Muñecos que bailan y saludan como idiotas.

De vez en cuando, un friki pide un deseo a una estrella fugaz y aparecen juegos como Human: Fall Flat. Desarrollado por No Brakes Games y producido por Curve Digital, este indie de aspecto sobrio llega a Switch y, la verdad, le sienta muy bien la plataforma.

Human: Fall Flat es un juego de puzles cuyo mayor interés radica en las físicas realistas. Aquí es donde intervienen las dos Españas: aquella que entra al juego y lo disfruta y la que se acaba desesperando. Aunque ya nos hemos encontrado con títulos de dinámica similar, aún conserva cierto toque de originalidad y frescura. Tras superar la primera barrera de lo extraño, comienza el verdadero desafío.

Todo lo que sube, baja

¿Quién no ha soñado alguna vez que se caía desde una altura considerable? Pues bien, en este universo onírico en el que nos encontramos, nuestro principal objetivo será, precisamente, la caída libre. El protagonista, Bob, un personajillo de aspecto humanoide, no correrá la misma suerte que nosotros. En su caso, tras caer, volverá a sumergirse en otro sueño que le llevará a un nuevo reto. Sólo nos habremos pasado el nivel cuando hayamos conseguido subir a lo más alto.

Como ya se ha mencionado, lo interesante del juego está en sus físicas de carácter realista. A cada botón que manejemos le corresponde una extremidad. De esta manera, no será muy difícil empatizar con Bob, aunque sí nos hará la interacción con el ambiente un poco más complicada. Tendremos que usar nuestro ingenio para resolver las dificultades que se nos vayan presentando.

Caer, levantarnos, volver a caer… El devenir de la propia existencia.

El límite no es tu imaginación

Todos tenemos en la cabeza a Octodad. En este caso, no nos resultará tan endiablado el uso de los controles pero seguirá siendo un desafío. Al fin y al cabo, es una de las gracias del juego y algo que, tarde o temprano, terminaremos dominando. Así, las herramientas con las que contamos no son como las de los héroes de aventuras épicas, sino las propias de la cotidianidad.

Tendremos que saltar, escalar, manipular objetos… ¿El límite? Las propias leyes físicas. No carguéis contra el pobre Bob, el único culpable aquí es Newton. En este sentido, el juego mantiene unas lógicas muy coherentes. No existen fallos (al menos yo haya percibido) en la manera de llevarlo a cabo. Lo siento, el viejo truco de correr en diagonal no nos servirá esta vez. Habrá que escalar a la manera tradicional que, en este caso, es muy malamente. Al final, dependemos de los límites del propio cuerpo humano (o cualquiera que sea la raza a la que pertenezca Bob).

En este sentido, hay una muy buena utilización de los recursos. Es sobrio, sí, pero el juego tampoco demanda nada más. Todo existe en su perfecta medida. 

Como en la vida, no todo es blanco o negro

Algo a lo que tendremos que acostumbrarnos es a la variedad de soluciones. No existe una única forma de salir de un entuerto, sino que tendremos que buscarnos la vida. Si tiramos por casualidad una tabla de madera a otro piso y la cambiamos de posición, ajo y agua. Aunque esto tiene fácil solución: la tiramos al vacío y aparecerá en el mismo sitio donde nos la encontramos.

Pese a que son pocas, hay ocasiones en las que nos quedaremos atascados y no sabremos cómo continuar. No temáis, un videotutorial a modo de Espíritu Santo aparecerá ante nosotros y nos guiará hacia la luz. Esto sucede al comienzo de nuestra aventura y, según avancemos, cuando pasamos demasiado tiempo en un mismo puzle. Estos vídeos también se encuentran disponibles en el menú principal.

Más allá de la rareza

Con respecto a los escenarios, no hay demasiada variedad, aunque sí van cambiando ligeramente según vayamos atravesando los diferentes mundos. Para potenciar aún más la sensación onírica, son flotantes, por lo que caernos es algo habitual.

Existe un modo en el menú en el que se nos permite personalizar al hombrecillo protagonista. A pesar de que las opciones son muy limitadas, cualquier accesorio resulta llamativo en contraste con el resto de elementos.

Donde existe un uso muy acertado de los recursos es en la música. A simple vista (u oído) sencilla y con poco desarrollo, la verdad es que hace muy bien su trabajo. Su utilización es precisa y muy medida. La música existe sólo cuando tiene que existir, regalándonos muchas ocasiones de escuchar el vacío. El planteamiento del diseño de audio le aporta al juego una personalidad propia y una sutileza que es de agradecer.

En definitiva, no es un producto para todo el mundo, pero desde luego es más que valorable. Sus virtudes suplen sus defectos, siendo el mayor de ellos su durabilidad. Asimismo, puede resultar algo tedioso y desesperante para aquellos que no estén interesados en seguirle el juego a las lógicas y su dinámica particulares. Un punto positivo, eso sí, es el modo multijugador, que promete risas aseguradas.

 

Comentarios