Pinceladas de vida

Encender tu Nintendo Switch puede suponer un viaje hacia mundos fantásticos. A veces simplemente nos evaden de la realidad o sirven como medio de ocio. Otras veces nos cuentan la historia de personajes apasionantes, estimulantes e incluso necesarias. Old Man’s Journey nos invita a emprender un viaje sobre la vida, en donde la ausencia de pretensiones y su dibujos nos marcan el camino.

El cartero no llama dos veces

Esta historia comienza tras recibir una carta por parte del cartero. Tras leerla, nuestro anciano protagonista, no duda ni un segundo en dejarlo todo y preparar su mochila para embarcarse en el auténtico viaje de su vida.

Esta aventura está dividida en 15 etapas o capítulos. En los cuales tenemos que cruzar de principio a fin a través de varios paisajes. Estos paisajes están dibujados a mano y son realmente preciosos y llenos de detalles, lo que hace aún más llamativo sin interactividad. Al final de cada etapa nuestro anciano se para a descansar en un banco, momento en el cual emana de su mente una imagen reveladora.

Imagen reveladora

Estas ilustraciones, que son la esencia de los recuerdos de nuestro protagonista, son el preámbulo para descubrir el contenido de esa misteriosa carta. Destacamos en Old Man’s Journey su narrativa, pues estos recuerdos se compaginan con los paisajes que hemos atravesado creando un puente entre el presente del anciano y su pasado.

Nos hace sentir felicidad, tristeza, desasosiego e incluso esperanza sin utilizar una simple palabra. Conseguir esta proeza no sería posible sin unos valores artísticos espléndidos y es que ese es el punto álgido de Old Man’s Journey. Imagen y sonido se unen para crear una obra de características únicas.

¿Terremoto?

¿Pero cómo podemos hacer que este cansado anciano cruce estos amplios y profundos paisajes por sí mismo? Fácil: moviendo los diferentes planos del terreno para crear un camino de la nada de tal manera que el anciano no tenga dificultades en su periplo.

Esta es la base del juego, desplazamos al anciano mediante la clásica mecánica de click and point a través de las diferentes superficies del escenario siempre y cuando estas estén unidas en un punto común. Para ello, elevamos, descendemos o inclinamos los distintos planos del escenario hasta unirlos. Pero existe una condición. Podemos mover los diferentes planos siempre y cuando el anciano no se encuentre sobre ellos.

No convence

Old Man’s Journey posee unas cualidades innatas que se aprecian a simple vista, pero también encontramos varios inconvenientes. El primero de ellos es su corta duración, pues conocer el destino de este entrañable anciano nos ha llevado poco más de una hora con nulas propuestas para su rejugabilidad.

Otra pega, y esto es más subjetivo, reside en lo que Old Man’s Journey quiere contarnos. No es una historia novedosa y, aunque está contada con gracia, no es tan compleja ni completa como otras obras (la más inmediata que se nos viene a la menta es la magnífica Up). Incluso podemos decir que resulta predecible a mitad del recorrido.

Y el último problema pero más grave de todos: la jugabilidad en Old Man’s Journey es muy limitada. La fórmula jugable es plana. Mover los diferentes planos de cada paisaje para crear un camino para nuestro anciano puede parecer interesante en un principio, pero una vez pasado el efecto novedad se convierte en algo monótono y sin chispa. También es cierto que realiza un par de intentos para romper con la rutina pero su escasa dificultad hace aguas la oportunidad.

Old Man’s Journey es un historia de nostalgia, perdón y esperanza, que nos enseña que ni tierra, mar o aire son barreras para conseguir una segunda oportunidad si nos esforzamos en ello. Nos resulta difícil recomendar este título, que funciona más como una pequeña experiencia que como un videojuego al uso, ya que la relación precio-contenido no está lo suficiente equilibrada.

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