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Análisis de Dragon Quest XI S

Dragon Quest XI aterriza en nuestras Nintendo Switch un año más tarde en su edición más completa, Dragon Quest XI S: Ecos de un pasado perdido – Edición Definitiva, compensando de esta forma la larga espera y que la versión de Nintendo 3DS no haya aparecido en occidente. Prepárate para embarcarte en todo un «sueño de artes marciales».

Bienvenidos a Erdrea

Erdrea es el vasto mundo en el que se desarrolla Dragon Quest XI, un juego de la veterana saga Dragon Quest, nacida en el seno de Enix y caracterizada por haber mantenido desde los años 80 de manera casi inalterada sus señas de identidad. Yuji Horii y su equipo quisieron llevar a Japón los RPG de la época que tanto triunfaban en occidente, como la saga Ultima. Su éxito fue enorme y no tardaron en salirle imitadores, dando lugar a una especie de subgénero que comúnmente llamamos JRPG (juego de rol japonés), identificable por una mezcla de estética y jugabilidad no siempre muy clara.

En su última Iteración, SquareEnix nos devuelve al mundo de fantasía que todos los Dragon Quest son. La undécima entrega es una oda a la saga completa, recuperando muchas cosas del pasado y combinándolas con lo actual, dando como resultado un clásico atemporal. Probablemente sea la mejor entrega de la saga, y también la mejor para iniciarse con la saga. Tiene además dos niveles de dificultad y, dentro del juego, la curva de aprendizaje está muy bien medida.

El mundo de Erdrea es precioso, aunque no llega a la magnitud de lo que hemos visto en otros juegos como Xenoblade Chronicles X o Breath of the Wild. Realmente, Erdrea son una serie de niveles relativamente grandes conectados entre sí. Solo podemos andar por los caminos diseñados para ello, y generalmente describen un diseño más bien tirando a pasillero, con unas pocas zonas algo más abiertas.

En cada nivel hay enemigos a los que podemos dar caza, objetos coleccionables y algunos tesoros. La música que nos acompaña es siempre la misma, de corte aventurero, pero sin adaptarse a las diferentes regiones. Los pueblos y las mazmorras son niveles aparte, con las mismas cosas buenas y malas.

Entre lo clásico y lo moderno

Como ya hemos avanzado, una de las características más importantes de la saga Dragon Quest, que la separa de su ahora hermana, antaño rival, Final Fantasy es que mientras que la segunda se reinventa en cada entrega, Dragon Quest siempre permanece fiel a sus principios. De esta forma, los diferentes juegos de la saga han visto una evolución mínima y, aunque innovador en cierto sentido, Dragon Quest XI mantiene todos los aspectos que han hecho grande a la saga.

Los combates son por turnos, aunque en este caso son más dinámicos de lo que podría esperarse. En el mundo vamos encontrando diferentes medios de transporte, que nos permitirán acceder a nuevas áreas. Contamos con un hechizo, Telerregreso, que nos permite volver a visitar áreas conocidas, como campamentos con estatuas de la diosa (donde guardamos la partida) o pueblos.

Aun así, Dragon Quest XI se siente actual, fruto de una jugabilidad que ha sabido adaptarse sin perder su identidad. Todos los cambios realizados, aunque sutiltes, han contribuido a magnificar la sensación de cuento de hadas que prima en la saga. Ver a los enemigos en el escenario, novedad introducida en Dragon Quest IX, es una gozada y un avance tremendo con respecto a los combates aleatorios, de los que podemos seguir disfrutando en el modo clásico y cuando vamos en barco. Y, bueno, ahora vamos a adentrarnos en el sistema de combate.

Entrena al Luminario y sus amigos

El Luminario no está solo en su aventura, ya que pronto contará con la compañía de otros guerreros que le ayudarán en combate. Cada uno de los luchadores tiene sus propias características especiales y su papel dentro del grupo. La manera de entrenarlos es subir de nivel, mejorando así sus estadísticas y consiguiendo puntos de destreza que podemos invertir en conseguir habilidades especiales. Estas habilidades se dividen en diferentes ramas y se desbloquean las unas a las otras. En las iglesias, además, tenemos la posibilidad de eliminar todo el progreso de una rama y recuperar así los puntos de destreza invertidos, por si tomamos una decisión que no nos gusta o por si queremos probar otras vertientes del personaje.

En combate podemos tener a un máximo de 4 luchadores, más los acompañantes temporales. Sin embargo, nuestro grupo pronto contará con más de 4 personajes. Para no tener que dejar a los sobrantes en el banquillo eternamente, Dragon Quest XI nos ofrece la posibilidad de cambiarlos en medio de la batalla, según necesitemos las habilidades de uno u otro combatiente. Una forma muy útil para poder usar todo el potencial de nuestros personajes al completo, aunque resuelta de forma menos ágil que en otros juegos que ya la tenían, como Final Fantasy X. Como pasa muchas veces en Dragon Quest XI, hay que navegar por más menús de la cuenta hasta llegar a lo que queremos hacer.

El sistema de combate funciona muy bien. Se trata de un juego por turnos al estilo de Final Fantasy X, con la salvedad de que no vemos la cola de acción que nos indique quién actúa en cada momento, lo que habría venido bien. En cualquier caso, el combate es bastante dinámico y repleto de opciones. Podemos incluso elegir que nuestros combatientes sean controlados por la IA del juego, pudiendo elegir entre varias aproximaciones a la manera de luchar. Algunos enemigos, al ser derrotados, nos permitirán usarlos como montura en esa zona específica, lo que habilitará el acceso a zonas de otro modo inaccesibles. Además, también pueden aparecer versiones mejoradas de los enemigos, que ofrecen un desafío mucho más grande a cambio de mejores recompensas.

