mantiene una buena calidad y la estabilidad general es correcta, aunque pueden producirse algunos tirones, especialmente cuando entramos en zonas nuevas y el mundo tiene que terminar de generarse. Una vez estamos en áreas que ya han sido cargadas, la experiencia resulta bastante más estable.

En portátil la situación empeora. La imagen pierde nitidez debido a la resolución dinámica y el rendimiento suele moverse alrededor de los 30-40 fps. La distancia de dibujado tampoco es especialmente elevada, aunque no llega a convertirse en un problema grave durante la partida.

Los controles han recibido una adaptación bastante completa. Tenemos modo ratón, que facilita especialmente la gestión del inventario y la construcción, pantalla táctil para interactuar con los menús e inventario y giroscopio para mover la cámara. La vibración HD también tiene presencia y se aprecia especialmente al talar, minar o recibir golpes durante los combates.

Un apartado artístico con mucha personalidad

Visualmente, Valheim no pretende competir en cantidad de polígonos o realismo. Su propuesta se basa en modelos de baja resolución y texturas sencillas que forman parte de su identidad artística. Lo que podría parecer una limitación termina funcionando a su favor, porque el juego tiene una personalidad visual muy marcada.

Los biomas están claramente diferenciados y la iluminación, la niebla y los cambios meteorológicos contribuyen enormemente a crear atmósfera. El juego luce especialmente bien durante el día, cuando la iluminación permite apreciar mejor los paisajes. Las noches, en cambio, pueden resultar excesivamente oscuras y hacen que el apartado gráfico pierda parte de su atractivo.

La banda sonora adopta un enfoque principalmente ambiental. Las melodías acompañan nuestras expediciones sin intentar robar protagonismo a la exploración, mientras que los momentos de combate elevan la intensidad. Los efectos de sonido completan muy bien la ambientación, desde el viento hasta nuestros pasos sobre diferentes superficies.

No es un juego que necesite grandes artificios audiovisuales para funcionar. Su principal virtud es conseguir que quieras estar dentro de ese mundo, ya sea construyendo una casa junto al mar o navegando durante horas sin saber qué encontrarás.

Una aventura enorme para disfrutar con amigos

Completar la historia principal puede llevar 100 horas o incluso más, dependiendo de nuestra habilidad, del número de jugadores y del tiempo que dediquemos a construir y explorar. Y precisamente ahí está su mayor virtud: realmente no existe una única manera correcta de jugar. Podemos centrarnos en avanzar por los biomas, construir una enorme base, explorar cada rincón del mapa o simplemente reunirnos con amigos y ver qué ocurre durante nuestra siguiente expedición.

Su mayor problema es que puede ser demasiado punitivo, especialmente por la pérdida de equipamiento tras morir y por unos enemigos que en ocasiones parecen tener demasiado interés en acabar con nosotros. Los tirones durante la generación de nuevas zonas tampoco son ideales, aunque no empañan demasiado la experiencia general.

Valheim es una recomendación clara para los aficionados a la supervivencia, la exploración y la construcción, y especialmente para quienes tengan un grupo de amigos con el que compartir la aventura. Si buscas algo relajado y sin castigos, no es la mejor opción, aunque los parámetros de la partida permiten modificar buena parte de su dificultad.

Versión del juego analizada: Nintendo Switch 2 (1.0.4)

Resumen
Valheim ofrece una enorme aventura de supervivencia donde explorar, construir y combatir resulta especialmente satisfactorio en compañía, aunque su dificultad y algunos problemas técnicos pueden pasar factura.
Bueno
  • Gran libertad de exploración y construcción.
  • Excelente experiencia cooperativa.
  • Bucle de progresión muy satisfactorio.
Mal
  • Sistema de aggro demasiado duro en algunos momentos.
  • La muerte puede resultar excesivamente punitiva.
  • Tirones durante la generación de nuevas zonas.
8
Notable
Escrito por
Nací con una nes bajo el brazo. Fan de los de Kyoto desde chiquitillo

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