Tras enamorar al mundo con Shovel Knight (al que hemos visto en diversos spinoffs y cameos),y apadrinar Cyber Shadow, Yacht Club Games llega con su segundo proyecto original, Mina the Hollower, un homenaje a los Zelda de Game Boy. Y nos llega además con una traducción al español fantástica.
Mina the Hollower: GBC pero moderna
Mina es una vaciadora, lo cual la hace ser la ratona capaz de arreglar varios generadores de chispas (que serán las mazmorras del juego) que ella misma ayudó a construir para que la sociedad viviese en mejores condiciones. No se trata de una reparación rutinaria, sino que parece que esas mismos generadores ahora están liberando una plaga. Toca investigar qué está pasando realmente y pasar un par de decenas de horas en una aventura que busca transportarnos a otra era.
Tenemos muy claro que al igual que Shovel Knight bebía de Mega Man, Mina lo hace de los Zelda de Game Boy Color. Sin embargo, también incorpora elementos de los metroidvania más modernos, lo que se traduce en tener objetos equipables para adaptarse a nuestro estilo (o dificultad) y aspectos que podríamos considerar propios de los Souls, como tener que recuperar “el alma” si nos matan y no queremos una penalización, una dificultad algo más elevada, o combates en entornos semicerrados que nos obliguen a dar muchos golpes y esquivar.
El desarrollo está dividido en diferentes zonas de un mundo entre las que nos podemos mover, en las que se encuentran las torres de los generadores que debemos reparar. Como suele ser habitual, al final de cada zona nos espera un jefe, vamos a tener desafíos de puzles temáticos y jugabilidad propios de la misma, y nos espera hasta un pequeño minijuego para arreglar la torre.
Mina the Hollower no nos pone pintura amarilla ni marcadores. Nos suelta y nos hace protagonistas de los descubrimientos que hagamos, pero también sabe darnos pistas de la mejor manera posible: hablando con personajes. Esto permite que podamos ir a jugar a “lo libre” o premiarnos de alguna manera por tener conversaciones con la gente de la isla para que nos den pistas (y de paso trasfondo para cada uno de estos personajes y algunas secundarias, y eso se agradece para darle fuerza a su mundo).
Se siente moderno, pero huele a retro
Su parte de combate se basa en un arma principal y otras secundarias cual Castlevania. La principal la elegimos al inicio del juego entre tres opciones, pero posteriormente desbloquearemos más opciones y podemos cambiarla en ciertas zonas habilitadas para ello. Cada una tiene sus ventajas y, aunque somos fanáticos de las espadas duales, es cierto que la ofensiva del “látigo” y su movimiento se sienten poderosos.
Pero también podemos saltar (sin necesidad de pluma) y eso nos permite realizar la acción especial de Mina: el soterramiento. Si continuamos después del salto pulsando el botón – y la superficie lo permite – podemos meternos debajo de tierra durante unos momentos, y con ello esquivar ataques, cruzar por debajo de algunos muros, levantar desde abajo algunos objetos y, como es habitual, resolver puzles y encontrar secretos. Y quizás esta es una de sus fuerzas y lo que más nos recuerda a los juegos clásicos: que su mecánica principal sepa ofrecer diferentes situaciones en cada momento sintiendo casi como si tuviéramos una habilidad nueva.
El juego destaca sobre sus inspiraciones en el ritmo. Las “transiciones” entre pantallas, las batallas, la exploración por el mundo… todo es mucho más ágil aquí y hay menos vueltas innecesarias. Y en Nintendo Switch 2, a 120 fps, todavía más. Y es ese ritmo y esa sensación de exploración de “ver qué hay un poco más allá” lo que nos hará jugar y jugar más de lo que podríamos esperar.
Puesto que su inspiración está clara, el juego utiliza un pixel art y una paleta de colores base que busca emular a Zelda Oracle of. Pero eso es solo la base porque a la hora de la verdad hay muchos más colores, assets, fondos cargados y algunos detalles más. Es, básicamente, llevar a tu imagen la idea que tienes de cómo eran esos juegos (como lo que el HD-2D hace con los RPG de Square-Enix). Con su música ocurre lo mismo. No en vano está detrás Jake Kaufman, habitual en trabajar con sonidos que suenen propios de la era de SNES y GB desde el primer Shantae. Aquí sabe aportar un tono gótico y marchoso acompañado de sonidos que sí que nos meten de lleno en la época de la portátil por excelencia de Nintendo.
Mina the Hollower es, sin lugar a dudas, una oda al pasado pero que sabe sentirse actual al mismo tiempo. Carisma, tiempo respetado y una agilidad a la hora de jugar hacen que este juego pueda convertirse en uno de los mejores del año, y demuestra que su estudio entiende muy bien lo que supone el amor por lo retro y traer ese tipo de experiencias a la actualidad.
Versión analizada: Nintendo Switch 2 (1.0.2)

