En 2001 Capcom sorprendía a propios y extraños con Mega Man Battle Network, un juego basado en el popular personaje azul donde quedaba muy atrás aquello de disparar con nuestro buster mientras atravesábamos zonas plagadas de enemigo lateralmente. En su lugar, lo que nos encontramos con un RPG en el que el mundo virtual, y no la robótica, acaparaba toda nuestra atención, con los chips sirviendo como armas de ataque en combates que se desarrollaban en un tablero de 3×3 paneles en tiempo real; bueno, de forma híbrida.
Años después, esa misma base evolucionaría hacia Mega Man Star Force, trasladando la acción a Nintendo DS con una nueva perspectiva, personajes enfoque. Ahora, Capcom recupera aquella trilogía en Mega Man Star Force Legacy Collection, un recopilatorio que vuelve a poner sobre la mesa una de las vertientes más particulares de la saga, aunque no siempre con el cuidado que cabría esperar.
Cambio de perspectiva
Lo que encontramos aquí es, esencialmente, una traslación directa de los juegos originales. Tres entregas principales, cada una con sus respectivas versiones, lo que da un total de 7 títulos, que mantienen intacta su estructura y planteamiento. No esperéis grandes añadidos más allá de ciertos ajustes destinados a hacer la experiencia algo más cómoda en pleno 2026; Capcom ha ido a lo meramente funcional.
En cuanto a su propuesta jugable, Mega Man Star Force sigue girando en torno a ese sistema híbrido que mezcla acción en tiempo real con decisiones tácticas a tomar casi al momento. Los combates se desarrollan en un espacio delimitado donde nos movemos lateralmente mientras disparamos y, en momentos concretos, seleccionamos cartas que determinan ataques y habilidades. Es un sistema que, pese a los años, conserva buena parte de su atractivo, sobre todo por su ritmo y por la forma en la que obliga a alternar entre reflejos y planificación.
El problema es que esa base apenas evoluciona entre entregas. El salto del primer al segundo juego resulta especialmente continuista, con cambios mínimos que apenas alteran la experiencia. El tercero introduce algo más de variedad y ciertos matices jugables, pero no lo suficiente como para evitar una sensación de repetición bastante evidente si se abordan los tres títulos de forma consecutiva. Más que una progresión, lo que tenemos es una reiteración de ideas.
Colección y gracias
Esa falta de evolución también se percibe en lo visual. Ya en su lanzamiento original, estos juegos llamaban la atención por apoyarse en una estética heredada, cuando no calcada, de Game Boy Advance, algo que en Nintendo DS los situaba un paso por detrás de otros títulos más ambiciosos en lo técnico.
Capcom, como ya hiciera en la Mega Man Battle Network Collection, ha incluido aquí la opción de alternar entre gráficos originales y una versión suavizada en alta definición, además de permitir ajustar de forma independiente elementos como iconos o cartas. Sobre el papel parece una mejora interesante, pero en la práctica el resultado es irregular. El filtro HD no termina de encajar con el diseño original y el pixel art original, con todas sus limitaciones, seguirá siendo la opción más coherente para el juego en sí.
‘Star Force’ en 2026
Donde sí hay avances más claros es en las opciones de personalización de la dificultad. La colección introduce una serie de modificadores que afectan directamente al desarrollo de las partidas: podemos ajustar el daño, tanto el infligido como el recibido, la cantidad de dinero obtenida o la salud recuperada tras cada combate. Son cambios que no alteran el diseño base, pero que permiten adaptar la experiencia y suavizar algunos picos de dificultad, que los hay; algo especialmente útil para quienes se atreven con ellos por primera vez.
También resulta interesante la posibilidad de reorganizar la pantalla en formato vertical. No es una modalidad que vayamos a usar demasiado, pero sí una solución práctica para replicar de forma aproximada la doble pantalla de Nintendo DS. En dispositivos como Nintendo Switch en modo portátil, o en monitores que permiten rotación, esta opción encaja especialmente bien, y aunque no mejora la comodidad a la hora de jugar, resulta interesante.
Sin casi añadidos
Más discutible es todo lo que rodea al juego fuera de lo estrictamente jugable. Como recopilatorio, el contenido adicional es bastante escaso. Más allá de una galería y un reproductor musical hay poco que invite a profundizar en la historia de la saga o en su desarrollo. Se echan en falta materiales que aporten contexto o que celebren de verdad esta etapa de la franquicia. Al menos mantenemos las opciones en línea tanto de combate como de intercambio de Battle Cards.
Por no hablar claro está de la localización al castellano, o mejor dicho, de su ausencia, pues los juegos llegan sin textos en castellano, a pesar de que en su momento sí fueron traducidos. La decisión resulta difícil de entender, especialmente cuando no implica un esfuerzo creativo adicional, sino simplemente recuperar un trabajo ya realizado. Es un paso atrás claro que afecta directamente a la accesibilidad del producto.
Al menos, el precio se mantiene en una franja más contenida, rondando los 40 euros en digital. Una cifra que, sin ser especialmente baja, resulta más fácil de justificar teniendo en cuenta el contenido ofrecido y el enfoque del recopilatorio. Aun así, no deja de dar la sensación de que había margen para mucho más.



