Un elefante legendario con una gran misión que cumplir.

Seguramente una parte de ti quiso ser alguna vez un elefante. Sí, no digas que no. Majestuosos, con trompas poderosas y con la capacidad de aplastar lo que sea. Pues en Yono and the Celestial Elephants podrás ser uno, pero no uno agresivo, sino un envíado de los cielos (literal) para traer alegría y paz al mundo colorido y feliz en el que se desarrolla la aventura.

Sé el elefante, sé Yono

Una vez que hemos aterrizado en el mundo del juego, veremos que todo el mundo esperaba desde hace años nuestra llegada, pues somos un ser poco común venerado por la gente. Nuestra misión, además de traer paz y amor a la población, incluye descrubir algo sobre los elefantes celestiales que parece que nos precedieron.

Una vez en faena y hechos a los controles, tocará movernos e ir avanzando a lo largo de ciudades de mazmorras, con cierta linealidad en el mapa pero con un sistema de trenes para atajar cuando sea necesario entre zonas. La vista escogida para nuestra aventura es la cenital y, pese a que podemos movernos libremente, todo está planteado en cuadrados-casillas, de manera que los puzles y algunas secciones puedan ser apreciados sin problema.

Como buen elefante, en nuestro poder contamos con varias habilidades. Un movimiento lento pero seguro (echamos muy en falta un botón de correr), un empujón capaz de romper piedras, la opción de interactuar con objetos o subírselos a la espalda y una trompa para lanzar aire – o agua si hemos bebido. En Yono lo importante es la reacción del escenario a nuestras habilidades, ya que veremos a veces un objeto nuevo y tendremos que pensar cómo utilizarlo con nuestros poderes.

La felicidad de la gente en tus manos

Al poco de empezar a jugar llegaremos a una ciudad, y descubiremos que podemos hablar con todo el mundo, y que cada habitante nos aporta un poco de información de interés, o bien nos pide un pequeño favor. Completando pequeñas misiones secundarias como las que nos encargan, o buscando en sitios ocultos, encontraremos mejoras de vida y, con cuatro de ellas, nuestro contador de vida aumentará en uno (esto me suena de algo legendario). Habrá otros encargos que son necesarios para avanzar, pero el juego siempre deja claros cuáles son los de cada tipo.

Las misiones y las mazmorras a atravesar entre ciudades presentan pequeños puzles que debemos resolver con nuestras habilidades y nuestra mente. Bloques que mover, molinos que girar, puertas con cerraduras que abrir y otras cosas más que pueden ser un poco clásicas, pero que son eficaces. Nunca hay un reto excesivamente difícil, es más, se hace fácil de jugar para toda persona que no tenga mucha experiencia con juegos. Además de puzles y personas, hay algún que otro enemigo por ahí, pero son más anecdóticos que otra cosa. Si bien al final pueden suponer un pequeño problema, como dijimos al principio, no hay nada que un elefante no pueda derribar con poco esfuerzo.

En cuanto a diseño, todo es muy bonito, colorido y resulta atractivo. La fluidez es la adecuada y, salvo pequeños aspectos de colisiones en los que habría que ser muy quisquilloso para incidir, todo responde como se espera. La cámara es fija, y puede no siempre ser de nuestro agrado, pero casi todo está presentado para que eso no sea un problema. Lo peor de la optimización del juego son los tiempos de carga, algo elevados al cambiar de zona.

Yono and the Celestial Elephants es una propuesta entretenida, feliz, sin complicaciones y con algún puzle que sí nos hará pensar un poco más. Un paseo amigable de unas seis horas más o menos para pasar un buen rato y con muchos personajes con los que hablar (con textos en español). No es para todos, pero todos los que lo aprecien encontrarán un buen título para su Nintendo Switch. Poco más se le puede pedir a un estudio unipersonal.