Desarrollado y publicado por 11 bit studios, responsables de This War of Mine, Frostpunk nos traslada a una realidad alternativa del siglo XIX en la que una nueva edad de hielo amenaza con acabar con la humanidad. Como líder de un grupo de supervivientes, nuestra misión consiste en levantar una ciudad alrededor de un generador de carbón y conseguir que sus habitantes resistan unas condiciones cada vez más extremas. No basta con construir casas y reunir alimentos: aquí cada decisión puede marcar la diferencia entre la supervivencia y la desaparición de toda una comunidad.
Después de su paso por PC y otras consolas, esta propuesta de gestión y supervivencia llega por fin a Nintendo Switch. Su planteamiento continúa siendo tan particular como exigente, y demuestra que un juego de estrategia no necesita grandes batallas para mantenernos en tensión. A veces, basta con observar cómo baja la temperatura y comprobar que las reservas de carbón no van a durar toda la noche.
Una ciudad levantada alrededor de la esperanza
La aventura de Frostpunk comienza con un grupo de supervivientes que abandona Londres en busca de un lugar donde establecerse. El mundo se ha convertido en un enorme desierto helado y las posibilidades de encontrar un refugio seguro son escasas. La expedición termina llegando hasta un generador abandonado, alrededor del cual tendremos que construir lo que podría convertirse en uno de los últimos asentamientos humanos de la Tierra.
El generador es el auténtico corazón de la ciudad. Su calor permite que los habitantes sobrevivan y condiciona por completo la distribución de los edificios. Por eso, las construcciones deben levantarse en círculos a su alrededor, aprovechando las zonas que reciben suficiente temperatura. El espacio disponible, la distancia al generador y las necesidades de cada edificio obligan a pensar muy bien dónde colocar cada instalación.
La gestión comienza con unos recursos básicos: madera, acero, carbón y alimentos. Los necesitaremos para levantar viviendas, habilitar puestos de trabajo, preparar comidas y mantener el generador encendido. No podemos permitirnos desperdiciar nada, especialmente durante los primeros días, cuando la ciudad todavía no tiene una infraestructura capaz de sostenerse por sí misma.
La población es otro recurso fundamental. Cada ciudadano puede trabajar en la recolección, la construcción o las distintas instalaciones, pero también necesita descansar, alimentarse y mantenerse caliente. Asignar trabajadores a una tarea significa dejar de tenerlos disponibles para otra, así que toca reorganizar los turnos constantemente. Una decisión aparentemente pequeña puede provocar que falte carbón justo cuando más necesitamos aumentar la potencia del generador.
A medida que la ciudad crece, aparecen nuevas necesidades y edificios. El taller permite investigar tecnologías que mejoran las instalaciones existentes o desbloquean construcciones más avanzadas. Este árbol tecnológico ofrece distintas posibilidades para afrontar los problemas, aunque no siempre podremos investigar todo lo que nos gustaría. Hay que priorizar y pensar en las consecuencias a medio plazo.
Gobernar también significa tomar decisiones difíciles
La gestión de recursos es solo una parte de la experiencia. El verdadero carácter de Frostpunk aparece cuando tenemos que gobernar a una población que deposita su confianza en nosotros, pero que no siempre estará de acuerdo con nuestras decisiones. La esperanza y el descontento son dos indicadores que debemos vigilar constantemente. Si la gente pierde la confianza en el futuro o considera que sus condiciones de vida son inaceptables, la situación puede volverse insostenible. No sirve de mucho tener suficientes recursos si nuestros ciudadanos están descontentos y empiezan a cuestionar nuestro liderazgo.
Para controlar la situación contamos con un sistema de leyes que regula diferentes aspectos de la vida cotidiana. Podemos establecer jornadas laborales de emergencia, modificar las condiciones sanitarias o introducir medidas destinadas a mejorar el bienestar de los habitantes. Algunas decisiones proporcionan ventajas inmediatas, pero pueden tener consecuencias negativas más adelante.
Y es aquí donde Frostpunk plantea algunos de sus dilemas más interesantes. En ocasiones tendremos que elegir entre hacer lo correcto desde un punto de vista moral o tomar la decisión que permita mantener viva a la ciudad. No todas las opciones son agradables y, en determinados momentos, parece que estamos escogiendo simplemente la alternativa menos perjudicial.
