El homenaje a Metal Gear Solid que no quiso ir más allá.

Never Stop Sneakin’ es, muy probablemente, la mejor demostración de cómo realizar un homenaje sin caer en la copia. Pero es más, es la parodia y el halago, es casi una Infíltrate como puedas de Leslie Nielsen, pero también es una enorme decepción al no haber sabido llevar un paso más allá el enorme potencial que atesora.

Snake estaría orgulloso

Never Stop Sneakin’ es el resultado de la admiración de su creador por la obra de Hideo Kojima, algo que deja claro desde su soberbia, desternillante y sumamente bien realizada secuencia de introducción, al más puro estilo Metal Gear Solid 3, hasta el entorno gráfico elegido o la gran cantidad de los sonidos que oiremos, sacados casi directamente del primer Solid para la primera consola de Sony. Mención aparte para la canción principal del juego, la cual tiene poco que envidiar a la de Snake Eater.

El juego de Dean Dodrill, creador del beat ‘em up Dust: An Elysian Tail, es, además, toda una lección sobre cómo hacer un juego sencillo, divertido y, ante todo, fácil de manejar aunque nuestro personaje haga las más variopintas acciones, sin embargo como veremos más adelante, tanta automatización le acabará pasando factura enseguida, igual que su sencillez.

Pero empecemos por la simpática historia del juego.

Nos encontramos en el presente, más o menos, y el malvado Amadeus Guildenstern ha secuestrado a todos los presidentes de Estados Unidos usando para ello una máquina del tiempo.

¿El porqué? Guildenstern, por una carambola política, disfrutó del mandato unos 20 minutos y nunca ha olvidado esa sensación, por lo que busca convertirse en el único presidente de esta y todas las eras de la todavía joven nación americana.

Nuestra misión, como agentes del Departamento de Infiltración que somos, será la de introducirnos en territorio enemigo para así rescatar a los rehenes que Amadeus ha secuestrado para trazar su malévolo plan y de paso “tomar prestadas” varias piezas para construir nuestro propio cuartel general y nuestra propia máquina del tiempo con la que acabar con él.

Lo mejor de la ya de por sí hilarante historia serán, no obstante, los constantes comentarios, sobre todo los proferidos por el Major Milestone, nuestro Coronel Campbell particular, el cual no se entera de nada pero siempre está dispuesto a dar lo mejor de sí.

Jugando con una mano… o con un dedo

Never Stop Sneakin’ se maneja solo con un dedo, ya sea a través de la pantalla táctil o, y esta será siempre la mejor opción, usando un joystick, izquierdo o derecho, es indiferente. Y aquí viene la primera pega: el juego no nos deja jugar con la opción de un solo Joy-Con en horizontal. Es incomprensible que no lo permita, y lo más parecido a esto será poner el modo de 2 Joy-Con, coger solo el derecho (por aquello de que hay que dar al A en los menús) y sujetarlo en vertical.

La segunda gran pega es algo que el juego arrastrará desde el primer minuto hasta el último de las 15 horas que puede durar la misión principal, único modo del juego.

Never Stop Sneakin’ es demasiado sencillo. Si movemos al personaje al lado de un enemigo (de los 3 que hay: guardas, cámaras y torretas) lo acuchillará automáticamente, si nos ponemos frente a un ordenador, lo hackeará solo, igual que abrirá las puertas que requieran clave o las taquillas repartidas por el escenario (otro guiño); ¿y si nos ven? Si por el camino hemos recogido balas, bombas de humo o bombas de pulsos electromagnéticos, también las usará el personaje por sí mismo al ser descubierto.

Otro aspecto que ensombrece un juego que podía haber brillado es el hecho de que las estancias, que siempre jugaremos desde una vista isométrica, se generan de manera procedural.

Esto quiere decir que nunca habrá dos pantallas iguales, cierto, pero sí prácticamente iguales, y muchas veces solo cambiará la textura de suelo y paredes, alternando entre una selva, una mina, una base normal, una zona nevada o un cuadracóptero gigante.

Lo peor es que ver una textura u otra no se corresponderá con cómo llevemos de avanzada la construcción de nuestra base, la cual irá pasando por una cueva, un bosque, un desierto y hasta el espacio, pero no será eso lo que veamos en pantalla.

Y es que como ya pasara en Metal Gear Solid: Peace Walker (y MGS: V), aquí también hay una base que construir, de hecho, ese es el leitmotiv del juego.

