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Mi vida hasta ahora en Animal Crossing (antes de la actualización)

Muchos habréis cumplido ya un mes con vuestra copia de Animal Crossing: New Horizons en casa y seguro que cada uno tiene una historia diferente que contar con él, y eso es precisamente lo que hace único a este juego, sus casi infinitas posibilidades que pronto lo serán aún más con la actualización que ya está prácticamente aquí.

Esto es lo más remarcable que hemos hecho nosotros en poco más de un mes en una isla rebosante de vida y rincones que descubrir.

Por supuesto, el principio fue igual para todos, teniendo más o menos suerte a la hora de dar con los vecinos que nos acompañaron en los primeros y duros días en la isla desierta que acababa de ser habitada.

En Animal Crossing: New Horizons hay que trabajar para pagarnos todos los caprichos o bien recolectar los materiales necesarios para llevar a cabo los proyectos que ya sepamos, de ahí que celebremos que siempre haya algo por hacer. Es increíble cómo, en nuestro caso, hemos generado una rutina alrededor de este juego consistente en mirar el correo, buscar los fósiles, recolectar fruta, saludar a quienes nos encontramos en el camino, vender algo y comprar otro poco, no faltando nunca la visita a la tienda Hermanas Manitas.

¿Y todo ello para qué? Al principio lo hacíamos básicamente por el sueño americano. Nos moríamos por tener una casa más grande, un jardín más frondoso y todo lo que el capitalismo pudiera ofrecernos, sin embargo, no tardamos en darnos cuenta de que había mucho más. La felicidad, como la verdad según Fox Mulder, está ahí fuera, con los vecinos que poco a poco han ido viniendo a este ya hogar, y por ellos decidimos poner la isla de punta en blanco; por ellos y por todos los amigos que hemos hecho en estas pocas semanas.

Es delicioso ver cómo Animal Crossing: New Horizons ha creado en torno a sí una comunidad tan sana y agradecida, aunque ahí está el tema de la compraventa de nabos… pero nada demasiado alarmante. Abrir tu isla, poner el pin en cualquier red social y ver cómo viene gente de todas partes del mundo siempre con algo bajo el brazo y si no siempre con un bonito gesto nada más desembarcar es un gustazo, tanto, que por ellos nos hemos esmerado en crear diferentes espacios en la isla. Sí, puede que hayamos descuidado un poco nuestra propia casa, pero aun así seguimos teniendo en esta todo lo que necesitamos y mucho más. La hipoteca ya hemos acabado de pagarla, eso sí, por lo que el dinero ya ha dejado de ser una preocupación, aunque por alguna extraña razón siempre queremos más y más bayas. Y más.

Aunque quisimos que todo fuera más orgánico, al final, el hecho de que la isla sea un lienzo en blanco, ha hecho que terminemos por mover la flora a nuestro antojo, quitando de aquí, poniendo allá y organizando un poco todo para poder recolectar fruta de una manera cómoda así como crear flores híbridas con relativo éxito, aunque aún nos faltan unas cuantas variedades. Tampoco tenemos prisa, es un juego para disfrutar años.

Como gustamos de practicar deporte, sobre todo al aire libre, no dudamos en hacer un campo de fútbol con unas vistas maravillosas y una pista de vóley playa, ¡con juez y todo! Incluso el barrio obrero (sí, hay uno obrero y otro más pudiente) cuenta con un par de canastas para practicar tiros libres. Y si lo vuestro no son los deportes en equipo, siempre podéis tonificar el cuerpo en el gimnasio junto al mar. Muy Muscle Beach, ¿verdad?

Lo bueno del barrio obrero es que celebra más fiestas que el otro, sobre todo temáticas, y además tiene mejor acceso al museo, un sitio en el que tirarse horas disfrutando de la descomunal variedad de fauna y fósiles de nuestro pequeño pedacito de tierra. No hay día que no vayamos a ver al bueno de Sócrates y no peguemos nuestros rechonchos dedos al cristal observando las criaturas que hemos capturado y por supuesto donado al museo en pos de la ciencia. Además, escuchar a Sócrates dándonos información acerca de los bichos que le llevamos no tiene precio. Si es que, qué malos somos.

Por contra, el barrio rico, asfaltado totalmente, con alumbrado público, alcantarillado (ojo ahí) y acceso peatonal a la playa y al paseo marítimo, tiene más cerca la zona de tiendas (esperemos que pronto se amplíe) así como la zona lounge, donde pasamos atardeceres y noches contemplando estrellas fugaces, escuchando la cascada y la fuente natural o por el contrario la música que pincha el DJ el día que toca fiesta. Siempre, por supuesto, ataviados para la ocasión. Si hasta nos cambiamos y apagamos las luces al irnos a dormir (y guardar partida).

También les queda cerca el cementerio. En en Animal Crossing: New Horizons hay cabida para todo y una zona así no podía faltar. En cierta manera tiene su encanto, macabro, pero encanto. Seguro que vosotros habéis visto también algún fantasma; de algún sitio tenía que salir.

Claro que también hemos viajado, y mucho. Hemos ido a ver a Fauno varias veces y nos hemos hecho fotos chulísimas, aunque deberíamos hacernos más, pero sobre todo hemos viajado a vuestras islas, ¡y qué chulada! Animal Crossing se retroalimenta; las ideas vistas en otra isla son adaptadas luego en la tuya pero con resultados siempre de lo más variados, y combinando esto con aquello… ¡pum!, nuevo proyecto. Ostras, pues igual esto puedo ponerlo aquí, claro que para que me quede bien tengo que quitar esta piedra o hacer más pequeño este río… Y vuelta a empezar.

La variedad es abrumadora, y como empecemos a tirar de diseños podemos no acabar nunca de descargar vestidos, camisetas, gorras, sombreros (o postres, según se mire) o patrones para poner en el suelo. La imaginación que tiene la gente… y lo que nos inspira al verlo, o al ver al resto de aldeanos trabajando en sus pequeños talleres, los muy majos.

Esa es otra. ¿Vosotros también habéis desarrollado lazos afectivos con vuestros vecinos? Nosotros nos hemos descubierto sintiendo lástima porque algún habitante nos ha anunciado su marcha, aunque siempre les hemos animado a la aventura; otros vendrán en su lugar. Más amigos, más diversión, porque los que se van del pueblo nunca nos dejan del todo. Al final llega una carta suya o nos acordamos de aquel jersey deshilachado que nos dio… Claro que a otros no los tragamos ni con agua, pero hacer la puñeta también es un arte, y el juego se presta a ello. Agujero por aquí, cartel con su cara tachada por allá, ahora te pongo un cercado con espino rodeando tu casa…

Al final, todo es una broma y acabamos saludando al susodicho e incluso regalándole algo de vez en cuando, total, se nos ha pasado el cabreo yendo a pescar bajo un cielo estrellado con una preciosa luna (que crece y mengua de forma realista) como testigo. También tiene culpa de nuestra sonrisilla perpetua esa música que cambia a cada hora; ¿cómo sabe cuál es nuestro estado de ánimo en cada momento del día? Claro que jugando a New Horizons nuestro estado normal es relajado, del que solo salimos cuando vienen amigos a vernos, que pasa a jovial, o cuando llega Totakeke y logra que, por un momento, todos nos reunamos en armonía en torno suyo y entendamos realmente que esa era la finalidad de todo esto.

Escrito por
Señor Bichos para ti.

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Este debate contiene 0 respuestas, tiene 1 mensaje y lo actualizó  Marcos Catalán hace 1 mes, 1 semana.

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