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Análisis de Ni no Kuni: La Ira de la Bruja Blanca

Ni no Kuni: La Ira de la Bruja Blanca es fruto de una gloriosa colaboración entre la famosa desarrolladora Level 5, conocida por sus juegos de rol y la saga del profesor Layton, y Studio Ghibli, responsables de Mi vecino Totoro, El viaje de Chihiro y La Tumba de las Luciérnagas entre otras obras de arte de la animación japonesa. Hoy podemos disfrutarlo en nuestras Nintendo Switch, siendo una versión clavadita a la original de PS3, aunque ya os aseguro que eso no le resta ni un ápice de su encanto. Descúbrelo con nosotros.

Entre dos mundos

En Ni no Kuni encarnamos el papel de Oliver, un niño muy especial que parece destinado a derrotar a la bruja Blanca que asola el mundo de Ni no Kuni, con la particularidad de que ese niño no es oriundo de ese lugar, sino de nuestro mundo. De esta forma, animado por el duende Drippy, su fiel escudero, se embarcará en una aventura para derrotar al mago Shadar. Porque claro, aunque nosotros la veamos en el título y en la mismísma animación del principio, los protagonistas no tienen ni idea de que la Bruja Blanca maneja el cotarro, y que Shadar, en principio, no es más que un súbdito… Y muchas otras cosas que os animo a que descubráis jugándolo por vuestra cuenta.

En cualquier caso, la aventura transcurre entre los dos mundos. Oliver consigue una varita y el vademécum del mago, lo que despierta sus poderes mágicos y lo transforma en un mago capaz de hacer portales y viajar desde su pueblo Motorville hasta el mundo de Ni no Kuni y vice versa. Ambos mundos están conectados y cada habitante de uno tiene su alma gemela en el otro, por lo que para avanzar en la historia habrá que resolver los problemas de ambos lugares.

En el mundo de Ni no Kuni el mago Shadar aterra a sus habitantes robándoles trozos de corazón y volviéndolos así descorazonados. Una de nuestras misiones es emplear la magia para guardar trozos de corazón de gente que rebose una virtud particular (como entusiasmo o bondad) y entregársela al pobre descorazonado al que le ha sido arrebatada.

El festival del tutorial

Claro que, antes de ponernos manos a la obra, tendremos que superar el principio del juego. Ni no Kuni es un juego que tiene una animación inicial de unos 40 minutos, con dos pausas para que puedas grabar la partida. ¡40 minutos tarda en arrancar! Y, cuando lo hace, a cada paso Drippy nos interrumpe para enseñarnos un tutorial. Hay tutoriales hasta de mover la cámara o comprar objetos en una tienda. Pasarán unas dos horas hasta que el ritmo de tutoriales por minuto decaiga lo suficiente como para poder disfrutar del juego. A partir de ahí, Ni no Kuni es todo magia y diversión.

Aun así, a la lentitud de los tutoriales se suma la propia lentitud del personaje a la hora de desplazarse o incluso rotar las cámaras. A través de las misiones podemos desbloquear algunas acciones o ventajas, entre ellas mejorar una velocidad que ya debería ser más alta de por sí. De hecho, a los enemigos en teoría puedes pillarlos por la espalda, pero la diferencia de velocidad es tan grande que, en mundo abierto, es prácticamente imposible conseguirlo. En espacios cerrados aprovechando esquinas, en cambio, alguna vez podrás hacer una emboscada.

Únimos, ¡al ataque!

En Ni no Kuni tomamos el control de Oliver y sus amigos, sí, pero cada uno de estos puede a su vez invocar a unos espíritus conocidos como únimos para que peleen por él. El humano y sus únimos comparten puntos de vida y magia, pero cada uno tiene unas estadísticas y nivel diferentes. Los únimos, por su lado, no pueden pelear eternamente sino que disponen de un tiempo limitado, que se recarga mientras están fuera de combate en espera. Cabe destacar que los humanos son mucho más endebles que los únimos, pero tienen acceso a acciones especiales como usar objetos o domesticar otros únimos.

Una de las cosas más interesantes de los únimos es, precisamente, que en realidad son bestias domesticadas y, a partir de cierto momento en la historia, podremos capturar e incluso evolucionarlas una vez que llegan a cierto nivel. Por desgracia, siempre empiezan en nivel 1, resultando bastante débiles, pero en un par de combates se ponen a la altura. Podemos llevar 3 únimos por humano y 3 en la reserva, teniendo la opción de guardar hasta 400 en un punto cerca de posadas y puntos de guardado.

