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Opinión: Pokémon o cómo morir de éxito

Una saga destinada a generar dinero, que ha acabado perdiendo una de las señas de identidad de la compañía: la originalidad. Y con ella a toda una legión de seguidores.

 

El triunfo de la franquicia Pokémon es innegable. Los títulos de Pokémon colman las listas de ventas y se han convertido en un vende-consolas para GameBoy y Nintendo DS. Y no sólo eso, son un negocio rentabilísimo para Nintendo, más allá incluso del mundo del videojuego. Ve a la juguetería y la verás repleta de productos Pokémon: peluches, muñecos, juguetes electrónicos, figuritas, chapas... ¿Quieres más? Ve al kiosko: chucherías, cromos, tebeos... ¿Más? Pásate por el videoclub, ahí tienes películas para dar y regalar, y eso que no se han distribuido en España ni la mitad de ellas. Pokémon está en todas partes y se ha convertido en parte de la cultura popular, siendo Pikachu un icono reconocible por todo el mundo.

Desde el primer día, Pokémon ha sido un bombazo en el mundo de los videojuegos, pero también en el mundo de las finanzas. Según VGChartz (a falta de una fuente más exacta), las ventas de las ediciones principales de la serie (sin contar spin-offs como los Stadium o Mistery Dungeon, cuyos números también son de aúpa) han alcanzado la impresionante cantidad de más de 100 millones de copias vendidas. Teniendo en cuenta que los beneficios obtenidos por estas ventas son sólo una pequeña parte del total sumando todo el merchandising, es obvio que Pokémon es una máquina de imprimir dinero para Nintendo.

Sin embargo, la buena rentabilidad es algo que suele ir en contra de la creatividad en el mundo del videojuego. La idea de "si está bien, no lo toques" se vuelve peligrosa si hablamos de originalidad en el diseño de nuevos títulos. Pokémon ha sufrido las consecuencias de esto. Las clásicas ediciones Roja/Azul supusieron una auténtica revolución en su día, sin embargo, y al margen de experimentos como Pokémon Snap o Pokémon Ranger, la mecánica se ha mantenido intacta en las siguientes ediciones. Tras más de 10 años, Pokémon Diamante y Perla lucen apenas como una expansión de los originales, con unas pocas novedades secundarias en un mundo nuevo y con Pokémon distintos. Sí, es cierto, ahora tenemos combates a cuatro Pokémon, en color y a través de Nintendo Wi-Fi Connection, pero la mecánica sigue siendo la misma. El último y flagrante caso ha sido Pokémon Battle Revolution, un título que no sólo sigue el esquema ya establecido de los anteriores Pokémon Stadium, sino que no se esfuerza en mejorar o al menos maquillar sus principales defectos.

Mientras sagas como Super Mario, Zelda, o incluso Metroid se han renovado con el paso  de los años, Nintendo parece haber introducido a Pokémon en una burbuja de plástico para que nada estropee su preciada gallina de los huevos de oro. Es un planteamiento que, como hemos visto en innumerables ocasiones en esta industria, no se suele mantener en pie por mucho tiempo. Finalmente el público se acaba hartando y termina despreciando las sucesivas y clónicas iteraciones de una saga en principio brillante, y finalmente agotada y explotada hasta la saciedad.

Y sin embargo, con Pokémon parece que funciona. Merchandising y videojuegos se siguen vendiendo con asombrosa facilidad por todo el mundo. No hay síntomas de agotamiento en las ventas.

Quizá la respuesta esté en la facilidad de la saga para saltar generacionalmente. Mientras que los niños que gastamos tantas y tantas horas delante de la GameBoy Color con la primera y la segunda generación de Pokémon hemos cambiado de aires, hemos sido sustituidos por una nueva generación de niños que siguen disfrutando de Pokémon, esta vez en una doble pantalla.

Con un rápido vistazo a los números, no cabe duda de que a Nintendo le ha salido bien la jugada apostando por un formato conocido y seguro, aún a costa de los jugadores experimentados y siempre buscando atraer a nuevo público juvenil e infantil. Les ha salido bien, económicamente hablando.

Pero personalmente, y como antiguo fan de la saga (¡más aún, como entrenador Pokémon!), me siento desatendido por Nintendo. Desde Oro y Plata no he vuelto a ver un Pokémon que merezca mi atención más de unas pocas horas. Ranger fue una apuesta innovadora que picó mi curiosidad, pero no tenía garra para enganchar ni produndidad alguna. Y de otros experimentos, mejor ni hablamos.

¿Terminó el romance con los monstruos de bolsillo para toda una generación de entrenadores? Sin duda. Y para Nintendo sólo hay una manera de poner remedio a eso: Arriesgarse e innovar.

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