Ya hemos visto varios títulos que juegan con los colores visibles en pantalla para usarlos en sus puzles o avances, como Runbow o Hue. Colorbound, nacido en una jam, busca ofrecer esa idea en niveles cortos contenidos apoyado por una historia emotiva que además nos da la propia ambientación del juego.
El último regalo para el abuelo
Colorbound nos sitúa en el mundo andino, manejando al pequeño Anku, cuyo abuelo Eloy acaba de fallecer. Tras descubrir que Eloy formaba parte de una banda de música tradicional que se acabó separando, nuestro protagonista decide darle una alegría a su abuela (y al difunto) y conseguir que el grupo al completo toque una vez más frente a su tumba. Para ello va a recorrerse lo que haga falta en un viaje que sabe ofrecer esta narrativa de manera discreta pero activa, combinando muchas emociones por el camino.
La historia sirve para darnos una razón para la estética, la música y el progreso, y lo hace bien. Ahora, cuando nos ponemos a jugar la estructura se divide en fases, siendo cada grupo de las mismas uno de los viajes del pequeño Anku. En estos niveles tenemos que llegar hasta la meta con la capacidad de saltar. Simple, pero se añade una capa extra de profundidad, y es que tenemos que coger colores de cada nivel y utilizarlos para así poder llegar a esa meta que generalmente está inaccesible.
Cada color que cogemos solo se puede utilizar una vez, por lo que hay que pensar bien, evitando así basarse en estar haciendo distintas combinaciones una y otra vez. Cuando utilizamos un color, podemos hacerlo en cualquier parte del nivel, ya sea un árbol, el suelo o incluso el fondo. Cuando lo hacemos, ese elemento pasa a estar dibujado en ese color, y eso lo cambia todo, porque si ahora una plataforma es del mismo color que el fondo, ya no aparece y se puede atravesar. De la misma forma, colorear una zona puede hacer que pase a ser un punto en el que apoyarse.
Colorbound, pinta y colorea
Una vez que entendemos la base, el juego añade más capas. Cada uno de los colores tiene asignadas una serie de propiedades que modifican los elementos que pintamos, pudiendo afectar a su peso o hacer que floten. Y lo bueno es que siempre podemos deshacer la última acción, por lo que si nos equivocamos no hay que repetir todo el nivel. Estos niveles son generalmente cortos, y eso hace que sean muy entretenidos de jugar y sea fácil dejar la partida a medias, en un viaje que puede llevarnos más de 5 horas, y basatante más incluso si queremos sacarlo todo.
Porque en algunos niveles hay llamas (el animal) escondidas, y por cada una que encontremos desbloqueamos un nivel opcional más complejo con nuevas mecánicas, como montar a la llama, en el que tenemos que llevarlas de vuelta con su dueño. Superadas estas fases, desbloqueamos otras todavía más complejas. Y sí, hay algo de sentido en la narrativa y una recompensa por completarlo todo, siendo un “regalo” para los que van más allá de superar la historia.
Eso sí, quizás tanto puzle pueda no convencer al que pensaba que la parte plataformera era la principal. Y por ello el juego incorpora un sistema de pistas si una zona se nos resiste algo más de la cuenta e incluso la capacidad de poder saltar el nivel si incluso con eso no somos capaces e intentarlo luego más tarde. Lo bueno es que al final queremos completar todo por nuestra propia cuenta, porque el juego ofrece un buen reto sin ser demasiado duro, y además cuenta con una buena variedad en sus niveles, como algunos que nos obligan a que una persona que no puede saltar llegue hasta el final u otros que beben de Color Picross para crear formas.
Colorbound es una apuesta directa y seguramente uno de los grandes del género de puzles del año. Su estilo pixelado es colorido y bonito y parece un dibujo, y su música encaja muy bien para meterte de lleno en la sensación de viaje y de la cultura de Los Andes. Accesible, variado y colorido, cuando lo terminemos vamos a estar satisfechos a todos los niveles: mental, narrativa y de diseño.
Versión analizada: Nintendo Switch 2 (1.0.1)