El sistema de combate es bastante entretenido, pero la inteligencia artificial de los aliados resulta bastante desconcertante. Ni no Kuni es un juego relativamente complicado, y hay que ir con cuidado para no caer derrotado. Un cuidado que tendremos nosotros, pero no nuestros aliados. Nuestros compañeros serán capaces de agotar toda su magia en tiempo récord y no tener ningún cuidado por su cantidad de vida. Realmente, para poder hacer uso del sistema de únimos hay que tener muy en cuenta el ataque y la defensa de estos, para alternar consecuentemente entre ellos y nuestro humano. Por desgracia, nuestros aliados no lo tienen en cuenta y eso hace que mueran con una facilidad pasmosa, hasta en los combates más simples. Y, claro, los combates más complejos al final será como jugarlos solo con el personaje principal, porque los aliados habrán caido en los primeros compases de la batalla.

Durante el combate, de vez en cuando aparecen esferas verdes o azules para recuperar vida o energía, o incluso una dorada para realizar un ataque especial. Podemos mover a nuestro personaje siempre que no esté realizando una acción y conseguir las esferas. El problema es que las acciones discurren en un espacio de tiempo. Tu le indicas al únimo que ataque y aparece un reloj azul. Mientras dura, el personaje ataca sin parar. Podemos cancelar la acción, pero tendremos que dejar un tiempo de refresco antes de poder volver a usarla.

Además, los enemigos de vez en cuando realizan ataques devastadores, que podemos cancelar, esquivar o intentar bloquear. Una vez más, hay que ser muy rápido para poder realizar estas cosas con éxito, en un sistema de batalla que no es precisamente de los más rápidos. También podemos realizar contrataques, pero la ventana para hacerlos es muy escasa. Un sistema interesante pero imperfecto, hasta tal punto que fue descartado totalmente en su secuela (siendo este prácticamente el único punto en el que Ni no kuni II es mejor que Ni no Kuni). De hecho, probablemente sea el punto más flojo del juego con diferencia y lastra de forma notable el resultado final, especialmente por culpa de la inteligencia artificial de los aliados.

La magia de Studio Ghibli

Si algo destaca de Ni no Kuni es la implicación de Studio Ghibli en su desarrollo, que se nota ya desde el principio (que parece un mediometraje de 40 minutos más que un videojuego). Además, la batuta de Joe Hisaishi insufla vida a todo el conjunto, con una banda sonora espectacular a juego con el imponente acabado visual. Es cierto que no es la versión Remastered, pero si lo juegas en portátil ni lo vas a notar. Y, aun así, por el tipo de juego que es el apartado gráfico no se resiente en absoluto de su antigüedad.

Además, Ni no Kuni está en castellano, con las voces en inglés o japonés, y una traducción muy cuidada. Más le vale, con la cantidad de tutoriales y textos que tiene. Destaca como curiosidad el Vademécum del mago, que es una especie de libro súper cuidado accesible desde el menú. Fue publicado con la edición especial de PS3, ¡y no me extraña! Tiene una gran cantidad de detalles que añaden profundidad al mundo de Ni no Kuni.

En definitiva, Ni no Kuni es un título fantástico, que ha salido una semana antes que Dragon Quest XI para competir con él, pero que si te gustan los RPG lo que deberías es hacerte con los dos. El juego de Level 5 te atrapará durante un buen puñado de horas y te sumerjerá en un mundo de fantasía. Una lástima la cantidad excesiva de tutoriales, la lentitud tanto del desarrollo como del movimiento de los personajes y la mejorable inteligencia de nuestros acompañantes en el combate, que empeora mucho el resultado final. Aun así ninguna de estas pegas hace que esta obra maestra deje de brillar con luz propia, a pesar de que pudo haber sido todavía mejor.

Resumen
Una obra maestra atemporal, lastrada por la lentitud de su desarrollo y la inteligencia artificial de los aliados. Todo lo demás es pura magia y diversión, con todo el oficio de Level 5 y el encanto de Studi Ghibli, aderezado por una espectacular banda sonora de Joe Hisaishi.
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Notable
Escrito por
Compositor, aficionado a los videojuegos y colaborador en Revogamers desde casi sus inicios. Mi tarea en la web es coordinar análisis, impresiones y artículos, así como ejercer de redactor y procurar que haya contenido todos los días.

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