Brujería. Esa fue la palabra con la que muchos definimos The Witcher 3: Wild Hunt en Nintendo Switch, pues no dábamos crédito a que la aventura de CD Projekt Red, los también responsables del fenomenal Cyberpunk 2077, cupiera en la pequeña consola híbrida de Nintendo.
Con evidentes y numerosísimos recortes, por supuesto, pero aún así la desarrolladora nos dio una versión muy disfrutable con, además, las 2 expansiones lanzadas hasta la fecha (más tarde también salió una versión solo con el juego base).
Ahora y aprovechando el anuncio de un nuevo DLC que llegará en 2027, Songs of the Past, aunque solo a la actual generación de consolas, los polacos han tenido a bien brindarnos una edición remasterizada de su juego, incluyendo a Nintendo Switch 2 entre los sistemas que la han recibido.
Y gratis, para quienes ya contaran con la original tanto en cartucho como en digital; los que no, tendrán que pasar por caja. Pero merecerá la pena, pues The Witcher 3: Wild Hunt — Remastered sigue siendo hoy tan recomendable como en 2015, si no más, y vuelve a incluir Hearts of Stone y Blood and Wine dentro del paquete, pero no son las únicas novedades de un remaster que no solo se ve, también se juega mejor.
El juego, en esencia, sigue siendo el mismo, o sea, uno de los mejores y más absorbentes RPG de fantasía medieval a los que nos hemos enfrentado, pero la etiqueta Remastered incluye algo más que un simple lavado de cara.
Geralt rejuvenece
Para empezar, el combate, que estuvo bien en su momento y sigue siendo satisfactorio, aunque no tardó en ser superado e igualado, se ha visto modernizado con nuevas animaciones y movimientos, variando también cómo se comportan algunos enemigos, pero no de manera especialmente notable, aunque sí significativa en algunas criaturas.
Los espadazos continúan teniendo esa sensación algo flotante de siempre y las esquivas tampoco son especialmente precisas si las comparamos con las de producciones más modernas, y es que CD Projekt Red ha trabajado sobre la base existente en lugar de reconstruir el sistema desde cero.
Lo que sí resulta bastante más cómodo es todo lo que rodea a la acción. El nuevo árbol de habilidades organiza mejor la progresión, obliga a seguir determinados caminos para acceder a las capacidades más avanzadas y permite desarrollar cada habilidad hasta tres niveles.
Son cambios que quizá no justifiquen por sí solos volver a recorrer todo el continente, pero sí consiguen que el conjunto resulte más cómodo. Y hay otros todavía más pequeños que, después de muchas horas, terminan teniendo una gran importancia.
Pequeños cambios que hacen mucho
Esta vez y para nuestra comodidad podemos recoger varios objetos cercanos desde una única ventana, evitando buena parte de ese ritual de abrir, cerrar, recoger, volver a abrir y comprobar qué demonios había en el cadáver que acabábamos de registrar. También se han reorganizado algunos elementos de la interfaz, el mapa y las misiones, mientras que la nueva cámara de permite ampliar el campo de visión (Geralt ocupa menos).
Parece poca cosa, pero no lo es en un juego en el que vamos a pasar decenas de horas registrando cadáveres, abriendo cofres, buscando ingredientes, siguiendo pistas y desviándonos de nuestro camino porque hemos visto un interrogante en el mapa. Y también hay mods, muchos de los cuales hacen incluso más llevaderas estas y otras tareas.
En cuanto a los controles específicos de Nintendo Switch 2, por su parte, funcionan correctamente. Podemos utilizar los Joy-Con 2 separados, el sensor de movimiento, el sensor de ratón y hasta la pantalla táctil (en portátil) en diferentes situaciones. Es un añadido curioso y demuestra que CD Projekt Red no se ha limitado a meter el juego de Switch dentro de una máquina más potente, aunque tampoco será probablemente la razón por la que queramos jugarlo en esta consola.
En ese sentido, el nuevo Onimusha se presta bastante más a jugar con los Joy-Con 2 separados y aprovechar el giroscopio. Aquí los controles alternativos quedan más como una posibilidad interesante que como algo imprescindible. De hecho, aquí los patrones y gestos de movimiento de los Joy-Con 2 están reservados para acciones secundarias, el uso de herramientas y magia y dar órdenes a Sardinilla, incluso podremos mover la cámara a golpe de muñeca, pero no liarnos a espadazos.
