Somos un tendero goblin que solo busca ganarse la vida vendiendo antiguallas al mejor postor. Split Milk Studios quiere que veamos como el trabajo diario, tomándoselo con calma, puede incluso convertirse en un buen pasatiempo que nos acompañe en los pequeños momentos del día.
Sacando brillo
Trash Goblin se sube a la ola de los títulos donde trabajar es su principal atractivo. Un tipo de juego muy popular de los estudios independientes en los últimos años donde han explotado, a nivel mecánico, en los sistemas de realidad virtual. ¿No sabes de lo que estamos hablando? Pasamos a formar parte de una tienda y tenemos que preparar y vender los productos que se nos piden, cuantos más mejor, para recaudar lo máximo posible.
En este caso la elaboración es algo diferente a lo que estamos acostumbrados. En la mesa del taller contamos con un saco del que salen piezas a limpiar con una esponja para sacarles brillo (jarras de bebida, sombreros de bruja, joyas…) y así poder venderlas al mejor precio. Pero no siempre obtenemos a la primera lo que nos solicitan los clientes por lo que el saco se convierte en una especie de bolsillo de Doraemon del que no paran de salir y salir objetos de todo tipo.

Hay que picar esos bloques para desvelar el objeto que esconden.
A su vez, vemos como la mesa se va llenando baratijas hasta dar con la que el solicitante buscaba. Pero no acaba aquí nuestra labor porque los objetos, tal y como nos llegan, no son más que basura recogida de a saber donde que primero debemos quitarle toda la tierra y minerales que la envuelven a golpe de cincel (en una especie de minijuego de puzle muy ligero) e incluso montar algunos objetos que nos llegan despiezados.
Como podéis imaginar ese núcleo jugable, a pesar de repetitivo, resulta adictivo y en el que poco a poco vamos ganando en calidad de vida con nuevas herramientas y mejoras aunque su base realmente se mantenga intacta. Además, Trash Goblin intenta hacernos partícipe del día a día de una tienda de este tipo escuchando las historias de los clientes con textos en perfecto español y añadiendo un ciclo día noche que marca de algún modo esa rutina diaria separando las horas de trabajo de las de descanso.

La variedad de personajes y personalidad es destacable.
Porque en en la misma tienda dormimos en una pequeña cama que también decoramos con pósteres o plantas para hacer, de nuestro lugar de trabajo, una pequeña morada más acogedora. Hasta cuatro localizaciones diferentes visitaremos conociendo a más de 40 personajes y un elevado número de objetos a sacar brillo. Una experiencia tranquila, sin prisas (que el paso de los días no os engañe) ideal para los pequeños momentos del día.
Trash Goblin no reinventa la rueda ni lo pretende, pero sí busca ser algo particular con un estilo visual que combina escenarios y elementos tridimensionales con ilustraciones de personajes bidimensionales. Eso sí, pensamos que podría haberse adaptado mejor a la híbrida de Nintendo tras su paso por el PC. Por un lado, lo más obvio es no contar con versión Switch 2 para sacar partido del modo ratón ya que el control se basa en un sistema con cursor que le sentaría como un guante.
Por otra parte, tampoco hay uso de la pantalla táctil en modo portátil (un reemplazo ideal para el cursor) y que además agilizaría mucho su jugabilidad a la hora de limpiar los objetos o usar el cincel en minijuegos que parecen venir directamente de la época de la Touch Generation de Nintendo DS e incluso Wii. Y hablando de la blanquita de Nintendo que contaba con modo puntero…sí, también hubiera estado genial utilizarlo al jugar en la televisión.

Así de bonito puede quedar nuestra mesa de trabajo tras decorarla.
Trash Goblin ofrece un estilo de juego muy común en los últimos años pero intentando darle un toque personal. Ideal para momentos de relax dentro de una tienda de lo más extravagante en la que pasaremos, al menos, una veintena de horas reciclando basura y vendiéndola al mejor postor, demostrando que el ciclo de vida de un objeto siempre puede ser mayor del que pensamos. Y de paso descubrir que siempre puede haber un tipo raro que busque coleccionar cosas, por extrañas que parezcan, algo que en el mundo de los videojuegos nos resulta más que familiar.
Versión analizada: Nintendo Switch (1.4.1) jugada en Nintendo Switch 2.