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Análisis de Monster Boy y el Reino Maldito

Son muchos los títulos a los que un tortuoso desarrollo les han acabado superando. Monster Boy y el Reino Maldito podría haber formado parte de este funesto club, con un itinerario poco llano y corriente. Resumiéndolo, tenemos un testarazo en la campaña de financiación de Flying Hamster II: Knight of the Golden Seed – el proyecto inicial de Game Atelier era esta secuela -, la vinculación con FDG Entertainment, el giro hacia el universo Wonder Boy con la colaboración de Ryuichi Nishizawa, varios rediseños y algún retraso. En total han sido cinco los años que han pasado para poder decir que ya está aquí.

Al margen de ello, su conexión con la citada saga puede resultar un tanto difusa, induciendo el nombre Monster Boy a error. Su elección es una solución a los problemas relativos de propiedad intelectual del título y sus diferentes denominaciones entre regiones. En consecuencia, pese a no llamarse Wonder Boy sí que cuenta con los derechos de todos sus elementos. Ofrecen, pues, un sucesor oficial en el que no faltan las referencias.

Sea como fuere, si algo podemos adelantar es que su espera ha merecido la pena. Ni todo este tiempo ha mermado el producto, convirtiéndolo en víctima de las expectativas, ni es desmerecedor de este universo. Y aunque las apariencias no lo son todo, es innegable que de primeras entra por lo ojos y los oídos.

Los Alter ego

Nada más iniciar Monster Boy y el Reino Maldito una excelente cinemática nos deja claras sus intenciones. No pocos jugadores podrán evitar rememorar las características secuencias de apertura de las series de animación de veinte años atrás. Ese agradable aroma nostálgico es perceptible y constante para muchos, pero tanto nuevos como viejos conocidos tienen garantizadas sorpresas.

Sin mayores dilaciones no tardamos en ponernos a los mandos para guiar a Jin, nuestro protagonista. El objetivo es ir tras su tío, quien después hacerse con una extraña varita mágica está poniendo todo patas arriba. Como parte de estos hechizos, las personas que se cruzan con él acaban transmutando en criaturas. Ya imaginarás que por ello no tienes que acostumbrarte a la apariencia de este joven muchacho de pelo azul. Él no iba a ser menos y, una vez nos hemos familiarizado con los controles, acaba llegando el cambio antropomorfo.

Monster Boy and the Cursed Kingdom

De igual manera que ya vimos en Wonder Boy III: The Dragon’s Trap, cuyo remake está igualmente disponible en Nintendo Switch, las mágicas mutaciones son un pilar fundamental. Contamos pues con varias criaturas en las que transformarnos, desbloqueándolas poco a poco, haciendo nuestro avance ameno y apremiante.

Esta variedad es muy remarcable, pues cada forma alternativa cuenta con unas características únicas, tanto en ataque como en desplazamiento. De igual manera, también lo es la facilidad para intercambiarlas en función de las circunstancias. No solo es un proceso fluido sino que la adaptación resulta intuitiva, no teniendo que pararte a recordar las diferentes singularidades.

Por ejemplo, mientras que con el cerdo podemos olfatear elementos ocultos y lanzar diferentes ataques mágicos, la serpiente es capaz de trepar por determinadas paredes, atravesar pequeñas brechas y escupir veneno. Incluso bajo el agua hay remarcables divergencias, formando parte de la diversión la indagación y ensayo ante algunos escenarios.

Metroid parece, Castlevania no es

La comentada alternancia favorece su fuerte componente metroidvania, alertándonos de algunos obstáculos que con una siguiente transformación podremos sortear. En este sentido cabe reseñar que Monster Boy y el Reino Maldito no es el más eminente y puro exponente del género, pero sí que ofrece en mayor o menor medida todos los elementos. El principal es su mundo abierto con numerosas y bien diferenciadas localizaciones e intrincadas conexiones. Tampoco faltan los puntos de control, restauración de salud y teletransporte.

