Parece mentira pero el reinicio de las aventuras de Lara Croft está a a nada de cumplir tres lustros. Un título puntero en lo técnico que llega por sorpresa a las híbridas de Nintendo de la mano de Aspyr de un modo…irregular.
¿Edición definitiva?
Cuando la primera iteración de Tomb Raider Definitive Edition vio la luz asombró al mundo por una ambientación oscura, una Lara Croft mucho más creíble y un feeling turbio que se alejaba de las primeras aventuras de la arqueóloga. Un reinicio que eliminaba de un plumazo la figura sex symbol que la había acompañado hasta entonces en pos de un tono mucho más realista y crudo hasta el punto de, quizá, hacerla sufrir demasiado durante el desarrollo del juego con caídas, golpes y heridas de todo tipo.
Además el juego se vendía como uno de los grandes saltos técnicos de la época limitando unas de sus características a una serie de tarjetas gráficas AMD: El pelo de la señorita Croft dejaba a un lado los polígonos para ofrecer un aspecto de los más creíble gracias al renderizado TressFX. Esto garantizaba un movimiento en tiempo real muy fluido que se adaptaba a las condiciones climatológicas del juego y al movimiento del propio personaje. Algo así como lo que hizo la primera película de animación de Final Fantasy hace también demasiado tiempo, para ponernos en contexto.

Los recortes visuales le impiden estar a la altura de un juego con muchos años a sus espaldas.
Su lanzamiento en PS3, XBox 360 y PC creó gran expectación por el nuevo enfoque de una de las figuras del mundillo y caló hondo entre crítica y público. Con todo esto sobre la mesa, y tras convertirse en trilogía, Tomb Raider Definitive Edition visita Switch 1 y 2 (de la que hablamos) sin alcanzar la gloria pasada de su lanzamiento original. Partiendo de que la primera híbrida es sobre el papel más potente que las consolas donde vio la luz su primera versión y que Switch 2 en números también lo es sobre los sistemas donde apareció esta versión completa no queda otra que decepcionarse con el resultado.
Por otro la la resolución se conforma con los 1080p tanto modo dock como portátil y es fácil ver como la vegetación se perfila con dientes de sierra constantemente, sobre todo a media distancia, desluciendo la imagen general repleta de árboles y elementos orgánicos de mucho detalle aunque su densidad y cantidad se ha visto bastante reducida. Por suerte, donde no hay ninguna pega es un rendimiento sólido a 60fps. Puede que haya algunos momentos donde esto se resiente, pero desde luego son casi imperceptibles lo que le confiere un gameplay suave que sienta como un guante con su acción constante y por momentos frenética.

Lara siempre está en peligro y algunas muertes son muy explícitas.
Una ambientación desangelada
La mayor pega de Tomb Raider Definitive Edition es precisamente no cumplir con un nivel técnico a la altura. No hablamos de pequeños ajustes para que el juego funcione mejor si no de, directamente, cargarse aspectos fundamentales como la iluminación global provocando una pérdida de identidad visual notoria, algo clave del juego original, para mostrar unos escenarios artificiales y a veces poco creíbles, casi de cartón.
Si esto se acompaña por una menor carga gráfica limitando el nivel de detalle de los escenarios e incluso simplificando el modelo de la propia Lara (mejor no hablar del pelo) y texturas de calidad irregular tenemos una edición que poco tiene de definitiva que además presenta videos comprimidos, sombras recortadas y una profundidad de campo pocas veces presente. Aspyr hizo un trabajo de remasterización estupendo con los juegos originales en Tomb Raider I-III Remastered y Tomb Raider IV-V Remastered actualizando las visuales de unos títulos caducos en lo técnico por lo que nos sorprende que a la hora de dar el siguiente paso, este haya sido hacia atrás en lugar de avanzar.

