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Cómo conseguí mi NES

La historia de un niño que quería jugar a Super Mario Bros.

En la semana en la que se cumplen 30 años del nacimiento de la NES me han venido muchos recuerdos. La NES fue la primera consola de mi propiedad, a la tierna edad de nueve años, y ya sabemos lo que pasa con la infancia: es una época que marca. En mi caso, yo deseaba la NES como sólo un niño puede desear algo.

La había probado muchas veces en casa de un amigo, con el Super Mario Bros., el Duck Hunt, Probotector, Wild Gunman, un juego de baloncesto desconocido, Doctor Mario, Tetris… Pero con visitarle de vez en cuando no era suficiente. Yo ya me había enamorado de los sprites y la música chiptune y quería una para mi. Desgraciadamente, mis padres no comprendían qué tenía de especial el nuevo invento (hoy en día cada uno tiene su cuenta en Steam y mi madre es una verdadera fanática de los JRPG) y no querían ni oír hablar de comprar una consola de videojuegos. Pero yo siempre he sido muy cabezota y los noes no suelen funcionar conmigo.

Gané mi NES en el programa de Teresa Rabal de los fines de semana por la mañana. Uno de estos programas infantiles, con concursos y series de dibujos animados, llevado por la popular actriz y cantante, hija del legendario Paco Rabal. En el programa había una sección de la DGT que enseñaba educación vial. Cada día llevaban a un niño y a su padre, su madre o una abuela para que contestaran a dos sencillas preguntas. El premio estelar era una NES con un juego.

Cómo conseguí mi NES

Me lo han contado muchas veces, pero habría dado lo que fuera para ver la cara de mi padre cuando cogió la llamada de Antena 3 (la cadena que tenía el programa) en la que le decían que habían escogido mi carta para participar en esa sección, en la que el premio era una Nintendo. ¿Qué iban a hacer mis padres? ¿Negarse a que su niño participara en concurso de la televisión? Me había buscado la vida y había conseguido la forma de hacerme con una NES por mi cuenta.

Ese día no fui a clase, pero en mi casa se razonó con que la experiencia merecía la pena. No por el premio, sino por ver un plató de televisión, cómo se rueda un programa… Había valor educativo en ir a la tele. Para mi, fue el día que iba a ganar una NES y todo lo demás era secundario. Cuando llegó el momento del concurso, estaba tan nervioso que me temblaban las piernas.

Mi madre respondió bien a la pregunta que le hizo Teresa Rabal, pero yo tenía que hacer lo propio para ganar la consola. Y me bloqueé. Me pusieron una imagen de un perro y su dueño en un paso de cebra y tenía que decir qué estaba mal. La respuesta era bien sencilla: el perro no tenía correa. Pero yo, presa de los nervios, no daba con la respuesta correcta. Y ahora, después de muchos años, puedo confesarlo: me soplaron la respuesta.

Cómo conseguí mi NES

Un técnico del programa me empezó a hacer gestos para decirme la respuesta. Cuando dije, con mi tierna voz de infante `¿Con una correa?´ explosión de alegría por todas partes, las canciones y los bailes habituales y yo había ganado una NES. Era obvio que el objetivo del concurso era que el niño ganara el premio, que diera la respuesta correcta y todos contentos: el programa por el patrocinio, la DGT con la publicidad y la educación vial y el niño con el premio.

Así que públicamente hoy quiero dar las gracias a ese técnico que me sopló la respuesta, ya que gracias a él tuve una NES, conseguí que mis padres se viciaran al Super Mario Bros. 2 y la percepción de los videojuegos en mi casa cambió radicalmente. Después vinieron una MegaDrive, una SNES, una N64, PSX… Mi amor por los juegos creció y lo acabé convirtiendo en mi profesión. Pero todo comenzó en un programa de televisión, con Teresa Rabal, la DGT y un técnico anónimo que se apiadó de un niño nervioso.

¿Y tú? ¿Cómo conseguiste tu primera consola?