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Análisis de Castlevania: Belmont’s Curse

Castlevania: Belmont’s Curse llega a Nintendo Switch 2 de la mano de Evil Empire, responsables de las actualizaciones de Dead Cells y de The Rogue Prince of Persia. Es el resurgir de la franquicia de Konami después de años de silencio, volviendo al género al que ayudó a dar nombre. ¿Qué tal le sienta el relevo generacional?

Castlevania: Belmont’s Curse, el regreso del hijo pródigo

Castlevania: Belmont’s Curse es un plataformas en dos dimensiones de acción con componentes de juego de rol, lo que viene conociéndose como metroidvania (para sorpresa de nadie). Nos ponemos en la piel de Rose Belmont quien, junto a su padre Trevor, ha sido convocada a la ciudad de París por el obispo para investigar unos extraños acontecimientos.

Sin embargo, nada más separar los caminos la realidad se hace patente: París está desierta de humanos y solamente monstruos rondan las calles. Acompañada por las cartas del tarot que le dejó su madre al morir y una extraña maldición en el brazo, Rose se aventura para liberar a la ciudad francesa de su destino.

Comenzamos con una espada (el látigo lo conseguimos más tarde) y las cartas, así como la capacidad de saltar y deslizarnos. Conforme derrotemos jefes finales, descubriremos nuevas cartas del tarot que nos darán acceso a hechizos y habilidades especiales, como el látigo. También descubriremos armas y otros objetos en cofres esparcidos por todo el juego y, además, podremos romper todos los postes de luz, marca de la casa. También tenemos a nuestra disposición pociones para curarnos.

Clásico, pero no

Castlevania: Belmont’s Curse propone así una jugabilidad clásica, que se va expandiendo conforme avanzamos por el intrincado mapa del juego. Está dividido en diversas zonas, pero cada una de ellas es a su vez un laberinto lleno de secretos, atajos y enemigos por doquier. Una lástima que la progresión del juego sea absolutamente lineal y los desvíos simplemente sirvan para encontrar equipo o mejoras.

Por otro lado, nos pone a prueba constantemente con puzles de plataformas, en los cuales debemos hacer uso de todas las habilidades para avanzar. Nunca he sido muy fan de este tipo de recursos, que vi por primera vez en Guacamelee!, ya que se me hacen muy artificiales. Pero en 2026 no hay un metroidvania que no abuse de esto.

Desentrañando las calles de París

Al principio, Castlevania: Belmont’s Curse es un pasillo que nos enseña a jugar y nos lleva al primer jefe. Encontraremos por el camino un espejo donde podemos curarnos, pero al hacerlo todos los enemigos derrotados volverán a aparecer. Pasaremos el espejo, sin muchas dificultades en los combates, y llegaremos al jefe. Un jefe que nos derrotará en dos o tres golpes. Y regresaremos al espejo, volviendo a tener que hacer todo el camino hasta el jefe (por suerte, siempre hay un sitio secreto cerca donde recuperar la vida).

La principal dificultad de los jefes radica en la cantidad de daño que hacen, apenas permitiendo errores. Sin embargo, mecánicamente son bastante repetitivos. Te aprendes el patrón, lo esquivas cuando toca y le pegas todo lo que puedas. Conforme vas desbloqueando habilidades se van haciendo más interesantes, pero de base el combate es bastante simple. Pasa también con los semijefes, que a veces pueden ser más desafiantes que algunos jefes.

Tratar de arreglar errores a través de un menú QoL – Quality of Life

Castlevania: Belmont’s Curse propone una serie de ajustes en la jugabilidad para mitigar estas decisiones en el diseño, como por ejemplo reaparecer en la puerta de los jefes o aumentar el número de pociones máximo (que no aumenta con el progreso del personaje, solamente mediante este menú o si tenemos la suerte de que algún enemigo o antorcha nos da pociones extra).

En lo personal, no me parece una solución adecuada. Los caminos desde el espejo al jefe son rutinarios, excesivamente largos y con poco interés. El único es que vas subiendo de nivel al derrotar nuevos enemigos, pero no compensa la caminata.

Además, si elegimos personalizar la jugabilidad y decirle al juego que, cuando caigamos ante un jefe, nos deje en la puerta del combate, también podremos elegir ir al último espejo visitado. No entiendo cómo es posible que no sea la opción por defecto y recomiendo encarecidamente activarla.

La espada y el tarot

En Castlevania: Belmont’s Curse, las magias, habilidades y combate están bien, pero ninguna destaca especialmente. Tienen opciones muy limitadas y a veces no son todo lo precisas que nos gustaría. El combate se vuelve rutinario (como los caminos de vuelta a los jefes). Divertido, pero monótono hasta cierto punto. Sobre todo al principio, cuando no tienes nada, ya que conforme consigues habilidades Castlevania: Belmont’s Curse se va volviendo cada vez más divertido. Pero a lo mejor tarda en llegar a ese punto lo mismo que tardarías en pasarte otros juegos.

No todo el mundo va a estar dispuesto a invertir una cantidad considerable de horas por una promesa a futuro que puede que no llegue, o no sea todo lo satisfactoria que esperaba. Las armas tienen cierta variedad, con efectos diversos y cuatro niveles de poder, pero las reliquias que desbloqueamos no aportan lo suficiente.

Los hechizos suben de nivel conforme superamos desafíos, como por ejemplo matar a cinco enemigos con el mismo lanzamiento de la cruz. Sin embargo, incluso los de lanzamiento no son direccionales, sino que van de frente siempre, lo que limita su versatilidad.

