¿Sabías que la precuela de este Tomodachi Life: Una vida de Ensueño, fue uno de los títulos más vendidos de Nintendo 3DS? ¿Y que además fue especialmente exitoso en nuestro país? Quizá no sabes muy bien de qué va, y es hasta normal incluso después de jugarlo, pero sí hay un concepto que brilla, universal e inherente a él, es uno que echábamos mucho de menos: los Mii.
Capitanes de otra vida
Tomodachi Life: Una vida de ensueño va más allá de ser un título al uso. Al menos no es un nuevo Animal Crossing:New Horizons – Nintendo Switch 2 Edition o Pokémon Pokopia como pueda parecer a simple vista. La idea es mucho más liviana, mucho más conceptual y también mucho más “cotilla”. Nuestro rol no es manejar a ningún personaje, de hecho somos el capitán de esta tripulación social. Somos el creador de esta vida de ensueño para los personajes nacidos en la vetusta Wii. Les damos vida creamos, los cogemos cual muñecos como si fuéramos una especie de Dios y vemos que ocurre.
Eso es ni más ni menos la idea de Tomodachi Life: Una vida de Ensueño: contemplar cómo se interrelacionan los Miis que depositamos en esta isla virtual y ayudamos, de algún modo, o empujamos a que actúen de ciertas formas. Entre ellos. De forma particular. De todas las formas imaginables. Algo así como una porción de la idea más pura de lo que pudiera ofrecer Los Sims de EA. Aquel simulador de vida que revolucionó la industria y que todavía sigue en marcha con miles de jugadores activos. Precisamente la parte fundamental del juego de Nintendo, o donde marca su factor diferencial, es en el uso de los Mii sobre aquella base.

El editor es mucho más completo que nunca y su estilo visual más interesante.
Un renovado editor respecto al que vimos en 3DS y mucho más completo que el original de Wii sirve de punto de entrada y conexión para sentirnos cercanos a Tomodachi Life: Una vida de Ensueño. Podemos usar de un Mii ya creado y editarlo o directamente optar por una nueva creación. Hay más peinados, ojos y detalles para personalizarlo, e incluso una herramienta de dibujo por si queremos ir más allá al detallar una cara, accesorio o cualquier cosa que se nos ocurra de la cabeza. No es más que algo estético para que nos haga más partícipes de los personajes que serán los verdaderos protagonistas de esta historia.
Porque el siguiente punto es lo realmente clave: su personalidad. La gracia está en crear personas de nuestro alrededor, de nuestro círculo más cercano o personajes reconocibles que sean importantes para nosotros. Indicar su parentesco real (padres, hijos…) además de su forma de actuar (introvertidos, alegres, expresivos…) e indicar su edad (y si envejecen) para limitar las relaciones o interacciones entre ellos. No hay nada +18, por supuesto, pero quizá no está bien visto que un niño se busque novio en la isla. El caso es que esta definición generará la forma de ser de cada Mii y a partir de aquí el juego hará lo que tiene que hacer.

¿Querrás que vivan tantas personas en una misma casa?
La isla de las interacciones
Una vez creado un Mii se le asigna una casa que podemos colocar y decorar para que el juego nos lleve de la mano los primeros pasos mientras añadimos más personajes al juego para abrirse posibilidades nuevas como tiendas de ropa, reformas o alimentación. Porque los Mii necesitan comer y ser felices, sobre todo esto, que es al final el gran objetivo del título. Hacer que evolucionen como personas, podamos darles más rasgos de personalidad para que sucedan cosas inverosímiles entre ellos. Que generen situaciones que nos hagan sonreír y, por qué no, felices también.
Porque los Mii que dejamos en la isla no saben quienes son pero si hemos añadido, por ejemplo, a nuestros padres e indicado que son pareja en la vida real, sus reflejos en el juego tenderán a “conectar”. Pasarán tiempo juntos, hablarán de lo que nosotros queramos que hablen (de forma muy genérica) y se enamorarán con secuencias de lo más divertidas e inesperadas que buscan nuestra sonrisa. Y es precisamente ese tipo de bienestar de lo que ocurre en pantalla lo que busca Tomodachi Life: Una vida de Ensueño. No quiere otra cosa y, lamentablemente, pasada esa sorpresa inicial se va diluyendo poco a poco parte de nuestra motivación con el.

Podemos decorar la isla a nuestro gusto y además crece cada vez más.
Y es lo que busca en realidad. En ese sentido conserva la filosofía de la Touch Generation iniciada en Nintendo DS donde querían buscar recurrencia en el juego mas que dedicar mucho tiempo a él de una sentada. Volver unos minutos al día para ver qué ocurre en la isla, a sabiendas que el tiempo transcurre a la par que en la vida real y por tanto la forma de actuar de los Mii en función de si es de día o de noche. Hay algunos minijuegos que los propios personajes nos proponen eventualmente que van en la misma línea de generar sonrisas más que de buscar un reto. Tan sólo crear momentos divertidos.
El edificio comunitario visto en 3DS pasa a ser una isla con mayores posibilidades pero sin volvernos locos. No hay ninguna novedad rompedora por lo que si jugaste al original aquí tendrás un más de lo mismo. Además no hay versión nativa para Nintendo Switch 2 y aunque mejora la resolución en ella, deja pasar la oportunidad de usar el modo ratón (el juego nació para ser táctil y le vendría bien), tampoco aprovecha el puntero (que ayuda mucho la gestión y teclado) y no se pueden compartir Miis con otros jugadores así como tampoco hay rastro de componentes multijugador o sociales que expandirían la experiencia mucho más allá.

Como en la vida real, hay momentos de todo tipo.
Un juguete para experimentar
Es quizá esta parte la que más penaliza a Tomodachi Life: Una vida de Ensueño a medio plazo. La falta de un objetivo real, de quehaceres más allá de “cotillear” lo que ocurre en este micro mundo habitado por los personajes que nosotros hemos decidido incluir tiene tanta gasolina como le queramos dar. Las situaciones se van repitiendo y van perdiendo fuelle, pero esa capa de experimentación, sorpresa y diversión agradará a los que ver a los Miis de familiares, amigos y famosos les sea suficiente, pero para otros no dejará de ser un juguete sin recorrido.
Tomodachi Life: Una vida de Ensueño ofrece una capa de gestión de recursos ligera, una customización de la isla y sus viviendas igual de suave pero suficiente porque al final lo que queremos es ver como nuestros personajes se hacen amigos, viajan juntos o se visten de traje para contarnos las noticias, en su plató de TV y todo, de lo ocurrido en la isla mientras no estábamos. Y todo escuchándoles hablar en perfecto español en una suerte de mezcla entre Animal Crossing y esos moduladores de voz que tanto nos hacen sonreír. Porque de nuevo, eso es lo que pretende: hacernos sonreír.

Sin duda, los Miis son los protagonistas absolutos de la experiencia.
Versión analizada Nintendo Switch (1.0.0) jugada en Nintendo Switch 2