Conforme avanzamos podremos orientar nuestra sociedad hacia dos caminos diferentes: la espiritualidad o el orden. Cada uno ofrece sus propias leyes y herramientas para mantener a la población bajo control. No se trata únicamente de desbloquear mejoras, sino de decidir qué clase de sociedad queremos construir. El poder que tenemos como gobernantes puede convertirse en una herramienta para proteger a los ciudadanos o en una excusa para imponer medidas cada vez más extremas.
Más allá de las murallas
Aunque buena parte del tiempo transcurre gestionando el asentamiento, explorar el exterior resulta imprescindible. Las tierras heladas esconden recursos, supervivientes y lugares que nos permiten conocer mejor qué ha ocurrido en este mundo. Para ello enviaremos expediciones que irán descubriendo nuevos puntos del mapa y regresarán con información y suministros.
La exploración también ayuda a solucionar uno de los problemas que aparecen cuando la ciudad empieza a crecer: la falta de trabajadores. La población no aumenta por sí sola, por lo que encontrar nuevos supervivientes puede marcar la diferencia entre mantener las instalaciones funcionando o quedarse sin manos para atender las necesidades básicas.
En cuanto a los modos de juego, la campaña principal, titulada Nuevo Hogar, sirve como puerta de entrada a sus sistemas. A medida que progresamos desbloqueamos otros escenarios con situaciones y objetivos diferentes. Algunos introducen problemas específicos para la gestión de la ciudad, mientras que otros nos obligan a afrontar circunstancias especialmente complicadas. Por su parte, el Modo Infinito permite poner a prueba nuestra capacidad de supervivencia sin depender de una historia concreta. Frostpunk además cuenta con varios DLC que añaden mapas y nuevas mecánicas a las partidas
Esta variedad ayuda a que la propuesta no se limite a una única partida. Cada escenario plantea nuevos retos y obliga a adaptar nuestra forma de gobernar. No existe una fórmula universal para sobrevivir, y buena parte de la gracia está en aprender de nuestros errores y descubrir qué decisiones funcionan mejor en cada situación.
El frío también se siente en Nintendo Switch
A nivel artístico, Frostpunk apuesta por una ambientación oscura y desoladora que encaja perfectamente con su planteamiento. La nieve cubre prácticamente todo el escenario y las construcciones transmiten esa sensación de estar levantando una ciudad en un lugar donde la humanidad no debería vivir. El generador, con su humo y sus luces, se convierte en el principal punto de referencia visual.
El apartado sonoro acompaña muy bien esta atmósfera. La música alterna momentos de tensión con composiciones más melancólicas, mientras que los efectos de las ventiscas y de las construcciones ayudan a transmitir la dureza del entorno. Las voces están en inglés, pero el juego cuenta con textos en castellano, algo especialmente importante en una propuesta que presenta constantemente avisos, decisiones y explicaciones.
El traslado a Nintendo Switch resulta satisfactorio desde el punto de vista técnico. En ningún momento se aprecian ralentizaciones importantes, algo fundamental en un título donde debemos gestionar numerosos elementos al mismo tiempo. No obstante, el manejo con mando requiere cierta adaptación. Estamos ante una experiencia de estrategia que nació en PC y algunas tareas pueden resultar menos directas que utilizando un ratón.
También es una pena que no se haya preparado una versión nativa para Nintendo Switch 2. El juego es compatible con la nueva consola, pero una adaptación específica habría permitido aprovechar mejor sus posibilidades, especialmente el control mediante el modo ratón de los Joy-Con 2. Es una oportunidad perdida para una propuesta que, por su naturaleza, podría beneficiarse bastante de esa característica.
sobrevivir al frío nunca fue tan difícil
Frostpunk sigue siendo una de las propuestas de gestión y supervivencia más interesantes de los últimos años. Su combinación de construcción, administración de recursos, exploración y decisiones morales consigue que cada partida tenga una tensión especial. No solo tenemos que mantener una ciudad en funcionamiento: debemos decidir hasta dónde estamos dispuestos a llegar para que sus habitantes sigan con vida.
La adaptación a Nintendo Switch permite disfrutar de esta experiencia en formato portátil y mantiene un rendimiento satisfactorio, aunque el control con mando requiere algo de paciencia y se echa en falta una versión específica para Switch 2. Pese a ello, sus virtudes siguen pesando mucho más que sus limitaciones.
Es una recomendación clara para quienes disfruten de los juegos de estrategia y gestión que obligan a pensar cada movimiento. Eso sí, conviene tener presente que aquí no siempre habrá una solución buena. En ocasiones, sobrevivir será lo único que podamos considerar una victoria.
Versión del juego analizada: Nintendo Switch (1.0.1)