Monster Boy and the Cursed Kingdom

Asimismo, la progresión conforma otro de los elementos que juegan un papel fundamental. Por un lado, la vida y diferentes habilidades pueden ir mejorándose gracias a determinados objetos escondidos en este mundo. Mientas que por otro, es posible adquirir equipamiento y consumibles con las monedas reunidas. Encontramos desde pociones a diferentes armas, armaduras, brazaletes o escudos. Mediante ellos, elementos como el ataque o velocidad pueden mejorarse y obtener de paso algunas bonificaciones. Y no solo esto, sino que ciertos objetos pueden aportarnos estratégicas ventajas en momentos determinados, teniendo que jugar con ello. Eso sí, no todos los personajes pueden ser equipados.

Vale la pena recalcar que este mercado de mejoras goza de una cierta profundidad que lo atavia y engrandece. Sobresale aquí el herrero, que posibilita potenciar nuestro equipo empleando para ello unas piedras especiales. Igualmente, más allá de estar divididas en función de lo que ofrecen, las tiendas se reparten y repiten por determinados puntos, sobre todo las destinadas a cuidar la salud y magia, y algunas se encuentran de manera más limitada y con catálogos exclusivos.

Cuidadosamente envuelto

Junto a las plataformas y acción, donde no escasean los caricaturescos jefes finales, tampoco faltan los puzles. Con mayor o menor sencillez, nos ha sorprendido su cantidad en Monster Boy y el Reino Maldito. Nuestro avance se toma con ello algún que otro respiro para que activemos correctamente algunos interruptores, localicemos varios objetos o combinemos correctamente las habilidades de nuestros personajes. Algo que se alinea con una creciente dificultad que, pese a ser en mayor medida asequible y justa, tiene algún desafiante pico, pero que no perjudica al resultado final.

Monster Boy and the Cursed Kingdom

Aparte de lo que la historia puede dar de sí, con un experiencia que ni es insuficiente ni llega a decaer, no faltan los coleccionables y una buena cantidad de elementos ocultos. El querer descubrir todos los secretos del juego puede estirar las horas, ofreciéndose el juego y género a ello. No obstante, sí que puede reprocharse un mayor cuidado en esta rejugabilidad que lo refuerce y, aprovechando de paso, ahonde más en su universo.

Sin lugar a dudas, el elemento que más sobresale en Monster Boy y el Reino Maldito es su apartado visual con diseños elaborados a mano. Algo que además juega a favor de su propio encanto y el enfoque desenfadado de todo su ecosistema, en especial con los simpáticos detalles que las animaciones nos regalan. Se nota el trabajo realizado en otorgarle personalidad y vida a cada elemento, diferenciándose enormemente las distintas zonas del juego.

Por si ello no fuese suficiente, la música refuerza aún más esta experiencia fantástica, en su doble concepción de género y calificativo. Prueba de ello es el equipo que han reunido con compositores como Yuzo Koshiro, Motoi Sakuraba y Michiru Yamane. Veteranos en cuyos extensos currículums figuran sagas como Castlevania, Shenmue, Golden Sun o Dark Souls.

Monster Boy and the Cursed Kingdom

Larga vida a Monster Boy

Es imposible no recomendar Monster Boy y el Reino Maldito a cualquier amante de las plataformas y la acción. Un título en el que, afortunadamente, la calidad y buen hacer han sabido sobreponerse a las adversidades y plantarnos un videojuego tan especial como su desarrollo. Evidentemente no es redondo, adoleciendo de un giro de tuerca que le termine de dar un significativo salto generacional, aunque logra en buena medida transmitir cierta frescura.

Resumen
El vuelo de un hámster acaba en Monster Boy y el Reino Maldito. Una memorable experiencia impregnada de encanto, con esencia metroidvania y sabor a clásico.
9
Genial
Escrito por
Player, amiibo de mis amiibo y miembro 1999 del club de fans de John Boy.

Este debate contiene 0 respuestas, tiene 1 mensaje y lo actualizó  Wences A. Machado hace 4 semanas, 1 día.

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