La resolución de las texturas es irregular y nos encontramos de todo por el camino.
Todos estos recortes hacen que Tomb Raider Definitive Edition no se sienta un portento técnico de su época e incluso da la sensación mientras juegas de tener entre manos un título de gran producción a la par descuidado. No porque lo sea, si no por todas esas incoherencias visuales que hacen ver la trampa cuando antes no ocurría. Una Lara Croft más robótica de lo que recordábamos por su aspecto y, en definitiva, convirtiendo un lanzamiento sorpresa, no sabemos si con prisas, en uno que no alcanza la calidad del juego original cuando sí debería e incluso pulirlo todavía más.
El lado bueno es que continúa conservado la base artística y eso hace que, a pesar de todo, pasear por sus escenarios siga siendo una pequeña maravilla. La isla ficticia y japonesa de Yamatai es el lugar donde se desarrolla todo presentado unas estampas espectaculares con algunos de esos momentos se quedan en las retinas de los jugadores. Esto se refuerza por el aspecto cinematográfico que presenta, sus juegos de cámaras y la importancia a las sensaciones que transmite Lara, lo que en conjunto, ofrece una experiencia muy particular iniciada en esta primera parte de la trilogía.

En zonas cerradas es cuando mejor funciona visualmente.
Un juego excelente
Por suerte hay cosas que sí se han tenido en cuenta. Tomb Raider Definitive Edition ofrece la posibilidad de jugarse con el modo ratón, la gran novedad jugable de la consola, aunque por contrario que parezca sea… injugable. Esperemos que los desarrolladores actualicen esto porque la sensibilidad actual, incluso en los valores mínimos, es absurdamente alta y un leve movimiento hace girar la cámara a velocidades vertiginosas. Eso sí, tampoco parece el juego idóneo para este control en Switch ya que no resulta demasiado natural realizar ciertas acciones pulsando los botones de los Joy con en tal posición. Y creednos si decimos que hay mucha dependencia de ellos.
Este control ofrece una experiencia como la de PC, sirviendo para girar la cámara y apuntar con el mouse. En adición a esto también se incluye compatibilidad para el giroscopio… pero no para el apuntado lo que nos resulta una decisión a todas luces incompresible y que esperamos se resuelva en futuras actualizaciones. Además si lo jugamos en modo portátil también ofrece modo táctil. No es más que una forma de navegar por los menús de un modo más intuitivo pero como su interfaz está pensada para un control tradicional no pasa de la mera curiosidad.

Opciones de control para todos aunque necesiten un repaso.
¿Por lo demás? Tomb Raider Definitive Edition sigue siendo un juego brillante. Un ejemplo perfecto de como se debe diseñar un videojuego con una jugabilidad a prueba de bombas, un diseño de niveles con cientos de posibilidades, backtracking con un montón de secretos a descubrir para mejorar a nuestra protagonista y una sensación de progresión estupenda. Todos los millones que costó su desarrollo demuestran el buen hacer de Crystal Dynamics hace tanto tiempo y que sigue vigente como el primer día. El doblaje al español sigue siendo excelente y ayuda más todavía a vivir de primera mano cada momento de la aventura.
Un título que además incluye un sinfín de extras como galería de arte, videos documentales, visualizador de modelos… Una campaña principal que yendo al grano ofrece media docena de horas intensas muy recordadas y que las dobla o incluso triplica si queremos ir a por todo lo que ofrece, incluido los trofeos internos. Eso y un modo online muy de agradecer como añadido aunque no esté a la altura de la aventura principal. Hay pocos juegos tan recordados como este y sigue demostrando ser uno de los mejores reinicios que se han hecho para franquicia alguna pero deslucido en su llegada a Nintendo tantos años después. Aunque eso sí, haz espacio en la consola porque la aventura de Lara casi triplica el tamaño del resto de versiones rozando los 28 gigas.

El modelo de Lara no está al nivel, pero sí la gran cantidad de extras del juego.
Versión del juego analizada: Nintendo Switch 2 (1.0.1)