Con saltos al fin del mundo.

The End is Nigh es, para algunos, el sucesor de Super Meat Boy. Sin embargo, la obra de Edmund McMillen sabe no solo reconocer su inspiración, sino darle un poco de sabor propio acompañado de la dificultad que podemos esperar de un plataformas de este estilo. ¿Listo para el fin del mundo?

No duermas, The End is Nigh

En un mundo negro, oscuro, de éstos que están hecho mistos, tenemos el control de Ash (que no es de Pueblo Paleta), una pequeña bola que busca compañía en este lugar post-apocalíptico en el que no ha quedado títere con cabeza. Hay algún que otro vídeo inicial para presentar el título con su humor particular, pero después entraremos en faena.

Cada nivel del juego engloba una serie de pantallas numeradas que pueden (y a veces deben) ser completadas en poco más de diez segundos, en el que los más puretas tendrán el mayor reto no solo en cruzar el espacio, sino en coger un coleccionable oculto que pondrá nuestra habilidad todavía más a prueba, a veces teniendo que ir hacia atrás y todo.

Con una serie de controles muy simples, el uso de las mecánicas y las físicas está trabajado hasta un nivel mucho más que aceptable. Los salientes, los impulsos, los bloques que se destruyen… todo está colocado en su lugar por un motivo y reaccionan tal y como se puede esperar. Eso sí, vamos a morir más de una vez, aunque por suerte solo tocará repetir la pantalla en la que fallemos.

La maravilla de las plataformas

Bajo la filosofía “simple de jugar, difícil de dominar”, The End is Nigh nos atrapa con una gran cantidad de situaciones que van cambiando los escenarios bastante, evitando replicar momentos trabajados y destacados más de lo necesario. Poco a poco se va complicando la cosa y hay que planificar la forma de actuar en cada pantalla, ya que se convierten en sí mismas en una especie de pequeño puzle a resolver.

La curva de dificultad está más que ajustada. De esas que no te das cuenta y que cuando vuelves al inicio te sorprendes de “lo sencillo que era”. Como ya dijimos, moriremos muchísimas veces, y es que todos los elementos peligrosos en pantalla nos eliminan de un golpe, y cada vez hay más de esos elementos o caídas. En total hay más de 600 pantallas a superar, fases de estilo retro y muchos coleccionables que un pro puede completar en menos de diez horas, pero donde lo normal es que superemos las quince.

Sencillo en lo artístico y técnico, esto permite que no haya nada innecesario y se cree una atmósfera propia. Podría haber algún nivel más de detalle en ciertos apartados, pero en realidad la mente no nos lo pide. El sonido acompaña muy bien, y la música sabe hacernos ir a ese lugar “muerto” en el que nos encontramos.

The End is Nigh es plataformas puro, de los que los que los jugadores de los clásicos de los 80 y 90 aman cuando les dan la oportunidad. Adictivo y bien diseñado, ofrece bastante variedad y contenido como para hartar. Puede que no cause la misma sorpresa que en su día nos dio Super Meat Boy, pero no por ello es peor.