En todas las pantallas lo importante será llegar al final o rescatar al prisionero en caso de que lo hubiere, pero también será esencial recoger ESP, de espionaje, la moneda del juego.

Con los puntos de ESP iremos mejorando nuestra base y así avanzando en la historia. Para lograr más puntos se hará muy necesario el abrir todas las puertas que requieran de pase, pues es en estas salas donde se encuentran los potenciadores, lo cuales son muy diversos, habiendo multiplicadores de experiencia, mejoras de hackeo e incluso camuflaje óptico, entre otros muchos otros.

Y si los potenciadores son variados, no lo son menos los personajes seleccionables o las armas: 30 y 27 distintos respectivamente. Pero, lamentablemente, el cambio será solo visual, todos los personajes seleccionables se moverán igual y ninguno contará con habilidades extra y las armas servirán todas para lo mismo, aunque eso sí, siempre tiene más encanto ir con la cabeza y la pata de un saltamontes gigante que con la espada y pistola normales, o con dos peces, o con un perrito de globoflexia…

El ayer, visto hoy

Never Stop Sneakin’, como comentamos al principio, trata de imitar al clásico de PlayStation Metal Gear Solid hasta en el aspecto gráfico y vaya si lo consigue.

Gráficos de píxel gordo, manos que parecen cubos, texturas cercanas que cantan, bocas que no se mueven al hablar… Todo está buscado adrede y conseguidísimo.

Para quienes disfrutamos de las aventuras de Snake en su formato original, ver ahora esto hace que se nos salten las lágrimas de la emoción y del cariño puesto.

Pero no se queda el juego ahí, sino que lo muestra todo limpiamente e incluso se permite virguerías como cámaras lentas al acabar con los enemigos o efectos lumínicos de lo más actuales y que tan bien le sientan al conjunto.

Lo mismo podría decirse del apartado sonoro, con guiños, sí, y muy bienvenidos que son, pero también nuevos efectos y melodías que podrían pertenecer perfectamente a una producción mucho mayor.

Espiar no es tan bonito como lo pintan

Siendo un buen juego como es, da todavía más rabia que Never Stop Sneakin’ no haya querido ir más allá.

Tiene todos los ingredientes para ser un auténtico juegazo, pero te los muestra prácticamente todos en la primera hora del juego.

Buena jugabilidad, sí, pero la misma durante las 15 horas de partida. Usar un solo joystick está bien, pero haberle dado más enjundia a todo aunque hubiera sido añadiendo un solo botón de acción habría estado mejor. Da mucha pena ver una taquilla y no poder esconderte, o un jeep y no poder agazaparte debajo.

Héroes y villanos carismáticos, pero los jefes finales, que aparecen cada 3 pantallas y hay entre 6 y 15 pantallas por zona, son solo 5 y se repetirán hasta la saciedad. Para colmo, los enfrentamientos contra estos os resultarán fáciles del primer al último. En verdad todo el juego es fácil, personalmente no morí una sola vez. Aunque también influye que sea un crack, será eso. Y molesta, y mucho, el final tan abrupto que tiene, sin un más que esperado combate contra Guildenstern.

Tampoco habría estado mal añadirle un segundo jugador para un multijugador local, o algún modo extra, ya que si a la primera vuelta conseguís todas las apariencias y armas, que no será difícil, adiós incentivos.

En inglés, el cual no es necesario para avanzar pero sí si queremos pegarnos unas buenas risotadas con las conversaciones de los personajes.

Y sin embargo, te quiero

Never Stop Sneakin’ es, con total seguridad, mi primera gran decepción de 2018.

Es un juego que tiene todo para ser mejor de lo que es y sin embargo parece que no quiera serlo.

Si tan solo hubiera “copiado” un poquito más…

Da mucha lástima ver que un juego con ese humor, esa factura técnica y sonora y ese cariño no avanza, no explota. Es casi doloroso. Porque quieres seguir jugándolo cuando lo dejas porque es ágil y carismático, pero cuando lo retomas y ves que te toca hacer lo mismo por enésima vez, pero lo mismo, y vuelta, y «ahora empieza la fase con un enemigo frente a mí y de espaldas», y ahora a matar a este jefe por decimocuarta vez… Solo quieres que se acabe ya este sufrimiento.

De todas formas, si decidís haceros con él, que pese a la nota, es un juego muy recomendable para los fans de Snake, pero no lo juguéis muy seguido, en serio. Quizás si lo racionáis el regustillo sea mejor, quizás.