Más información
Portada » Análisis » Análisis de Horace

Análisis de Horace

Horace ya ha llegado a la eShop de Nintendo Switch tras presentar sus credenciales en el mundo del PC hace ya unos meses y lo ha hecho demostrándonos que las plataformas, así como el píxel, no están reñidos con una excelente narrativa que acompaña a una no menos buena jugabilidad.

Aprendiendo a ser humano

Horace, el androide protagonista que da nombre al juego, es concebido como un robot de servicio el cual llega a una familia adinerada, aunque no tardará, gracias al empeño del patriarca de la familia, en convertirse en uno más, aunque ya desde el inicio deba superar varias pruebas impuestas por toda la familia quienes, en muchos casos, no acaban de confiar en él precisamente por su condición no humana.

Se presentará así pronto una de las primeras pinceladas de la genial narrativa de la que hace gala Horace, el juego, como es que nosotros mismo humanicemos y empaticemos con un ser mecánico que no hace sino lo que le mandan, aunque para ello deba poner en riesgo su existencia, que tampoco es vida, y además cuenta con un chip que le hace reaparecer si ocurriera el fatal desenlace, pero seremos incapaces de pensar así de nuestro dorado amiguito.

Comienza así un juego que tarda un poco en arrancar pero que desde un primer momento deja claras cuáles son sus intenciones, y a fe nuestra que consigue de sobra sus objetivos, aunque a veces peque de excesivo.

Horace es todo un señor plataformas que os recordará mucho a VVVVVV en su tratamiento de la gravedad, o antigravedad, gracias a unas botas que no tardaremos en calzarnos y que nos permitirán andar por cualquier superficie, esté en el plano que esté. Esta será la manera en la que avanzaremos por su mundo y su historia, consiguiendo cada vez nueva ropa, ya sean guantes, sombreros… siempre otorgando alguna habilidad más, y en nuestro cometido de lograr recoger un millón de piezas de chatarra, la orden que nos dieron antes de desactivarnos y de que una horrible guerra aconteciera en el mundo. Este es el tema central de una obra donde la ingenuidad del robot se entremezclará de manera magistral con el humor y el drama (descarnado incluso), y con una historia de fondo sumamente triste por momentos pero siempre esperanzadora, al menos hasta que empezamos a atisbar las verdaderas intenciones de algunos personajes. He aquí otro logro de Horace, el hacer saber al jugador que están jugando con nosotros pero, como somos un androide nacido para servir, cumpliremos encantados la tarea; también porque a nivel jugable es sumamente satisfactorio en prácticamente todo momento.

Llegamos así a otro punto fuerte, e importante. Estamos ante un título de plataformas con el uso de la antigravedad como elemento principal, que no único, y en todo momento sabremos dónde estamos, aunque no siempre nos moveremos hacia donde deseamos, sobre todo al cambiar bruscamente de ángulo. Un problema menor que palidece frente a la otra baza de Horace, la variedad, en todo: escenarios, personajes, jugabilidad… Lo malo es que se recurre de manera demasiado reiterada a lo que los nacidos en los 80 (o pelín antes) tenemos por nostalgia. Out Run, Seinfeld, El príncipe de Bel Air, Pong, PacmanThe Legend of Zelda de NES, André el Gigante… Una cantidad desmesurada de homenajes que ejemplifican a la perfección aquello de que lo poco gusta y lo mucho cansa. Está curioso encontrarse a Ryu en unas recreativas, pero toparse en las siguientes a medio elenco del juego de Capcom, como que no. Al menos en el tema juegos “homenajeados” tenemos mucho y variado, y lo mejor es que serán secciones jugables que cambiarán el ritmo del juego para bien cuando nos empecemos a cansar de saltar, variando incluso la perspectiva, ya sea poniéndonos en primera persona, tercera desde detrás con fases 3D manteniendo el píxel, y un largo etcétera.

Impresiona que en todas las fases, que son unas cuantas, y en todas las situaciones que nos encontremos, la estética esté tan cuidada. Sí, es pixel art, pero del bueno, o del muy bueno. De hecho, el juego se atreve a hacer primeros planos a los rostros, la ropa o lo que sea, todo con tal de ejemplificarnos que Horace, el androide, es quien nos está narrando todo en primera persona, poniendo él las palabras en los labios del resto de protagonistas y haciendo coincidir lo que él cuenta con los “labios” de la gente. Un efecto este, el de la sincronización labial, simplemente maravilloso. Porque los personajes hablan, en inglés, aunque los leamos en castellano, y les acompañan unos buenos efectos de sonido y sobre todo una banda sonora con música clásica transformada en música 8 bits. Si os decimos que ya la pantalla de título tiene una versión así de la sonata Claro de luna de Beethoven, imaginad el resto.

Horace, por todo esto y más sorpresas que aguardan dentro, me ha sorprendido muy gratamente. Jugablemente tiene pocos peros, quizás que lleve demasiado lejos el tema de la nostalgia, pero eso también hace que varíen sus situaciones al imitar a tantos y tantos juegos (y series y películas). Es emotivo, es gracioso y es desafiante sin llegar a frustrar. Todo un caramelito para los amantes de las plataformas y para quienes no tengan problemas en pasarse un buen puñado de horas viendo píxeles, aunque si son así, poco importa.

Resumen
Da igual que no te guste el píxel gordo, en Horace es lo de menos y además es hasta bonito. Es variadísimo y tiene una historia y una narrativa detrás como ningún otro. Eso sí, mucho recolectar al final pasa factura.
8
Notable
Escrito por
Señor Bichos para ti.

¿Te ha gustado?

1 0

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no es necesaria. Los campos obligatorios están marcados *

Usted puede usar estos HTML Etiquetas y atributos: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>

Contraseña perdida

Por favor ingrese su nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirá un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.