La dura profesión de periodista.

A principios de mes llegó a la eShop de nuestras Nintendo Swtich sin previo aviso, sin decir hola siquiera, uno de los juegos de terror más aclamados de los últimos años. Lo cual ya es es extraño porque no se trata de un título cualquiera. Además nos llega por partida doble, y no solo lo decimos porque a finales de mes sale también su segunda parta, ya que viene acompaña de su expansión en el mismo pack. Lee un poco más y averigua que tan interesante puede llegar a ser Outlast.

Cruzando el umbral de la locura

Outlast es un juego de terror en primera persona. Encarnamos a Miles Upshur, un periodista independiente, que tras recibir un mensaje sobre comportamientos sospechosos en el Manicomio Massive decide introducirse en sus instalaciones, acompañado de su inseparable cámara. No tardamos en ver las peores y más horribles imágenes que una persona puede ver.

Las advertencias de imágenes violentas y mucho gore no son un aviso trivial, pues hay que coger de manera literal estas palabras. Outlast se aleja de la corriente que impregna el género en la actualidad y nos excluye de participar en esa violencia, haciéndonos víctimas de ella. Aquí no hay armas de ningún tipo ni objetos que podamos usar para defendernos de los enemigos.

Lo único que tenemos para sobrevivir son nuestras piernas, pues no serán pocas las veces que tenemos que salir corriendo para huir de los enemigos que nos acechan. Bueno, no solo tenemos piernas, también contamos (como buenos periodistas que somos) con una cámara en la mano y un bloc de notas donde Miles anota sus pensamientos sobre las imágenes más insólitas que recoge con su cámara.

Un buen objetivo

Nuestra cámara también es imprescindible para poder sobrevivir en este manicomio de auténtica locura en el que nos metemos en Outlast. No solo nos sirve para hacer nuestro trabajo de periodista sino que también es nuestros ojos ya que con ella podemos ver a través de las estancias más oscuras gracias a su modo de visión nocturna.

La cámara tiene una batería que se consume a medida que hacemos uso de ella, si utilizamos la visión nocturna se consume con mayor velocidad, por lo que tenemos que estar muy pendientes de cuando nos avise de que está próximo a agotarse. En este momento tenemos que cambiar la batería, las cuales encontramos repartidas estratégicamente por los escenarios.

Esta es una medida muy inteligente para no hacer de la jugabilidad un mero paso y dotar las partidas de algo más de tensión. Aun así tampoco hay que preocuparse mucho de esto ya que estas baterías no escasean siempre y cuando no se haga un abuso.

Miedo hasta con los ojos cerrados

En cuanto al apartado gráfico, si bien no es lo más impresionante que veremos en una consola pero si es bastante llamativo y cuenta con infinidad de detalles. La iluminación juega un papel importante en Outlast, ya que juega bastante con las luces y sombras. No hay nada más terrorífico, mucho más que los excesos de sangro que inundan los escenarios (un poco exagerado), que ver la sombra de uno de esos seres que quieren arrancarte la cabeza justo antes de doblar una esquina, o escuchar ruidos cuando pasemos por una habitación oscura.  Aunque también puede jugar a nuestro favor ya que nos permite escondernos en las sombras.

En el diseño se llevan la palma el diseño de los residentes del manicomio. Su retrato es desgarrador, mostrarnos personas totalmente deformes y de comportamiento errático debido a los abusos y torturas que han sufrido.

El apartado sonoro está muy conseguido y contribuye a crear una experiencia única. Es, junto a los efectos luminosos, la encargada de crear una atmósfera incómoda para el jugador, lo cual viene perfecta para dar unos cuantos sobresaltos al jugador. La atronadora música de persecución, los jadeos de nuestro protagonista tras pegarse sus carreras, los gritos de amenaza de los enemigos que nos persiguen o los murmullos que se escuchan de fondo por parte de los residentes son algunos de los matices a destacar.

Pasando ya a aspectos técnicos, Outlast corre de maravilla en Nintendo Switch. A pesar de su calidad gráfica no hay atisbo de ralentizaciones ni nada que entorpezca la experiencia. Si bien, al pasar a modo portátil se pueden apreciar una menor calidad en los efectos luminosos, en especial a los que se encuentran de fondo en el escenario.

Problemas en la grabación

Outlast es una gran experiencia y un soplo de aire fresco en el género pero cuenta con dos principales problemas que no le permiten ser perfecto. El primero de ellos es que no sabe subir escalones en cuanto a la experiencia que ofrece. Se podría decir que lo que encontramos en los primeros compases del juego es lo que nos vamos a encontrar en la totalidad de la aventura con muchas situaciones muy similares. En parte lo entendemos porque francamente Outlast empieza por todo lo alto y en su defensa podemos decir que la diversión no decae en ningún momento.

El otro problema que hemos encontrado es la presencia de algunos tramos algo lineales, pues muchas veces pasamos por pasillos estrechos de manera muy seguida, especialmente en los últimos tramos de la aventura.

Outlast es una experiencia de terror gratificante con un ritmo frenético que te deja sin aliento de la misma forma que el protagonista tras escapar de las garras de los enemigos que lo acechan. Los amantes del género están de enhorabuena porque encontrarán en Outlast una buena oportunidad para poner a prueba sus dotes de superviviencia en las situaciones más extremas y violentas sin temor de arrepentirse por su compra.

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