Mucho más bonito, pero no perfecto
Llegamos al apartado que más necesitaba una revisión después de aquel, por otra parte, auténtico milagro que fue hacer funcionar The Witcher 3 en la primera Switch.
El salto es evidente. La vegetación tiene ahora una densidad mucho mayor, los escenarios ganan detalle, la iluminación ha sido revisada y las texturas y modelos también han recibido mejoras. Donde antes teníamos un mundo que en algunos momentos parecía haber pasado por una tijera en manos de un niño pequeño, ahora volvemos a encontrarnos con bosques, campos y ciudades mucho más cercanos a lo que esperábamos de esta aventura.
Hay momentos en los que simplemente apetece dejar de perseguir una misión, subirnos a Sardinilla y mirar alrededor. Eso ya estaba en 2015, claro, pero con el aumento de vegetación, iluminación y distancia de dibujado de esta edición remasterizada la sensación es todavía mejor. Cambia un poco la paleta de colores y el aire bucólico de algunos parajes, pero preferir una versión sobre otra en lo artístico no será sino una cuestión meramente personal.

En algunas ciudades, los 120 Hz no bastan para mantener los 40 fps estables, de ahí optar por los robustos 30
No todo es perfecto en The Witcher 3: Wild Hunt – Remastered, ni mucho menos. En portátil se nota cierta pérdida de definición y la imagen puede resultar algo borrosa, aunque personalmente no llega a parecerme tan preocupante como he podido leer por ahí.
Donde sí hay problemas en con el uso del HDR. Hay escenas en las que la iluminación se comporta de una manera bastante extraña y los negros o las zonas muy iluminadas pueden perder detalle, y lo peor, a veces, especialmente en cinemáticas, dibuja un aura pixelada alrededor de personas y objetos. La solución al final es desactivarlo, pero en teoría eso empobrece la imagen (en la práctica casi diríamos que la mejora).
Algo parecido ocurre con la frecuencia de refresco. Si tenemos una pantalla de 120 Hz podemos aprovechar mejor el objetivo de 40 fps, pero si nuestra tele o monitor no lo permiten, tendremos que conformarnos con quedarnos en los 30 fps. Sin embargo, los 40 no mantienen la estabilidad necesaria en todo momento y, en lo personal, es preferible una experiencia consistente a estar persiguiendo una cifra que no siempre se mantiene. En portátil la situación mejora gracias al VRR.
Y luego están los glitches. Efectivamente, diez años después seguimos encontrándonos con algunos. No son suficientes para arruinar la experiencia, pero resulta inevitable sonreír un poco al comprobar que Geralt y compañía continúan teniendo algún encuentro ocasional con las leyes de la física.
Sigue siendo The Witcher 3
Pero por encima de todo esto tenemos que recordar qué estamos analizando. No estamos ante un juego cualquiera al que una remasterización, de esas que tanto se llevan estos últimos años, haya conseguido sacar del olvido, sino ante una de las aventuras de rol más importantes de la última década.
La historia de Geralt buscando a Ciri sigue funcionando extraordinariamente bien, igual que lo hacen sus personajes, sus decisiones y esa capacidad de convertir una misión aparentemente secundaria en algo que acabamos recordando mucho después de haberla terminado. Hay multitud de opciones, diferentes formas de afrontar determinadas situaciones, romances, contratos, cartas de Gwent, tesoros, encargos y una cantidad absurda de secretos repartidos por un mundo que continúa pareciendo vivo.
Ahí está quizá la mayor virtud de esta versión. Podemos discutir sobre resolución, HDR, frecuencia de refresco, errores gráficos o sobre si el combate debería haber recibido una transformación más profunda, pero cuando llevamos varias horas jugando volvemos a estar totalmente dentro de The Witcher 3 y enganchados irremediablemente. Volvemos a perdernos por Novigrado, a recorrer Velen, a visitar Skellige y, llegado el momento, a descubrir por qué Blood and Wine sigue siendo una de las mejores expansiones que ha recibido un videojuego.
Además, que quienes compraran la versión de Nintendo Switch puedan pasar gratuitamente a esta edición y recibir también las expansiones es algo a tener muy en cuenta. Si ya habíamos disfrutado de él, esta es la excusa perfecta para una segunda vuelta, y para quien nunca lo haya jugado, encontrará aquí todo lo que necesita para enfrentarse a una de las grandes aventuras de los últimos tiempos.


