Adéntrate en esta mina llena de misterios y salva a tus amigos del peor de los destinos.

De vez en cuando nace un juego que marca un antes y un después, ya sea por una jugabilidad nunca vista, por su impresionante apartado gráfico o por contar algo que no se haya contado ya antes. A partir de estos juegos nacen otros que toman como referencia a los anteriores para conseguir una parte de su éxito. Toby: The Secret Mine pertenece al segundo grupo. Luego, dentro de esos juegos que nacen gracias a la revolucionarios, están los que van más allá y le dan una vuelta de tuerca a la idea original y los que simplemente aportan más de lo mismo. Toby: The Secret Mine vuelve a pertenecer a este segundo grupo.

Limbo Maker

Si echamos un vistazo a cualquier imagen de Toby: The Secret Mine lo primero que se nos viene a la mente es la semejanza que existe entre éste y un más que conocido juego indie. Pero no todo es igual. No, aquí hay color. Estos colores que vienen a ser el fondo de la pantalla de juego y algunos efectos de luz notorios es lo que aleja al título de convertir su apartado artístico en una mera copia. De hecho el propio juego incide en estas diferencias desde los primeros compases. Por lo demás, todo se desarrolla sobre un plano oscuro de sombras invitándonos a entrar en una misteriosa y hostil localización: la mina. Como no podía ser de otra forma el resultado final es un apartado artístico muy bueno, aunque al mismo tiempo no es meritorio de ello.

Su propuesta jugable es tan sencilla como efectiva: un juego de plataformas y puzles. Recorremos escenarios bidimensionales saltando entre plataformas, esquivando obstáculos y trampas, activando palancas que nos permitan proseguir en nuestro camino y tan solo empleando un botón de salto y otro de acción.

A diferencia de otras propuestas similares Toby: The Secret Mine carece de un envoltorio poético. No hay metáforas en su contenido, no se hace el interesante ni tiene una historia grandilocuente que contar. No hay pretensiones y lo que podría considerarse de una manera subjetiva como una carencia resulta ser una de sus virtudes. Todo se desarrolla con una sucesión tras otra de plataformas y trampas, topándonos de vez en cuando con un rompecabezas y con una historia que no es más que una razón para continuar hacia delante. Aquí el jugar es lo importante y es tal que así que la primera pantalla que aparece al iniciar el título por primera vez es puro gameplay.

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Menos da una piedra

Para superar Toby: The Secret Mine necesitamos menos de 2 horas, lo cual resulta decepcionante y sin duda alguna el punto que más te hará cuestionar si pagar por su adquisición, aún contando con la posibilidad de dedicarle una segunda vuelta para conseguir los coleccionables que se hayan ocultos en medio de las fases.

A pesar de esto, el juego se hace corto también por su capacidad de enganche al estar tan centrado en la jugabilidad y poseer un ritmo tan dinámico en donde la sucesión de pantallas aparezcan una detrás de otras sin tramos innecesarios. Los amantes del género tienen un buena opción aquí para los momentos en los que se antoje un juego ¨ligero¨.

A la hora de valorar Toby: The Secret Mine uno se encuentra ente un dilema: tener en cuenta su contexto, es decir, su razón de ser o apreciarlo por el resultado final, lo que ofrece al jugador. Lo cierto es que es difícil mirar para otro lado porque la mayoría de sus virtudes no le pertenecen. Está carente de originalidad en todos sus apartados y su reducida duración le delata al no ser capaz de ofrecer contenido a una fórmula con infinitas posibilidades. Aún con este en mente, lo cierto es que el juego divierte y no hay ni un solo tramo del juego que no se disfrute.

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Toby: The Secret Mine no tiene nada interesante que contar, no tiene nada nuevo que aportar, ni tampoco tiene un apartado gráfico que pueda impresionar. En el fondo parece la carta de presentación de un desarrollador en la que nos dice que con unas determinadas herramientas esto es lo que ha conseguido hacer, y la verdad es que lo ha hecho bien. Nos ha dejado un juego entretenido.

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