Hubo un tiempo en el que, al hablar de juegos de acción y tremendamente difíciles pero nunca imposibles de superar, los cuales requerían de toda nuestra atención y reflejos, inmediatamente nos venía el Team Ninja a la cabeza, con sus Ninja Gaiden como máximos exponentes del género hack and slash.
Pero llegó FromSoftware con sus Souls y ya sabemos lo que ocurrió entonces: todo el mundo se propuso copiar la fórmula. Hay quienes lo hicieron con mayor fortuna, ahí tenemos a Lies of P, y quienes, la mayoría, fracasaron estrepitosamente en su intento; Wo Long: Fallen Dynasty está en un punto intermedio, y es de los pocos.
Y es que el título de los también responsables de Nioh, del que bebe en algunos aspectos como las invocaciones de los espíritus guardianes, aquí llamadas bestias divinas, o ese looteo (recolectar materiales) excesivo y muchas veces innecesario, consigue diferenciarse del resto para bien en muchas ocasiones, aunque no acabó de brillar en su momento, y menos ahora en su conversión a Nintendo Switch 2.
La mejor defensa…
Pero si algo funciona en Wo Long es su sistema de combate, y lo hace precisamente porque Team Ninja decidió no limitarse a copiar lo que habían hecho Miyazaki y su equipo. Aquí no tenemos una barra de resistencia que nos obligue a medir cada golpe, esquiva o bloqueo, sino un sistema de espíritu que premia la agresividad y, sobre todo, que nos obliga a aprender a hacer desvíos perfectos. Podemos atacar, defendernos y movernos con bastante libertad, pero si queremos salir airosos de los enfrentamientos más complicados tendremos que dominar el parry.
Y digo dominar porque hay jefes contra los que parece que da absolutamente igual el nivel que tengamos, las armas que llevemos o lo bien equipada que esté nuestra armadura. Al final todo se reduce a conocer sus movimientos y pulsar el botón en el momento adecuado. Es satisfactorio cuando sale bien, no cabe duda, pero también provoca unos picos de dificultad bastante elevados que pueden resultar frustrantes.
De hecho, subir de nivel tiene menos repercusión de la que debería. Podemos mejorar diferentes virtudes para potenciar aspectos concretos del personaje, pero la sensación que queda después de varias horas es que no estamos ante un RPG en el que nuestra progresión vaya a solucionar por sí misma los problemas que encontremos. El sistema de moral también juega un papel importante, ya que cada fase comienza con nosotros en una posición relativamente débil y podemos aumentar nuestro rango derrotando enemigos y encontrando banderas de batalla. Cuanto mayor sea nuestra moral, mejores serán nuestras posibilidades de sobrevivir, aunque morir también nos hará perder parte de ella.
Mucho que hacer en los Tres Reinos
Esto hace que explorar tenga cierto sentido, más allá de encontrar objetos que, en muchas ocasiones, terminaremos ignorando. Y aquí volvemos a uno de los problemas de Wo Long: hay demasiado equipo. Muchísimo. Armas, armaduras y otros objetos aparecen constantemente, hasta el punto de que llega un momento en el que dejaremos de recogerlos.
La historia, aunque no nueva, sí es al menos otro de sus puntos fuertes. Wo Long se ambienta durante la caída de la dinastía Han y utiliza como escenario el periodo de los Tres Reinos, por lo que aparecen numerosos personajes históricos que los aficionados a otros títulos, pues son muchos los que han usado esta época, reconocerán enseguida. Sin embargo, nuestro protagonista es poco más que un avatar que se dedica a avanzar de batalla en batalla mientras personajes mucho más conocidos entran y salen de escena. El juego nos ofrece muchas caras y nombres, pero pocas razones para preocuparnos realmente por ellos.
Y es una pena, porque la mezcla entre fantasía, historia china y elementos sobrenaturales podría haber dado mucho más de sí. Hay demonios y criaturas de todo tipo capaces de hacérselas pasar canutas a cualquiera, pero el argumento funciona principalmente como excusa para llevarnos hasta el siguiente enfrentamiento. Si venimos de, por ejemplo, Elden Ring, también recién lanzado en la consola, echaremos especialmente de menos esa sensación de estar descubriendo un mundo que esconde algo detrás de cada rincón; y si venimos de Onimusha: Way of the Sword, otro recién llegado a la máquina, nos encontraremos con personajes, incluido el nuestro, olvidables.
