PSIBO es un título que no reinventa el género, pero que es capaz de recoger las dinámicas clásicas de los primeros arcades y combinarlos en un producto loco, ágil y que hará las delicias de los seguidores del género gracias a su dificultad y la sencillez de sus mecánicas.

En ocasiones los estudios más jóvenes y reducidos son capaces de “sacarles los colores” a las grandes empresas con productos de una calidad más que notable contando con unos presupuestos infinitamente menores. Este es el caso de Toxijuice, un desarrollador independiente que ha conseguido mezclar la jugabilidad de arcades tan clásicos como Breakout o Space Invaders y crear, sin embargo, un producto fresco y sencillo pero endiabladamente desafiante a la vez. PSIBO llega a la eShop de Wii U sin inventar nada nuevo, pero lo cierto es que no le hace falta, ya que ha sabido coger los mejores ingredientes arcade de aquí y allá para elaborar un producto que enamorará a los amantes de los juegos más clásicos de los 70 y 80.

PSIBO: El hijo ilegítimo de Breakout, Pong y Space Invaders.

Nuestro objetivo en PSIBO es destruir un muro de exágonos (similar a un panal) que se encuentra en la parte superior de la pantalla con la ayuda de una pala y una bola típicas de juegos como Breakout o Arkanoid. A simple vista puede parecer una tarea sencilla y dar la impresión de que nos encontramos con un clon más del clásico de Atari, sin embargo las mentes “perversas” detrás de PSIBO querían darnos muchos más quebraderos de cabeza.

Al igual que en los arcades ya mencionados, en PSIBO debemos evitar a toda costa que nuestra bola salga por la parte inferior de la pantalla, ya no solo porque perderíamos una de nuestras preciadas vidas, sino porque cada vez que una bola salga del entorno de juego, un enemigo aparecerá en pantalla para castigar aún más nuestra torpeza.

Es en este punto donde entra el componente más táctico de PSIBO, los enemigos que aparezcan cada vez que perdamos una bola comenzarán a atacarnos desde arriba como ya ocurría hace más de treinta años en Space Invaders o Galaga. Nosotros tampoco estaremos indefensos en este aspecto, ya que podemos disparar bolas extra (presionando el botón A) para destruir las naves enemigas y acelerar también la destrucción del muro. Además de estos refuerzos esporádicos, el muro cuenta con una última defensa, fija y prácticamente inexpugnable, una pala gemela pero opuesta a la nuestra que intentará (y habitualmente conseguirá) repeler nuestros ataques y devolvernos así la pelota para que volvamos a intentarlo de nuevo ¿alguien dijo Pong?

¡Destruye y evita que te destruyan!

En el modo principal del título, “modo sin fin”, el jugador debe enfrentarse a todas estas amenazas en una lucha sin cuartel para conseguir la mejor puntuación posible. En este modo los exágonos se regenerarán cada vez que acabemos con todos ellos y el nivel solo acabará cuando nos quedemos sin vidas. Con todas las premisas vistas anteriormente el jugador deberá elegir la mejor estrategia para deshacerse del muro, o bien optar por intentar engañar a la pala superior con una única esfera o bien disparar múltiples bolas, facilitando la destrucción de los hexágonos, pero exponiéndose también a una lluvia constante de disparos que aumentará más y más cada vez que perdamos una bola.
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En este modo tenemos toda una batería de opciones para facilitarnos (o amargarnos) aún más el camino hasta la mejor puntuación. Existen cinco niveles de dificultad diferentes que van desde fácil a, literalmente, imposible. Podemos modificar la velocidad de los ataques enemigos, sus movimientos y la cantidad de palas y portales rivales por la pantalla. También es posible modificar algunas estadísticas del jugador, como su salud máxima o la cantidad de bolas extra que podemos disparar y jugar a la vez.

El muro también es totalmente modificable en las opciones del juego, pudiendo cambiar tanto el número de filas como de columnas, así como la cantidad de golpes que hay que asestar a cada uno de los hexágonos que lo componen para poder eliminarlo. Cada opción que toquemos en el menú de opciones modifica el multiplicador de puntuación. Cuanto mayor sea el nivel de dificultad, la resistencia del muro o la velocidad y capacidad ofensiva de los enemigos, más rápido aumentará la puntuación.

Además de este modo existe también un segundo modo más clásico por pantallas. En este segundo modo de juego no es posible modificar las opciones de juego, ya que la dificultad va predefinida y se incrementa poco a poco a lo largo de 25 niveles. Estos niveles se subdividen en 5 áreas diferentes, cada 5 niveles que completemos nos enfrentaremos a un jefe de área antes de poder pasar a la siguiente. Tenemos pues un total de 30 niveles principales y un jefe extra en este modo de juego. En este segundo estilo tampoco veremos la distribución clásica del muro, sino que nos encontraremos con fases verticales y de composición muy variopinta, con hexágonos de diferentes tamaños, resistencias y formas, y que crean laberintos y trampas para complicar que las bolas que disparemos lleguen a su objetivo.

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Este modo de juego a priori es más atractivo que el “sin fin” pero lo cierto es que gran parte de su encanto se pierde al poder elegir el nivel que queramos jugar directamente desde el menú principal, pudiendo saltarnos aquellos niveles que nos resulten complicados sin ningún tipo de hándicap en las puntuaciones. Un modo similar pero con niveles desbloqueables hubiese sido la elección más acertada.

Una ración de luces de neón y melodías 8 bits.

Pasando ya a un apartado más técnico, PSIBO nos presenta un estilo artístico más que influenciado por los clásicos en los que se basa. Cuenta con un apartado técnico muy básico, todos los elementos en pantalla son figuras geométricas simples, pero dejan muy claro cuantos de estos elementos son propios y cuales son enemigos gracias a un gran contraste y luminosidad de los colores. Estos colores son la clave para que la jugabilidad no se vea afectada por la gran cantidad de elementos que pueden acumularse en pantalla y permiten al jugador situarse de manera bastante eficaz.

Mención aparte merecen las dos únicas melodías que presenta PSIBO, con una extraña mezcla entre la música electrónica y los tonos clásicos de 8 bits. Unas melodías muy acertadas, pero que no paran de repetirse una y otra vez durante todas las fases y menús del juego, hecho que acaba tarde o temprano por un “muteo” completo de la música. Cabe destacar también que PSIBO cuenta con integración directa con Miiverse pulsando automáticamente los botones L y R cuando queramos compartir una captura o una experiencia dentro del juego.

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Conclusión.

PSIBO es el ejemplo perfecto de que no es necesario reinventar un género para sacarse de la manga un juego prácticamente redondo. Su concepto y jugabilidad son rematadamente sencillos, pero si se quieren conseguir puntuaciones respetables habrá que sudar sangre sudor y lágrimas. Dos modos de juego principales, integración directa con Miiverse y la posibilidad de modificar todos los ajustes del título son sus principales bazas. Por contra, cuenta con una banda sonora repetitiva, no presenta clasificaciones online, los niveles del modo “historia” vienen desbloqueados desde el inicio y viene exclusivamente en inglés.

Estos son pequeños obstáculos que, sin embargo, no impiden que este producto acabe por destruir el muro a una velocidad más que notable.

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