Seguramente alguna vez hayáis escuchado aquello de “ver para creer”, y Cassette Boy bebe totalmente de esa idea. Con influencias de Monument Valley y FEZ, este título quiere que juguemos con la perspectiva, pero con la máxima de que todo aquello que no vemos no existe, y ello es la clave de muchos puzles.
Cassette Boy, ver para creer
En Cassette Boy encarnamos a un chico representado por un muñeco blanco en un mundo pixelado en el que disponemos de unos cascos mágicos que nos permiten girar la cámara. Sin embargo, este hecho afecta a cómo se visualiza todo y a lo que hay en pantalla, ya que una caja que esté detrás de una pared no existe si no se ve por poner un ejemplo, permitiéndonos así movernos y evitar obstáculos de una manera muy interesante.
Nuestra aventura nos lleva a buscar la luna, que parece que ha desaparecido, y que sirve de hilo conductor para nuestro progreso principal, pero nunca se lleva el peso del desarrollo, estando en un segundo plano y contándose de manera concisa y breve, siendo todo una experiencia más centrada en la jugabilidad y la exploración (aunque también darle algo de profundidad a los NPC).
Y es precisamente ese planteamiento el que hace que, al no estar tan presente la historia, hace que nuestro próximo objetivo no esté visible en ningún momento (en el HUD o en el menú), más allá que cuando se nos dice, por lo que toca experimentar y probar con ensayo y error las posibilidades que el mundo y nuestras nuevas habilidades nos brindan para llegar a nuevos lugares. En ese sentido, es un juego que recomendamos jugar con pausas de poco tiempo entre partida y partida, para así estar bien situados en todo momento.

Ver las cosas desde otra perspectiva
El uso de la cámara para hacer desaparecer objetos es la clave de los puzles y todo lo que se nos presenta, aunque también podemos utilizar algunos objetos como una espada para combatir enemigos, los cuales nos dan experiencia al derrotarlos. Con ello tenemos que superar los desafíos de la aventura, pero también acceder a zonas secundarias con secretos al más puro estilo de las pequeñas mazmorras que nos daban piezas de corazón en Zelda.
Además de estas pequeñas mazmorras, hay otras grandes que son las que vamos superando para avanzar. Cada una de ellas tiene su propio tema central para los puzles, y se agradece esa fórmula para así tener variedad. Además, al final de cada mazmorra nos esperan jefes finales con varias fases y, si bien sirven como colofón para la mazmorra y hay que usar el coco para acabar con ellos, algunos de ellos se alejan un poco de la vertiente puzle para ser más esponjas de vida para golpes y eso choca un poco.
Todo el juego llega en español para los textos, y todo viene acompañado de un look pixelado que busca ver una versión con volumen del estilo de Game Boy, tanto en detalles minimalistas como en la paleta utilizada. No desentona para nada, aunque puede ser una barrera de entrada para algunos. La música por su parte es la clásica ambiental de juegos de puzles, por lo que acompaña muy bien a nuestro avance.

Cassette Boy es una propuesta con varias barreras de entrada, pero que si no suponen un problema, nos trasladan a una de las primeras sorpresas del año. Una mecánica principal sencilla pero efectiva que, acompañada de habilidades varias, nos ofrece una serie de puzles interesantes en una aventura interesante, aunque en momentos confusa.
Versión del juego analizada: Nintendo Switch (1.0.1) jugada en Nintendo Switch 2