Plataformas con aire noventero.

Con Super Mario Odyssey, arrasando allá por dónde va, y con la mirada puesta en el lanzamiento de Yooka Laylee, llega a Nintendo Switch un juego que bebe sin disimular de esos plataformas que tanto gustaban en la década de los noventa. Ya ha pasado más de un año desde que Ginger apareciera en Ps4, Xbox One y PC, llegando ahora a Nintendo Switch, una máquina que cuenta con mucho público, el cual disfruta con este tipo de juegos, pero que es muy exigente por la calidad que tienen títulos como el último Super Mario.

Un viaje en el tiempo a través de las plataformas

Hubo una época, allá por los 90, en la que los plataformas en 3D estaban a la orden del día. Desde que Super Mario 64 llegase, allá por 1996, fueron muchos los que lo tomaron como referencia y eso dio pie a un montón de exponentes en un género que hoy día está bastante abandonado. Juegos como Banjo Kazooie, Crash Bandicoot o Spyro the Dragon han sido parte importante para los jugones de la época y, precisamente, este juego no sólo bebe de ellos, sino que parece un juego de ese tiempo.

Para empezar, decir que puede llegar a ser contraproducente jugar a este juego al mismo tiempo que Super Mario Odyssey. Sí, las comparaciones son odiosas y más si lo hacemos con el mayor exponente en la actualidad de los plataformas en tres dimensiones. Al jugar con Ginger, debemos olvidarnos de Mario y disfrutarlo como lo que es, un buen juego de plataformas hecho por un estudio indie. Los españoles de Drakhar Studio han hecho un trabajo excepcional con este título y, aunque hay fallos, se nota que lo han desarrollado con mucho mimo, por lo cual hay que reconocer la labor del equipo.

No se trata únicamente de una inspiración en los grandes del género de aquella época, sino todo un homenaje a juegos como Banjo Kazzoie. De hecho, parece como si estuviésemos jugando a un título del pasado en una versión remasterizada. Todo es como antes, las plataformas, la música, los enemigos… Si disfrutaste de esos juegos, Ginger te traerá muchos recuerdos.

Ginger: el salvador del reino

Cada verano, los aldeanos llevan ofrendas a la diosa en señal de agradecimiento por su protección. Junto al altar de la diosa hay un cristal gigantesco y de gran poder, que sirve junto con el resto de cristales repartidos por el mundo, para dar paz y tranquilidad a sus habitantes. Un día, un ser llevó una piedra carmesí y la colocó junto al altar de la diosa. En ese momento, el poder del cristal azul empezó a disiparse lentamente, creando así el caos. Ahí es cuando entra en acción el elegido de la diosa, Ginger, el encargado de devolver el mundo a la normalidad purificando todos los cristales rojos que encontraremos repartidos por el juego.

Empezaremos nuestra aventura con un pequeño tutorial que nos explica las diferentes habilidades de nuestro personaje. Aprenderemos a realizar saltos, dobles saltos, ataques o ataques tras un salto para aplastar a los enemigos. En mi caso, al principio, estuve un poco perdido sin saber muy bien que hacer pero, una vez completados los primeros retos, los objetivos quedan muy claros y progresaremos casi sin darnos cuenta. Algo desconcertante es que el juego se convierte en un hacer por hacer, y lo que al principio se plantea como una historia interesante, al final se basa en completar fases por inercia.

El objetivo primordial se basa en purificar esos cristales rojos y que vuelvan a su color azul. Aparte, tendremos otras misiones durante nuestra aventura, como rescatar a los aldeanos atrapados, volver a construir edificios o llevar a cabo los diferentes retos propuestos por los habitantes del pueblo. El mundo se divide en tres zonas y cada una tiene diferentes niveles en los que tendremos nuestra parte de aventura y, por otro lado, fases de bonificación. En el trascurso del juego, iremos desbloqueando habilidades para nuestro personaje a través de disfraces que deberemos utilizar en momentos concretos del juego.

Un diamante por pulir

Como ya se ha destacado, se nota el cariño y trabajo por parte del estudio. Sin embargo, hay detalles que dejan claro que Ginger: Beyond the Crystal es un juego con muchos defectos. Para empezar, cabe destacar que a nivel visual estamos ante un título correcto, ya que, tanto los gráficos como el diseño artístico es sencillo y sin demasiados alardes. Los enemigos en pantalla se muestran un tanto artificiales y los enfrentamientos suelen ser un tanto toscos. También, y como aspecto negativo, cabe remarcar que la cámara no siempre responde como nos gustaría y, utilizar el stick derecho para corregirla, puede dar lugar a un problema mayor. Es importante señalar que los tiempos de carga son excesivamente largos en muchos momentos del juego, y eso hace que se interrumpa la experiencia.

La banda sonora destaca por tener temas muy bien realizados y cuenta con melodías que se te meten en la cabeza y no puedes parar de tararear, además nos recuerdan a los ya mencionados clásicos plataformeros. La aventura comienza con el narrador, trasladando la historia en perfecto castellano, pero a partir de ahí las voces de los personajes serán los típicos soniquetes que cumplen de buena forma.

Estamos ante un juego que no presenta dificultad y, además presenta un toque infantil muy marcado, lo cual puede echar para atrás a los jugadores más experimentados. No obstante, al principio nos da la posibilidad de elegir entre modo de juego Normal o Vieja escuela.

¿Merece la pena Ginger: Beyond the Crystal? La respuesta es sí, sobretodo si disfrutaste de los plataformas de hace unos años. El juego tiene un control muy bueno que responde perfectamente a nuestras instrucciones. Es cierto que defectos como el control de cámara o los tiempos de carga lastran un poco la experiencia, pero a pesar de estos y otros defectos, se nota que es un producto hecho con muchísimo cariño y que te dará bastantes horas de diversión. Si buscas un plataformas como los de antes para pasar un rato divertido, sin duda, Ginger es una muy buena opción.

 

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