De vuelta a los 16 bit

En las iglesias, donde también guardamos la partida, podemos cambiar al modo 2D. Este modo es lo único superviviente de la versión de 3DS que, recordemos, presentaba un aspecto estético muy diferente, en la línea del remake de Dragon Quest VII, y con un atractivo más que notable. Es una lástima haberlo perdido, pero hemos conservado este modo 2D que sorprende por su fidelidad, tanto al propio Dragon Quest XI como a los juegos de la era de SNES.

El cambio no es instantáneo, sino que hay algunos puntos desde los que podemos empezar la partida en 2D por lo que cambiar de modo (tanto del 2D al 3D como del 3D al 2D) supone volver hacia atrás en el desarrollo de la aventura. Lo bueno es que mantenemos nivel, inventario y habilidades y, además, podemos volver a conseguir los objetos no únicos que ya habíamos recogido anteriormente. Esto, en realidad, nos permite hacer un poco de trampas a cambio de invertir mucho tiempo, cosa que tal vez se solucione en un futuro. Aunque claro, ¿quién querría volver atrás en la historia?

El modo 2D se siente como de hace 30 años, aunque incorpora casi todo el sistema de combate moderno así como la gestión de mapas. Los combates son un poco más lentos, ya que tarda en calcular los daños más de lo deseado. El mapa general pasa a dividirse en dos tipos, mapamundi y mapa normal, y los encuentros en este modo son aleatorios. No podemos saltar ni correr, pero es más fácil ver los puntos de interés en el escenario, como tesoros o puntos brillantes.

A nivel sonoro, la música y los efectos de sonido se mantienen, pero se pierde el doblaje. En general, el modo 3D es mucho más atractivo, pero para los nostálgicos esta adición puede resultar muy interesante. Lo bueno es que se puede cambiar en cualquier momento, así que por probar no pasa nada. ¡A nadie le amarga un dulce!

Cabe destacar que aunque juguemos en el modo 3D, el modo 2D también hará acto de presencia. ¡No quiero decir más!

La batuta del maestro Sugiyama

La música de Dragon Quest XI es formidable, y sin embargo es a la vez una virtud y un defecto. Virtud porque la calidad de las composiciones de Sugiyama, uno de los compositores de videojuegos más veteranos, es impecable como siempre y, además, para esta ocasión, contamos con algunas de las canciones interpretadas por una orquesta real.

Pero también es un defecto por varios motivos. Para empezar, contamos con solo algunas de los temas interpretados por una orquesta real, mientras que los otros, aunque buenos, están hechos mediante sintetizador. Y es música que no suena demasiado bien con sintetizador, aunque tenga sus fanes.

Y el segundo motivo, más importante, es que la banda sonora es escasa y poco variada. Hay un tema del mundo, un tema de combate, un tema de jefes, un tema de mazmorras, un tema de pueblos por el día, un tema de pueblos por la noche… y poco más. En la ciudad del desierto, en la ciudad del monte o en la ciudad imperial siempre es la misma música la que nos acompaña, lo que le resta personalidad al conjunto y la hace, quizá intercambiable.

Tan intercambiable es que incluso podemos usar la banda sonora de Dragon Quest VIII en lugar de la de este, aunque es cierto que la del XI pega mucho mejor con el ambiente del juego, como es normal por otro lado. Aparte, también podemos elegir si queremos escuchar las diferentes bandas sonoras en su versión orquestal o en su versión sintetizada, y si queremos el doblaje inglés o el japonés, ambos de una calidad excepcional.

¿Es esta edición de Dragon Quest XI tan definitiva como anuncian?

Probablemente, Dragon Quest XI sea uno de los mejores, sino el mejor de su saga. Es un juego divertido y profundo, que desprende magia por los cuatro costados. No obstante, le pesa su nombre y arrastra algunos problemas intrínsecos de la serie, como una historia algo falta de intensidad o algunas decisiones jugables algo incómodas que nos hacen navegar por menús más de lo necesario. Aparte, que no toda la música haya sido tratada de forma orquestal es una gran decepción, pues ni siquiera había tanta y se habría beneficiado mucho de ello. Todas estas cosas alejan a Dragon Quest XI de ser la obra maestra que se merece, pero no deja de ser uno de los mejores y más disfrutables juegos de Nintendo Switch. La mejor adaptación de la jugabilidad clásica a los tiempos modernos, con permiso de Link’s Awakening.

Resumen
Una joya atemporal. Mantiene la esencia clásica de la saga, pero a la vez la adapta perfectamente a los tiempos modernos convirtiéndose, probablemente, en el mejor Dragon Quest tanto para novatos como veteranos. Solo tiene un par de problemas, como lo escaso de la banda sonora (y que no esté interpretada con instrumentos reales al 100%) y un diseño de menús que te hace navegar por ellos más de lo deseado. Por lo demás, una obra maestra.
9
Genial
Escrito por
Compositor, aficionado a los videojuegos y colaborador en Revogamers desde casi sus inicios. Mi tarea en la web es coordinar análisis, impresiones y artículos, así como ejercer de redactor y procurar que haya contenido todos los días.

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Este debate contiene 0 respuestas, tiene 1 mensaje y lo actualizó  Arturo Albero hace 4 meses.

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