El perezoso gato anaranjado vuelve a los videojuegos con Garfield: Escape from Monday, una aventura de plataformas 3D desarrollada por OSome Studio y publicada por Microids, muy metidos en esto de productos licenciados. Una propuesta claramente dirigida al público juvenil que aprovecha el carácter del gato creado por Jim Davis para construir un viaje tan colorido como sencillo. Y, por suerte, llega completamente doblado al castellano, un detalle especialmente de agradecer cuando tenemos delante un juego pensado para los más pequeños de la casa.
Garfield se ríe del videojuego
La historia lleva a Garfield a un mundo de pesadilla después de probar una lasaña de espinacas, obligándole a recorrer diferentes escenarios para recuperar su sentido del gusto. El argumento es una excusa perfecta para desplegar el habitual humor del personaje, pero lo más interesante está en cómo el juego no deja de mirar hacia el propio medio. Garfield rompe constantemente la cuarta pared, lanzando indirectas a los clichés de los videojuegos mientras él mismo los utiliza, con comentarios sobre enemigos, plataformas, objetivos y situaciones que todos hemos vivido en algún que otro juego.
Jugablemente estamos ante un plataformas 3D eficaz y sin demasiadas complicaciones que bebe claramente de los clásicos del género. Los escenarios flotantes tienen cierta verticalidad y las posibilidades de movimiento de Garfield permiten saltar, rebotar por las paredes o hacer saltos con impulso, recordando inevitablemente a los plataformas tridimensionales de Mario. Los distintos disfraces añaden variaciones en su arsenal de movimientos como desplazarnos por el agua, volar o utilizar un lazo para alcanzar determinadas zonas.

La temática es la comida. Y si, los coleccionables son comida.
El problema es que estas ideas apenas evolucionan durante la aventura. Las nuevas habilidades y disfraces aportan variedad, pero rara vez se combinan para crear situaciones realmente sorprendentes. Todo está planteado para que el jugador avance con facilidad y, aunque esto funciona perfectamente con los más pequeños, deja poco margen para que un jugador experimentado encuentre un desafío a la altura.
Y es precisamente ahí donde Garfield: Escape from Monday empieza a mostrar sus limitaciones. La dificultad es prácticamente testimonial, hasta el punto de que superar los niveles resulta en ocasiones menos interesante que buscar todos sus coleccionables. Los jefes finales deberían ser el momento en el que las habilidades aprendidas durante el juego alcanzasen su máximo potencial pero terminan siendo encuentros sencillos que evidencian la falta de ambición del diseño.

Los jefes de nivel no son los más inspirados del mundo.
Una lasaña con pocos ingredientes
La aventura cuenta con tres mundos y más de cuarenta niveles, los que supone unas seis horas de juego para completarlo junto a sus coleccionables. Estos sirven además para desbloquear elementos con los que personalizar la casa de Jon, una recompensa sencilla que anima a volver sobre algunos escenarios y nos distrae entre niveles aunque echemos en falta alguna opción que nos permita decorar realmente la casa y no solo completar su “puzle” de muebles.
Porque Garfield: Escape from Monday tiene una virtud importante: nunca intenta ser algo que no es. Es accesible, colorido, sencillo de controlar y está lleno de pequeñas bromas que buscan arrancar una sonrisa. El doblaje castellano ayuda mucho en este sentido, especialmente porque las intervenciones de sus protagonistas están presentes durante la aventura y permiten que los más pequeños puedan seguir los diálogos sin depender de los subtítulos como ya ocurría con su Garfiled Lasagna Party, la apuesta multijugador del felino.

Los disfraces aportan nuevas posibilidades de juego.
Sin embargo, cuesta no pensar en lo que podría haber sido con algo más de inspiración. Los Pitufos – Dreams demostró que una licencia destinada también al público infantil podía ofrecer mucho más, con escenarios imaginativos, mecánicas que cambiaban de un sueño a otro, diferentes tipos de desafíos e incluso una propuesta cooperativa. Garfield: Escape from Monday toma referencias similares del género pero se conforma demasiado pronto y no se atreve con unas opciones multijugador que sin duda le harían mucho más recomendable.
Técnicamente cumple con su cometido y su estética colorida encaja bien con el universo de Garfield, aunque para no variar nos quedamos sin versión para Nintendo Switch 2 con la que poder ofrecer mayor nitidez de imagen y una tasa de fotogramas superior. Es un título que no lo hace ni bien ni mal y precisamente por eso cuesta encontrar algo que podamos recordar una vez terminada la última lasaña.

Odie no podía faltar en la aventura.