Worms W.M.D

Gusanos beligerantes que regresan para matarse en 2D.

Worms es una prolífica saga de estrategia que lleva con nosotros desde 1995. Aunque ha hecho sus escarceos por el territorio de las 3D, con Worms W.M.D team17 ha querido volver a sus orígenes, a lo que de verdad quieren los fans de la saga, tratando de innovar un poco, pero sin pasarse. Es un juego que salió hace un tiempo para otras plataformas y que recién llega a Nintendo Switch. ¿Qué tal se desenvuelven los beligerantes gusanos en la híbrida de Nintendo?

Worms W.M.D., en guerra desde 1995

Para el que no conozca la saga, Worms W.M.D. es un juego de estrategia por turnos. En cada turno se puede mover a un personaje, saltar, usar algún objeto o incluso fabricarlo. Se dispone de un tiempo limitado para llevar a cabo estas acciones, algunas de las cuales finalizan el turno directamente, tras el cual pasa a ser el turno del gusano rival. De esta forma, se van sucediendo los turnos alternando entre un equipo y otro. En cada turno, además, pueden suceder eventos aleatorios, como la aparición de nuevos objetos en el mapa. Los turnos alternan entre los gusanos de diferentes bandos y sólo puede moverse uno de ellas cada vez.

Los Worms combaten en islas destructibles, a pesar de que no saben nadar. Sus ataques son devastadores, pero apuntar es bastante complicado. La trayectoria de nuestro disparo depende del tipo de arma que usemos, la inclinación que le demos al cañón y el viento que haya en ese turno. Podemos elegir entre las armas que tengamos para usar la que más se adecúe a nuestro objetivo, siempre teniendo en cuenta que el fuego amigo es la norma en un combate de Worms W.M.D., que los gusanos explotan al morir, causando daño, y que, además, no saben nadar y se ahogarán si caen al agua.

Todo esto lleva siendo igual desde 1995. Las armas son las mismas prácticamente y la dinámica no ha cambiado un ápice. Se han añadido algunos elementos nuevos, como por ejemplo los vehículos y la fabricación de armas, que nos permite aprovechar nuestro turno o el turno enemigo para crear nuevos objetos. Esto hace que esperar a que acabe el rival su turno no sea algo tan pasivo, pero hay que administrar bien los recursos. También, como novedad, es posible entrar en edificios, tras los cuales no se sabe muy bien qué nos deparará.

Un estilo visual “renovado” para un juego anclado en los 90

Worms W.M.D. tiene problemas ligeros de rendimiento en Nintendo Switch, que se traducen en tiempos de carga bastante grandes y alguna ligera ralentización. Aparte, también es posible quedarse atascado en algún obstáculo y el movimiento de los gusanos no es especialmente fluido. Cabe destacar que, aunque se haya abandonado la fórmula 3D y vuelto al estilo 2D de antaño, el diseño de los gusanos sí es novedoso. Esta vez recuerda mucho a los juegos de bajo presupuesto que se pusieron de moda hace 10 años, con el auge del Canal Tienda de Wii.

Por supuesto, estamos ante un juego que debería aspirar a ser mucho más que eso y que, sin embargo, no lo consigue. No deja de ser un juego para echar unas partidas “rápidas” y jugar con amigos o desconocidos.

La campaña no termina de funcionar del todo bien, se trata de un encadenamiento de misiones sin mucho sentido, con algún vídeo intercalado que no explica nada. No se diferencia mucho de escenarios generados al azar, no es adictiva y no te va enseñando a jugar poco a poco (aunque lo pretende, con los logros que puedes conseguir durante las misiones). También hay un modo tutorial, muy mejorable, y campañas extra además de la principal. Para colmo, la traducción es de dudosa calidad y hay algunos términos que no tienen mucho sentido y no se entienden muy bien. Además, las voces de los gusanos y sus comentarios cliché son tediosas, cansinas, molestas y, además, cada intervención es más larga de lo que debería. Una broma que cansa muy rápido.

Como se puede observar, Worms W.M.D. es un juego irregular, que cumple su cometido y contentará a fans de la saga, pero que no deja de ser lo mismo que teníamos en 1995. Para colmo, ni siquiera está más pulido que aquellos, ni tiene un mejor diseño de niveles ni nada parecido. Sin embargo, la fórmula sigue funcionando y, aunque echemos de menos un producto mucho más pulido (no digo novedoso, digo pulido, ¡qué menos!), no se puede negar que Worms W.M.D. es divertido. Ahora bien, igual no es más divertido que el primer Worms que pudimos jugar, allá por 1995 y es precisamente esto, la comparación con sus antecesores, lo que hace que la apuesta de la compañía por revitalizar la saga devolviéndola a sus orígenes se quede en agua de borrajas. Una oportunidad perdida, pero un buen juego para pasar un rato.