Ni ebrio ni sobrio.

La eShop de Nintendo Switch ha recibido la visita de un huésped un tanto borrachín al que le han faltado, quizás, un par de copas más para acabar de ser el alma de la fiesta y no el típico pesado. Así es Suicide Guy, una buena idea que ha sido totalmente desaprovechada por sus creadores quienes tampoco se han preocupado demasiado por su acabado final. Mala resaca.

No sin mi cerveza

El protagonista de nuestra historia podría ser cualquiera de nosotros de aquí a unos años, esperemos que no, aunque tiene más pinta de americano medio, de esos que gustan, después de una dura jornada laboral, de plantar sus santas posaderas en el sofá mientras ven la tele y aplacan su sed con una cerveza bien fría. Y he aquí el quid de todo: la cerveza.

Cansados (y vagos) como estamos, la tele, que atonta, no hace sino que abracemos a Morfeo pese a no haber acabado aún el dorado, refrescante y dulce néctar fermentado, o sea, la cerveza. Como la estamos sujetando a la par que decimos adiós a estar despiertos, el botellín, o tercio mejor dicho, empieza a deslizarse de nuestros gruesos dedos y a aproximarse peligrosamente al suelo.

Nuestra misión, por lo tanto, será la de lograr despertarnos antes de que eso pase, ¿y cómo lo haremos? Pues suicidándonos en cada pequeño sueño que tengamos, o sueño dentro de otro sueño, aunque esto último, como tantas y tantas cosas, tampoco se aprovecha como debería.

Póngame media

Es una lástima, pero Suicide Guy se queda a medias en todo.

Si hablamos de su faceta jugable, lo más que haremos será activar interruptores y coger algún que otro objeto, aunque alguno tendrá algo de miga, como la pistola de portales; sí, aquí habrá más de uno y de dos homenajes a otros juegos, como Super Mario Bros. o el citado Portal, o incluso a películas y libros, casos de Jurassic World y Moby Dick, por ejemplo.

Son guiños que están bien, sobre todo el del juego de Valve, que incluso tiene impacto en la jugabilidad. El resto, meras excusas para hacer una y otra vez lo mismo.

También saltaremos, cierto, y arrastraremos objetos, dos acciones que no se entiende cómo, a día de hoy, puedan estar tan mal implementadas. Culpa de un diseño y una programación que, como os imagináis, están a medias.

Porque Suicide Guy no está tan mal, o no lo estaría si no fuera un despropósito en su programación. Entendemos que al tratarse de un desarrollo donde ha participado un número tan reducido de gente ciertos aspectos estén sin pulir, pero no es menos cierto que lastra la experiencia de principio a fin.

Una pena, porque los puzles, una vez más, están medio bien, incluso algunos bien o muy bien, pero el hecho de poder resolverlos aprovechando estos errores en la programación restan satisfacción al reto de completarlos. O también puede pasar que no podamos completarlos por algún bug, como ya nos ha pasado.

En total serán 25 niveles normales más un nivel extra, que, dicho sea de paso, no tardaréis demasiado en completar incluso buscando la estatuilla escondida en cada una de las fases. Vamos, que probablemente acabéis con las 24 (la última no tiene) a la primera pasada.

La variedad de escenarios y situaciones es sin duda la mejor baza de Suicide Guy. Además, muchas de ellas son tan imaginativas como irreverentes, como cuando tenemos que escuchar música rock y llevar una cabra a una iglesia para invocar al diablo. Genial.

Sin embargo, a Fabio Ferrara y su pequeño equipo les ha faltado ambición, y es que el mundo de los sueños da para mucho más que no simplemente poder ir de un escenario a otro sin tener que dar excusas de por medio. No hay imposibles, solo improbables, ni angustia, ni el correr sin movernos del sitio, nada.

Disoñando

Tras todo lo dicho, a nadie pillará por sorpresa que, técnicamente, Suicide Guy deje que desear.

La primera impresión no es mala. Nos movemos en un entorno 3D en primera persona y todo se ve redondeado y colorido. El problema viene a los pocos minutos, cuando la excesiva sencillez se apodere de todo y haga que, unido a los torpes movimientos de nuestro protagonista, nos recuerde al South Park de Nintendo 64, pero sin pavos.

La música es pasable (que no disfrutable) y acompaña a la ambientación de los niveles de forma meridianamente acertada, aunque será irremediable pensar que peca de simple.

En cuanto a los efectos de sonido, son pocos y nada originales. Dejémoslo en estándar.

¿Medio lleno o medio vacío?

Y pese a todo, Suicide Guy divierte. Al menos lo hace de vez en cuando, cuando no frustra con sus numerosos errores o con el poco cuidado general.

Podía haber dado muchísimo más de sí, y, de hecho, puede que lo dé algún día, pues contará con más niveles en un futuro vía DLC, pero lo que encontramos a día de hoy es una amalgama de buenas ideas sin desarrollar en un envoltorio tosco pero tampoco mucho.

Su precio de casi 8 € es justo y hará que paséis un par de horas medio divertidas, sobre todo si no le exigís demasiado, lo que no quita para que se haya desaprovechado el potencial que atesora.