Tenemos que remontarnos hasta 2001 para hablar de Dynasty Warriors 3, el que es para muchos el mejor juego de toda la saga pues fue esta entrega la que definió como ninguna otra hasta entonces lo que debía ser un musou, con la diferencia de que todavía no éramos esas máquinas de matar casi inmortales como lleva años ocurriendo.
Por eso, que Koei Tecmo decidiera remasterizar este título fue una noticia tan aplaudida por los fans de un género que este mismo año ha sumado otro gran exponente como es Dynasty Warriors: Origins, aunque que al final haya sido casi más un remake que un simple remaster generó ciertas dudas.
Pero podéis estar tranquilos pues Dynasty Warriors 3: Complete Edition Remastered mantiene intacta la esencia de aquel clásico y, lejos de limitarse a mejorar sus gráficos, incorpora una serie de cambios que permiten disfrutarlo hoy sin renunciar a buena parte de su personalidad. Claro que no todo ha envejecido igual de bien.
Volviendo a los orígenes
Como ya sucediera en el original, volveremos una vez más a la China de los Tres Reinos, una época de guerras, alianzas y traiciones que Koei Tecmo lleva décadas reinterpretando a su manera. La historia sigue siendo más una excusa para enlazar batallas que un algo de lo que de verdad debamos preocuparnos en entender, pero siempre se agradece como hilo conductor, y las escenas se han regrabado para la ocasión.
Podremos escoger entre más de 40 oficiales, repartidos entre las facciones de Wei, Wu, Shu y otros personajes que no encajan directamente en ninguna de ellas. Cada uno cuenta con su propio conjunto de movimientos, armas y campaña, por lo que completar el modo Musou con un personaje no significa que hayamos visto todo lo que ofrece el juego.
Y es que buena parte de su encanto reside precisamente en desbloquear nuevos generales, descubrir armas y mejorar a nuestros favoritos. A ello se suma el contenido de Dynasty Warriors 3: Xtreme Legends, que amplía considerablemente el número de horas con nuevas historias, personajes, armas y modos de desafío.
Menos espectacular, pero más exigente
Como decíamos, la principal diferencia respecto a los Warriors actuales está en el propio combate. Aquí no basta con encadenar ataques especiales mientras cientos de enemigos desaparecen a nuestro paso, pues incluso los soldados rasos serán capaces de interrumpir nuestros combos y podrán complicarnos la vida si nos lanzamos contra ellos sin prestar atención a lo que ocurre alrededor.
Los oficiales enemigos también requieren más cuidado, especialmente cuando nos enfrentamos a algunos de los nombres más poderosos de la época. Habrá que vigilar el mapa, atender a las peticiones de ayuda de nuestros aliados y decidir qué objetivos conviene priorizar. No podemos estar en todas partes, y dejar que una unidad enemiga avance sin oposición puede terminar complicándonos una batalla que parecía controlada.
Es precisamente esa combinación de acción directa y cierta planificación, tampoco tanta, no es un juego de estrategia, la que hace que Dynasty Warriors 3 conserve su atractivo. Frente a la espectacularidad casi desmedida de Dynasty Warriors: Origins, aquí tenemos una experiencia más sencilla en sus controles y menos cinematográfica, pero que nos obliga a pensar algo más en nuestros movimientos.
Eso no significa que todo haya envejecido igual de bien. Los desplazamientos a caballo siguen siendo algo torpes, los arqueros pueden resultar molestos de más y determinadas misiones se hacen más pesadas de lo deseable. Y por supuesto la estructura de las campañas terminará repitiéndose a no mucho tardar, por mucho que cambiar de personaje permita descubrir nuevas armas y situaciones.
Se agradecen
La gran sorpresa de esta edición está en que Omega Force no se ha conformado con actualizar los gráficos. Podemos activar opciones como la esquiva, la guardia y los contraataques, además de modificar distintos aspectos del control para adaptar la experiencia a nuestros gustos. Quien quiera recuperar las sensaciones originales puede hacerlo mediante el modo clásico, mientras que quienes prefieran algo más cercano a las entregas recientes también tendrán aquí su sitio.
Asimismo se han introducido pequeños cambios que mejoran notablemente la comodidad y que, como en el caso de los controles, pueden activarse o desactivarse a nuestro antojo, como la recogida automática de objetos, diferentes ajustes relacionados con los ataques enemigos o la posibilidad de fusionar armas para transferir sus propiedades a la resultante.
Por supuesto, hay elementos que siguen siendo los de entonces, incluidos algunos diálogos y secuencias que hoy pueden resultar casi hasta cómicos y que únicamente escucharemos y leeremos en inglés, japonés, coreano o chino. La banda sonora, por su parte, continúa manteniendo buena parte de la personalidad que convirtió a esta entrega en la favorita para muchos aficionados.
Presentando batalla donde nos dé la gana
En Nintendo Switch 2, la recreación de los campos de batalla y la cantidad de enemigos que aparecen en pantalla es meritoria, especialmente teniendo en cuenta que el juego se ha reconstruido con Unreal Engine 5, que ya sabemos cómo se lleva con la consola. De hecho y sin ser un punto excesivamente negativo, el apartado técnico no termina de acompañar siempre a un proyecto más ambicioso de lo que cualquiera esperaría por ser etiquetado como remaster.
Las texturas y algunos elementos visuales siguen delatando el origen del juego, pero los modelados de los personajes, los escenarios y sobre todo la nueva iluminación sí logran acercarlo a los tiempos que corren, claro que sin florituras ni alarde alguno.
En cuanto al rendimiento, esencial en un musou, en modo dock y a 1440p, los 60 fps son casi estables en todo momento, salvo alguna ligera caída no excesivamente reseñable cuando la pantalla se llena de enemigos y efectos varios. En portátil se reducen ciertos detalles gráficos y se aprecian dientes de sierra, quedándose la tasa de fps alrededor de los 40. Lo que tampoco complicar el masacrar batallones enemigos.
De hecho y por fortuna, esta remasterización con alma de remake conserva uno de sus mayores atractivos, que no es otro que permitirnos combatir contra auténticos ejércitos sin que la acción pierda su escala. También regresa el multijugador local para dos jugadores, una característica que se agradece enormemente y que encaja perfectamente con una propuesta pensada para disfrutar sin demasiadas complicaciones.
El musou (casi) original
Dynasty Warriors 3: Complete Edition Remastered no es una revolución ni pretende competir con Origins en espectacularidad o profundidad. Su mayor virtud consiste en recuperar una entrega muy querida de la saga, conservar aquello que la hizo especial e introducir suficientes mejoras para que volver a ella resulte mucho más agradable.
Quedan aspectos técnicos que pulir y arrastra ciertas limitaciones propias de su época, pero el resultado es una edición muy recomendable para los veteranos y una oportunidad estupenda para descubrir cómo empezó a tomar su forma actual uno de los géneros más reconocibles de Koei Tecmo.



