Los RPG independientes llevan años buscando su propio hueco entre la nostalgia y la reinvención. Algunos miran directamente a los clásicos japoneses, otros encuentran inspiración en propuestas más modernas y unos pocos optan por construir una identidad completamente propia. Deathbulge: Battle of the Bands mezcla humor absurdo, música, amistad y combates por turnos en una propuesta que inevitablemente recuerda a referentes como EarthBound, Undertale o incluso South Park: The Stick of Truth.
Un viaje absurdo hacia el fin del mundo
Desarrollado por Deathbulge, equipo que da nombre al juego, Deathbulge: Battle of the Bands nos presenta a tres amigos aficionados a la música cuya tranquila existencia se ve alterada cuando una amenaza imposible comienza a desmoronar la realidad tal y como la conocen. Lo que comienza como una excusa para participar en una competición entre bandas deriva poco a poco en una aventura delirante repleta de dimensiones extrañas, criaturas imposibles y personajes que parecen incapaces de tomarse demasiado en serio el inminente fin del mundo. La propuesta encuentra un equilibrio muy particular entre ese humor absurdo y la amistad del grupo, construyendo algo mucho más cercano de lo que parece a simple vista.
Desde sus primeros minutos, Deathbulge: Battle of the Bands deja claro que su principal objetivo es hacernos sonreír. Ya sea mediante diálogos, situaciones ridículas o personajes que parecen sacados series animadas de principios de los dos mil, el juego construye una identidad muy particular que no puede no convencer a todos. Eso sí, conviene señalar un aspecto importante: la aventura llega a Nintendo Switch únicamente con textos en inglés, sin localización al español ni a otros idiomas. Teniendo en cuenta el enorme peso que tienen los diálogos, los juegos de palabras y las referencias culturales, esta ausencia supone una barrera muy importante para los que decidan darle una oportunidad.

La vista isométrica nos parece un gran acierto para marcar su estética.
Bajo toda esa fachada desenfadada encontramos un RPG por turnos bastante tradicional. Exploramos escenarios de vista isométrica, hablamos con personajes, aceptamos encargos y participamos en combates donde el ritmo importa. Los enfrentamientos necesitan acciones rítmicas que potencian ataques o mejoran nuestras defensas, implicándonos ligeramente más durante las batallas y que recuerda en cierta medida a los RPG del fontanero de Nintendo como el último Mario & Luigi: Conexión Fraternal.
Algo interesante de Deathbulge: Battle of the Bands reside en la forma en la que distribuye las habilidades entre sus protagonistas. Cada miembro del grupo posee movimientos específicos orientados al daño, el apoyo o el control del combate, obligándonos a gestionar recursos y pensar qué acciones utilizar en cada situación. No alcanza la profundidad estratégica de otros grandes exponentes del género, pero tampoco lo pretende. La propuesta apuesta por la accesibilidad y la fluidez, algo coherente con el tono ligero y gamberro que mantiene durante prácticamente toda la aventura.

Los combates son ligeros y con acciones rítmicas.
Garabatos, punk rock y mucha personalidad
Es una lástima que la experiencia presenta algunos altibajos en cuanto a ritmo durante su docena de horas de juego. Hay momentos donde los diálogos, la exploración y los enfrentamientos fluyen con naturalidad, mientras que otros se alargan algo más de la cuenta y transmiten cierta sensación de reiteración. Las mecánicas introducen novedades de manera progresiva, pero quizá no evolucionan tanto como cabría esperar conforme avanzan las horas. No llega a hacerse pesada, aunque sí deja la impresión de que algunas situaciones habrían ganado fuerza con un desarrollo algo más condensado y quizá menos básico en lo jugable, dejando demasiada importancia al texto y su humor, algo con lo que uno debe conectar.
Eso sí, visualmente, Deathbulge: Battle of the Bands apuesta por una estética deliberadamente desaliñada que parece sacada directamente de los márgenes de un cuaderno del instituto muy identificativa. Sus personajes presentan diseños exagerados y expresivos, con ilustraciones que evocan garabatos hechos durante una clase aburrida, pegatinas mal recortadas y dibujos improvisados con rotulador. Hay algo de cómic underground y mucho de esa cultura skater y punk que inundó videojuegos, videoclips y revistas a finales de los noventa. Incluso recuerda, salvando las distancias, a la personalidad visual que proponía SSX On Tour en su interfaz, donde los collages, los trazos a mano y los recortes formaban parte esencial de su identidad.

Hay mucho texto, mucho humor…. y mucho inglés.
Esa identidad se traslada también al apartado sonoro, probablemente uno de los elementos más importantes del juego. Al fin y al cabo, estamos ante una aventura protagonizada por una banda de música, y la banda sonora entiende perfectamente cuál debe ser su papel. Las composiciones se mueven entre el punk rock melódico y el rock alternativo, con guitarras distorsionadas, y melodías que transmiten esa sensación de juventud despreocupada y ligeramente irreverente. Resulta difícil no acordarse de grupos como Blink-182, Sum 41, The Offspring o el lado más desenfadado de Green Day mientras recorremos sus escenarios y combatimos. Puede que ninguna de sus canciones vaya a instalarse para siempre en nuestra cabeza, pero sí acompañan con acierto y refuerzan el tono de la propuesta.
Y es precisamente ahí donde Deathbulge: Battle of the Bands encuentra su mayor virtud. No siempre afina todas sus notas. Hay chistes que funcionan mejor que otros, algunas situaciones se alargan más de la cuenta y sus sistemas no evolucionan tanto como podrían . Pero cuando abraza sin complejos esa energía de banda de garaje, ese espíritu punk adolescente y esa forma de reírse del mundo sin perder del todo la sinceridad, consigue algo que muchos juegos no pueden decir: tener una voz propia. Quizá pueda ser difícil conectar con su humor, su aspecto y puede que incluso con una base jugable quizá demasiado convencional, pero tiene un aroma tan particular que le hace no pasar desapercibido.

Todo comienza con una simple batalla de bandas… pero va mucho más allá.
Versión analizada: Nintendo Switch (2.0.0) jugada en NIntendo Switch 2