Impresiones - Diablo III

Una versión sacada del mismísimo infierno.

Un interruptor encendió la locura. La primera colaboración de Blizzard con Nintendo se ve cristalizada con Diablo III en la consola híbrida de los nipones.

Por unos instantes, ángeles y demonios (aunque más de lo último) se congregaron en el centro de Madrid. Las puertas del infierno se abrieron ante nuestros ojos por la gracia del estudio estadounidense. La sesión fue corta, aunque la experiencia profundamente positiva.

La ruta turística por cementerios, catedrales y edificios derruidos dejo tras de sí cientos de cadáveres de criaturas horrendas, restos de almas errantes y un puñado de anécdotas que contar. Una aventura intensa depara Diablo III en Nintendo Switch.

Una envidiable optimización

Diablo III es un título RPG cooperativo. Con elementos típicos del género como las clases, abundantes movimientos y hechizos o un abrumador inventario, el juego fantástico de Blizzard apuesta por el multijugador potenciado en esta ocasión por las virtudes de Nintendo Switch.

El port recupera la esencia del título lanzado en 2012, recopilando todas las expansiones en el mismo cartucho junto a otros extras exclusivos. Por ello, ¿cuáles son las virtudes que distinguen esta versión del resto de consolas?

Recuperamos el trillado argumento de la portabilidad. Cuidadísima versión, Blizzard se ha esforzado en transmitir perfectamente la experiencia Diablo en la consola híbrida. Sin nada que envidiar al resto de versiones, el juego se ejecuta de forma fluida en el modo portátil, no habiendo experimentado ralentización alguna incluso en momentos con picos de acción en pantalla.

La optimización del juego es envidiable. La longevidad acompaña en un port que la propia Blizzard aseguró “tener jugable en 9 meses” en la consola híbrida. Sin embargo, eso no resta mérito a los 60 fps logrados en ambos modos de juego: portátil y sobremesa. La experiencia de juego es suave y la tasa de frames acentúa la jugabilidad y la espectacularidad de los combates contra los jefes finales y grandes hordas de enemigos.

Sin duda su rendimiento en Switch es la mejor experiencia que nos llevamos del corto tiempo que lo hemos tenido en nuestras manos.

No se puede desmerecer sin embargo su profunda jugabilidad. Como buen RPG, Diablo III inunda el inventario con multitud de equipamientos, armas y puñados de hechizos y movimientos exclusivos de cada clase. Son muchas las configuraciones y posibilidades que ofrece para el jugador y poco el tiempo que tuvimos para indagar en profundidad, siendo uno de los aspectos en los que dedicar horas hasta dar con la clave, así como el farmeo se vuelve vital para ir obteniendo equipamiento decente contra los enemigos.

Una buena sinergia entre clases y un correcto equipamiento se vuelve fundamental de cara al multijugador. Estos aspectos anteriores se cristalizan en el cooperativo hasta cuatro jugadores. Una humilde cuadrilla de redactores fue el valiente grupo que montamos para explorar el infierno. ¿La experiencia? Insuperable.

El carácter local de Switch premia la vertiente multijugador de Diablo III. Sin duda la joya del título de Blizzard. Ninguna ralentización salvaje empañó la experiencia, donde además del online el multijugador puede extenderse a una misma consola y cuatro mandos. No hay excusas para derribar demonios en compañía.

Port sólido y bien ejecutado. Una escueta hora nos bastó para ver el potencial de Diablo III en Nintendo Switch.

La primera colaboración de Blizzard en la híbrida ha sido saldada, en unas primeras impresiones, de forma satisfactoria. La experiencia Diablo se mantiene e incluso se potencia con el carácter multijugador de Switch.

Especial recuerdo nos llevamos del inframundo gracias a la fluida experiencia, a destacar su modo portátil, que para nada debe envidiar a sus versiones hermanas. El estudio estadounidense apunta a sacarse un port mimado como el que más.

Diablo III llegará el próximo 2 de noviembre. Permaneced atentos a Revogamers, donde en breve retomaremos nuestro viaje.