Desde su anuncio en aquel Nindies allá por el 2022, ha llovido hasta que Gecko Gods pudiera estar aquí con nosotros. Nadie sabía qué era ni qué porponía, pero llamó la atención de muchos por una razón muy simple: se trataba de un videojuego protagonizado por un lagarto. Ni por un perro, ni un gato.. POR UN LAGARTO. ¿Cómo no iba a llamar nuestra atención? Tras una larga espera, por fin lo tenemos entre nosotros acabando con el misterio y nos hemos dado cuenta de por qué se ha demorado tanto, pues se trata de una propuesta más ambiciosa de lo que pudiéramos imaginar.
La senda del gecko
En Gecko Gods la propuesta jugable se centra en ofrecer al jugador un mundo abierto y flexible, pensado más para perderse por los entornos libremente buscando interacción con los elementos que lo componen que como una experiencia lineal con objetivos rígidos.
Esta sensación de versatilidad sobre el escenario, esa libertad, se consigue gracias al personaje que protagoniza esta apacible aventura, un lagarto, y sus cualidades. Y es que nuestro querido Gecko es capaz de caminar sobre cualquier superficie, tanto sobre paredes como techos, por lo que no hay física ni gravedad que lo gobierne.
Entre otras las habilidades del Gecko se encuentran la capacidad de correr, atacar, agarrar objetos con la boca y hablar con otros animales. De esta forma, el jugador es libre de explorar los escenarios a su aire para experimentar, descubrir y resolver situaciones a su manera, sin una única forma correcta de jugar.
Vive a través de los ojos de un gecko
Hablando del apartado gráfico de Gecko Gods, este destaca por su colorido y sus tonos pasteles. Lejos de ofrecer una estampa realista, ahonda en una estética más relajada, con texturas suaves que parecen dibujadas con acuarelas, transmitiendo una sensación de tranquilidad y aventura al mismo tiempo. Así, nos arrastraremos por templos abandonados, acantilados intransitables y costas doradas.
El apartado sonoro sigue la misma senda, ofreciendo melodías que casan a la perfección con esas sensaciones relajantes y que al mismo tiempo nos sacan nuestro impulso explorador. En cuanto a la duración del juego, conseguir ascender al plano de los dioses solo nos llevará alrededor de 6 horas, aunque si queremos sacarle el jugo puede que nos lleve 2 o 3 horas más.
La excesiva libertad que ofrece Gecko Gods para explorar sus entornos y desarrollar su propuesta es posible que termine jugando en su contra, diluyendo el ritmo y dejándonos sin ese no sé qué que termine por atraparnos. La falta de sensación de una progresión clara, una motivación intrínseca y de épica posiblemente sean los factores que más jueguen en su contra en una propuesta que abarca demasiado, en el buen sentido, y ofrece la libertad que el jugador quiera ponerle. Gecko Gods es místico, es interesante, saca nuestra vena exploradora y, sobre todo, consigue relajarnos a los mandos.

