Super Meat Boy fue una auténtica revolución de los juegos indie cuando las tiendas digitales daban sus primeros pasos. Su desafiante planteamiento y sencilla jugabilidad fue también clave para ver con buenos ojos las altas dificultades, cuando los juegos comenzaban a a acompañar a los jugadores de la mano. Super Meat Boy 3D quiere cautivar de nuevo con esas mismas bases.
Pasos ensangrentados
Comenzó siendo un juego flash, dio el paso a algo más serio y explotó en fama. Super Meat Boy 3D realmente cambia poco las reglas del juego original apostando por unas posibilidades acotadas para el jugador pero con grandes dosis de complejidad para conseguir dominarlo. Una filosofía inherente a los títulos de los 80 y 90 donde, con infinidad de limitaciones técnicas, sacaban a relucir ingeniosas formas de resolver, mediante el diseño más básico, situaciones diferentes que apostaban por exprimir sus mecánicas.
Hemos visto y oído demasiadas veces aquello de la dificultad artificial para hacer que aquellos productos prolongaran su vida útil pero Super Meat Boy 3D no es así. Aquí todo es tan orgánico como su protagonista, un trozo de carne que deja a su paso huellas de sangre. Una simbología del duro camino del aprendizaje que nos acompaña intento tras intento por sus niveles de unos pocos segundos de duración. Porque tanto el título de Suggerfly como el original de Team Meat propone morir y morir cientos de veces hasta superar sus pasillos de trampas mortales.

La curva de aprendizaje, a pesar de su exigencia, está muy bien medida.
Porque al caer, reaparecemos al instante al inicio de nivel creando un bucle jugable de adicción y perfeccionamiento clave para no soltar los mandos. Y es que Super Meat Boy 3D funciona por un exquisito diseño de niveles que, a pesar mostrar todas sus cartas mortales sobre la mesa, se sienten accesibles y sobre todo posibles. Cada intento nos hace ver que estamos cerca de conseguirlo, de lograr ese salto en al que siempre caemos. Esa es la clave que demuestra su éxito de hace más de una década y que intenta replicar, ahora, con las tres dimensiones.
Pero a pesar del salto, el título se siente igual de cómodo a los mandos, igual de sencillo en su complejidad y a la vez tan accesible como siempre. No hay giros de cámara, zooms y otras parafernalias. Simplemente una estructura lineal por la que avanzar, como pueda ser la de Super Mario 3D World, que añade una nueva capa jugable por la profundidad. Hay saltos, dash, culatazos y rebotes por las paredes. Nada más. Nuestra habilidad contra todas esas plataformas pensadas estratégicamente para impedir nuestra victoria.

Al completar cada nivel vemos una repetición con el recorrido simultáneo de los últimos intentos.
Una y otra vez
Con una estructura de fases divididas por mundos de lo más tradicional, Super Meat Boy 3D apuesta por nuestra constancia y superación y premiarnos por ello. Ya hemos dicho que los niveles son pruebas milimétricas de pocos segundos, morir es solo un paso más para conseguir finalizar un nivel y al hacerlo aparecemos en el siguiente. El juego sabe que queremos jugar. Queremos saltar y mejorar. Por eso mismo en todo momento tenemos el crono junto a nosotros mostrando un tiempo objetivo en cada nivel.
Si conseguimos rebajarlo se nos premia con un A+, una marca que sirve para alardear pero también para desbloquear una versión del nivel alternativa en el Dark World. Misma base en el diseño pero con trampas por doquier solo para los más diestros. También hay pergaminos ocultos en cada uno, un buen puñado de personajes a desbloquear con sus propias características (una albóndiga saltarina, un zombie de mayor estatura, una versión huesuda de nosotros mismos más veloz…) y… fases todavía más secretas.

Los jefes se presentan con escenas CGI.
A estas se acceden desde los lugares más insospechados del nivel y nos transportan, por ejemplo, a una fase dedicada a nuestro amado Blast Corps, una de las grandes joyas de Rare para Nintendo 64. ¿Hay más? La carrera para rescatar a nuestra querida Bandage Girl de las manos del Dr. Fetus muestra su colofón en forma de unos jefes finales estupendos con pruebas de habilidad todavía mayores que los niveles convencionales donde nos tenemos que dedicar a esquivar todos sus intentos para evitar cortarnos en pedacitos.
Super Meat Boy 3D también cumple en lo técnico y sonoro. Su metalera banda sonora hace que el bucle jugable no decaiga, las pisadas de Meat Boy son claves para afianzar cada movimiento y se acompaña de una correcta labor visual. Encontramos algunas caídas de fluidez en entornos más grandes y detallados y si lo jugamos en modo portátil habrá que agudizar la vista en más de una ocasión pero su control es perfecto, con algunas opciones para hacerlo más accesible interesantes, que no hacen más que redondear un producto muy fresco tantos años después.

La complejidad visual es mayor de la que aparenta.
Versión del juego analizada: Nintendo Switch 2 (1.0.2)