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El rastro de Rare

¿Cuáles fueron las verdaderas intenciones de Microsoft al comprar una de las dos mejores compañías de videojuegos de la historia? ¿Por qué ha pasado Rare de crear Donkey Kong Country, Banjo-Kazooie o Goldeneye 007 a fabricar clones de Wii Sports?

Aunque su nombre ha cambiado en varias ocasiones, Rareware, conocida popularmente y posteriormente renombrada como Rare, es la firma que está tras sus mayores éxitos, todos ellos publicados para consolas de Nintendo. Juegos que forman parte de la historia son el clásico de NES Battletoads (1991) y numerosos bombazos para Super Nintendo como la soberbia trilogía de plataformas Donkey Kong Country (1994-1996) y el impactante juego de lucha Killer Instinct (1995), que hizo uso y abuso de los combos y que tuvo una secuela, Killer Instinct Gold (1996), para Nintendo 64.

Es en esta consola con curvas de Escarabajo, capaz de generar gráficos tridimensionales nunca vistos hasta la fecha, donde Rare despliega todo su poderío. Nacen el primer shooter subjetivo moderno, Goldeneye 007, y una curiosa mezcla de estilos de conducción con elementos de Mario Kart, Diddy Kong Racing (1997). Es este atípico juego el que ha inspirado numerosos circuitos en posteriores entregas de la inmortal saga de Nintendo, así como la mecánica multivehicular de su última entrega, Mario Kart 7.

Esta Rare dorada ha regalado a toda una generación de jugones plataformas con un estilo propio, genial y diferenciado respecto a ambos reyes, Mario y Sonic, algo que podría haber parecido imposible sin caer en la redundancia y el aburrimiento. En parte, gracias a la maravillosa música de David Wise. Rare ayudó a esa misma generación a drenar adrenalina con un derivado de Street Fighter II y Mortal Kombat, menos original pero con un absorbente sistema de combos. La compañía, haciendo honor al dorado de su logo, cogía cada género y lo potenciaba a la máxima expresión. Eso es precisamente lo que consiguió con asombroso acierto cuando se fijó en Super Mario 64 y creó algo aún mejor. Es el momento de Banjo-Kazooie (1998) y Banjo-Tooie (2000), con un profundo y oscuro Donkey Kong 64 de por medio. El carisma de los nuevos personajes Banjo y Kazooie, sumado a una banda sonora al sensacional nivel de los músicos de Rare, y todo ello unido a una variedad de situaciones y a un excelente sentido del humor, del que viene haciendo gala la compañía inglesa desde el primer Donkey Kong Country, hicieron de estos juegos los mejores plataformas de una era. Pero es que entre los mejores plataformas de la generación anterior hay también uno de la casa, Donkey Kong Country 2, que comparte podio con Super Mario World y Super Mario World 2: Yoshi´s Island. Alguien hacía sombra, por primera vez en la historia, a la propia Nintendo. Y juntas no había nada que pudiera osar a compararse con ellas. Una historia de amor a los videojuegos que no debió terminar como años más tarde terminó, por algo demoniaco, el virus de nuestra sociedad moderna, capaz de destruir cualquier cosa sin ningún tipo de escrúpulo. El dinero.

Pero antes de que el talonario de Microsoft comprara y matara a Rare, la historia de amor continúa con cuatro juegos de culto. Para empezar, un juego de acción frenética llamado Jet Force Gemini (1999). De segundo plato, el shooter subjetivo de Joanna Dark, Perfect Dark (2000). De postre, lo más rebelde que jamás hayan hecho, Conker´s Bad Fur Day; un juego rarísimo por numerosas razones, por su calidad y por la compañía que está detrás, por su estilo y su motosierra atravesando el logo de Nintendo, y por su tardío y limitado lanzamiento en una Nintendo 64 que daba sus últimos coletazos en 2001.