También cuesta empatizar con los secundarios, algo en lo que recuerda bastante a Dynasty Warriors, por citar otro juego de acción ambientado asimismo en los Tres Reinos de China. Están ahí, nos ayudan, podemos incluso llevarlos con nosotros durante las fases y mejorar nuestra relación con ellos, pero cuesta que alguno llegue a dejar huella. Y eso hace que la campaña tenga un carácter mucho más funcional que narrativo.
Sabe a lo que va
Las fases son relativamente lineales, pero esconden banderas y pequeños caminos secundarios que merece la pena buscar para elevar nuestra moral antes de enfrentarnos al jefe. Hay una progresión bastante clara y, aunque no estamos ante un mundo abierto ni pretende serlo, tampoco se limita a colocarnos delante de una sucesión de pasillos sin nada que descubrir.
El problema es que la variedad termina resintiéndose. Después de varias horas empiezas a tener la sensación de que muchas situaciones se parecen demasiado entre sí, algo especialmente evidente en los enemigos normales. Los jefes sí ofrecen enfrentamientos más interesantes y variados, pero incluso ahí el juego termina recurriendo demasiado a su mecánica estrella: aprender a desviar ataques hasta encontrar el momento adecuado para hacer daño de verdad.
La versión de la híbrida
Llegamos así a la versión para Nintendo Switch 2, que es donde esta Complete Edition sale peor parada. Sobre el papel estamos ante una edición bastante completa, ya que incluye el juego original y sus tres grandes expansiones, además del contenido adicional publicado posteriormente. Es, por tanto, una buena manera de acceder a todo Wo Long de una sola vez. El problema es que la conversión no está a la altura de lo que cabría esperar de la consola.
En modo sobremesa tenemos dos opciones: priorizar resolución o priorizar tasa de imágenes por segundo. La primera ofrece una imagen algo más limpia y busca moverse alrededor de los 30 fps, mientras que la segunda sacrifica mucha calidad de imagen para intentar acercarse a los 60 fps. El problema es que ninguna termina de convencer. El modo de resolución puede presentar problemas de estabilidad y una respuesta menos inmediata, algo especialmente desafortunado en un juego en el que pulsar un botón unas décimas de segundo tarde puede significar recibir un golpe que nos mande al otro barrio.
Por eso el modo rendimiento es el que, a priori, tiene más sentido, aunque tampoco sea precisamente para presumir. La respuesta es mejor y el combate se beneficia claramente de una mayor fluidez, pero a cambio tenemos una imagen tremendamente borrosa. No es simplemente que se vea algo peor, es que en determinados momentos cuesta distinguir texturas, personajes y elementos del escenario con la claridad que deberíamos exigirle a una versión para una consola como la última de la Gran N.
Eso, hablando del modo sobremesa donde puede llegar a tener un pase aunque en ocasiones roce lo mínimo exigible y poco más; en portátil es bastante peor. Aquí no tenemos las mismas opciones de configuración y se apuesta por el modo de rendimiento, pero el resultado es uno de los juegos más borrosos que he tenido el dudoso placer de jugar en Nintendo Switch 2. Es como poner un juego de la Switch original en la 2 antes de que Nintendo se sacara de la manga el modo boost.
Ninja Theory es capaz de hacerlo mejor, no solo técnicamente
Es, en verdad, toda una lástima, porque debajo de todos estos problemas y si rascamos lo suficiente descubriremos un juego con un sistema de combate que funciona, con enfrentamientos contra jefes capaces de ponernos realmente a prueba y con una mezcla de ideas procedentes de otros juegos similares, cierto, pero que consigue tener personalidad propia; claro que sin alcanzar la excelencia, algo que sí esperamos ver en Wo Long 2: Wings of Ember, que llegará en 2027.
Por otra parte y aunque tiene buenas ideas, también cuenta con demasiadas situaciones repetitivas, una historia de la que cuesta acordarse y un sistema de progresión que parece más profundo de lo que realmente es. Aun así, cuando el combate encaja y conseguimos enlazar varios desvíos perfectos, sigue teniendo momentos realmente satisfactorios.
Además se suma el problema de que Nintendo Switch 2 necesitaba una versión mejor. Con otros juegos técnicamente mucho más exigentes demostrando que la consola puede ofrecer conversiones muy dignas, cuesta entender que Wo Long llegue con una imagen tan pobre y una estabilidad que tampoco termina de acompañar. Sin olvidar que ha llegado en un momento poco propicio en el calendario, con varios contendientes de corte similar superándole en casi todo.
Pero si ya les hemos sacado todo el jugo a éstos o si queremos empaparnos de un pedacito de historia antigua de China y creemos que la mejor defensa es siempre un buen ataque, Wo Long puede ofrecernos una buena cantidad de horas de entretenimiento.