El látigo, un viejo conocido y lo mejor del juego

El látigo, que por un lado es lo mejor de Castlevania: Belmont’s Curse  por la movilidad que nos brinda, tanto en combate como explorando (nos permite engancharnos de los aros amarillos de balanceo y de los rosas de aproximación), tampoco está exento de problemas por la imprecisión que presenta.

Podemos orientar más o menos a dónde queremos que vaya el látigo, pero elige el objetivo automáticamente sin que sepamos de antemano cuál es. Cuando hay un aro o un enemigo, elige siempre al aro, lo que hace que seamos más vulnerables en el combate.

Esto es porque hay un ataque muy divertido y poderoso que se realiza cuando enganchamos con el látigo a un enemigo y le atacamos mientras nos dirigimos a él. También contamos con una especie de escudo, que solo funciona para hacer desvíos (no bloquea nada) y que, con cierta precisión, hace que los combates sean mucho más sencillos.

Además, fuera del combate tiene un uso totalmente distinto, para resolver puzles, que no está mal del todo y le da cierta frescura en los desafíos de plataformas. Como curiosidad, el látigo para engancharnos a aros y enemigos es diferente del látigo como arma de combate.

No es una trampa, es un misterio por resolver

Dejando de lado la jugabilidad, Castlevania: Belmont’s Curse nos propone una historia curiosa, aunque predecible y no especialmente bien narrada. Rose y Trevor reciben una carta sospechosa, que parece una trampa pero, como dice Trevor, si sabes que es una trampa, entonces no es una trampa sino un misterio por resolver.

Conforme vamos derrotando jefes se van sumando a nuestro repertorio de cartas y nos hablan de vez en cuando, haciendo progresar la historia. Conocemos a algún que otro personaje, pero menos de lo que sería normal y vamos desentrañando los misterios del juego. La historia es sosa, pero lo peor es que tiene demasiada presencia.

La música es una especie de rock vampírico, al estilo de los Castlevania. Es decir, es muy de sintetizadores, pero simulando una especie de estética barroca (a pesar de estar ambientado casi 300 años antes de esa estética), con toques de rock y heavy metal. No es mala y acompaña bien, pero es un poco machacona y puede no ser del gusto de todo el mundo. El doblaje al inglés es bueno, aunque los personajes son un poco sosos, especialmente la protagonista Rose Belmont.

La herencia visual de Netflix

A nivel visual, Castlevania: Belmont’s Curse es una de cal y otra de arena. Por un lado, los fondos son muy bonitos, siguiendo la estética de la serie de Netflix, de la cual este juego es secuela directa, y tienen una paleta de colores muy especial. Sin embargo, los modelos de los personajes se ven muy pixelados y sin contorno. La razón es sencilla, no existe una versión para Nintendo Switch 2, y la versión de Nintendo Switch no aprovecha las capacidades de la nueva híbrida.

Deberían de haber habilitado en el mismo juego los dos perfiles gráficos, como hace Super Mario Galaxy, pero no, la única mejora es que en Nintendo Switch va a 30fps y en Nintendo Switch 2 a 60fps. Por lo tanto, tenemos una versión claramente inferior en una máquina que podría perfectamente con ella. Y no está exenta, además, de algún error ocasional que cierre el juego repentinamente.

Así, estéticamente está bien, la paleta de colores tiene mucha personalidad y algunos diseños de personajes son bastante notables, pero a nivel técnico no da la talla. De hecho, de la versión de Nintendo Switch no hay ni tráiler, el que veis en este análisis no se corresponde con lo que luego es el juego. Fijaos en las capturas para ver cómo se ve en realidad.

Castlevania: Belmont’s Curse: Un regreso notable, pero accidentado

Castlevania: Belmont’s Curse es un título que seguro que apasionará a los más acérrimos fanes del género “metroidvania”, con un combate ágil y divertido cuando funciona bien. Sin embargo, tarda mucho en llegar al punto, los enfrentamientos pecan de ser rutinarios y, en general, es una experiencia de juego muy lineal. La historia es sosa y demasiado presente, aunque el diseño artístico tiene mucha personalidad. En definitiva, es un juego divertido si le das tiempo y, desde luego, merece la pena, incluso aunque no haya una versión nativa de Nintendo Switch 2.

versión analizada: 1.1.0

Resumen
Castlevania: Belmont's Curse es un título que seguro que apasionará a los más acérrimos fanes del género "metroidvania", con un combate ágil y divertido cuando funciona bien. Sin embargo, tarda mucho en llegar al punto, los enfrentamientos pecan de ser rutinarios y, en general, es una experiencia de juego muy lineal. La historia es sosa y demasiado presente, aunque el diseño artístico tiene mucha personalidad. En definitiva, es un juego divertido si le das tiempo y, desde luego, merece la pena, incluso aunque no haya una versión nativa de Nintendo Switch 2.
Bueno
  • El látigo, como herramienta, le da mucha vida
  • La atmósfera conseguida gracias a la paleta de colores
  • Las diferentes zonas son visualmente muy atractivas
Mal
  • No hay versión nativa de Nintendo Switch 2 y se nota
  • El combate es rutinario y la exploración es lineal
  • A veces es impreciso
7
Bueno
Escrito por
Escribo análisis de vez en cuando. Llevo haciéndolo desde los oscuros orígenes de la web, cuando por internet vagaban las hadas y los dragones y todo, todo, era mejor.

1 Comentario

  1. Este juego tiene de Castlevania solo el nombre, el resto es de un juego genérico de juego de móvil, sin ambición, sin mimo, tan inexpresivo que han tenido que meter colores saturados para que no se vea aún más plano, cero invitación al combate.
    Es soporífero.

    Responder

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