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Amazon inaugura el baile, de nuevo

"Quizá sea la primera generación en la que, en suma, las grandes terminen teniendo menos base que la anterior."

Estos últimos días hemos vivido el anuncio e inmediato lanzamiento norteamericano de Amazon Fire TV, la que está llamada a ser la primera de las nuevas consolas multimedia para el público de masas. Un nuevo aparato que pretende llevar todo tipo de entretenimiento al mayor número de hogares posible, terminando de establecer el modelo de negocio de bajo coste para el usuario.

¿Qué puede cambiar este aparato (y los que están por venir)? ¿Supone una amenaza real a Wii U? ¿A PS4, Xbox One, el PC? ¿A los videojuegos en si mismos? Quizá estaría bien echar la vista atrás, ver qué pasos se han dado para llegar hasta aquí, y qué hemos aprendido por el camino en esta nuestra querida industria del videojuego. Si es que hemos aprendido algo.

A principios de los 80 Atari dominaba el sector andando en la cuerda floja. El lanzamiento de muchísimas unidades de juegos malos desplomaron los precios en las tiendas, mermando los beneficios. La apertura del mercado a los editores independientes, que operaban principalmente en ordenadores, acabó de reventar el mercado. 

En un abrir y cerrar de ojos las tiendas se inundaron de juegos, muchos de ellos muy malos, que sólo buscaban estar ahí para rascar algo. Copias de copias de copias de juegos del montón. Precios aún más bajos y consumidores saturados y decepcionados. Las tiendas cerraron las puertas a los videojuegos, sin intención de volverlas a abrir. Fue justo entonces cuando Nintendo decidió lanzarse al mercado de las consolas, cuando la consola doméstica parecía muerta y enterrada, y el futuro del videojuego enfocado a los ordenadores domésticos. Pero los japoneses tenían un plan.

Lo importante era volver a estar en las tiendas, que ganaran mucho dinero para poder ganar ellos aún mucho más. Nada de mierdas, se acabaron los juegos malos: Nintendo revisaría uno a uno cualquier juego que quisiera salir en su Famicom, mandando a casa los de una calidad inaceptable. Nada de saturación: se acabaron las copias de copias, las empresas sólo podrían lanzar media docena de juegos al año, y si Nintendo creía que ya habían suficientes juegos de fútbol, el tuyo no sale. Haber espabilado. Y además, ellos decidirían el número de cartuchos que salían a la calle. Nada de aprovechados: Nintendo se encargaba de fabricar los cartuchos, así que no podía llegar cualquiera para sacar vete tú a saber qué. Sólo empresas de cierto calibre podían permitirse pagar las copias.

Si a eso le sumas Super Mario Bros., el juego que todo el mundo quería tener, pues blanco y en botella. Los japoneses sanearon de la noche a la mañana el mercado de las consolas, del videojuego, y lo hicieron con un éxito sin precedentes. Claro que no todos estaban contentos. Grandes editores recibieron a SEGA y posteriormente a Sony con los brazos abiertos, que flexibilizaron los términos a los grandes editores.

Pese a ser los fabricantes los que todavía ponían condiciones, la tortilla del poder fue girando poco a poco al lado de los editores. Los requisitos fueron haciéndose más laxos, sí, pero el estado de forma de la industria era excelente. La mayor tecnología cerraba las puertas a los desarrollos más mediocres, los juegos eran en general de altísima calidad, y ceder ante las terceras no parecía traer muchos riesgos y sí muchos beneficios.

Pero entonces llegó la séptima generación, todo un terremoto. Primero, mucha gente descubrió que sí quería jugar a videojuegos con Wii y DS. Antes no lo sabían. Sin embargo la masificación de títulos clónicos y mediocres por parte de las grandes editoras acabaron por deshinchar rápidamente el globo. Mientras tanto, los altos valores de producción en consola y el nacimiento de nuevas herramientas, despertaron una segunda juventud en el PC, naciendo cientos de nuevos estudios que, con pocos recursos, podían desarrollar juegos de bajo precio pero no por ello de baja calidad. Después, el iPhone (2007) y iPad (2010), las bombas nucleares. Un gran escaparate, público masivo, buenas herramientas de desarrollo, gasto mínimo. Los smartphones y las tabletas se convirtieron en un estándar de la noche a la mañana.

La masificación no se ha hecho esperar, primero en esos dispositivos, luego en PC, ahora empieza en las consolas de sobremesa. A media que un escaparate se llena, hay que buscar uno nuevo. Cuantos más escaparates, más juegos. Cuantos más juegos, más baratos. 5€, 3€, 1€. Gratis. Ese modelo se sustenta en quitar toda barrera posible para que el público entre en tu juego, lograr que se enganchen, y conseguir beneficios en base a micro transacciones. Sin embargo no todos los géneros ni tipos de juego encajan en el modelo de la micro transacción. Cada vez más proliferan los mismos tipos de juego, las copias, las copias de las copias. Este modelo incluso está suponiendo una barrera a muchos pequeños desarrolladores, aquellos que aún persiguen las buenas ideas, al verse enterrados en una tienda que crece exponencialmente cada día, y que los tops están copados por los mismos juegos mes a mes.

¿La Fire TV de Amazon amenaza a Wii U?

Y entonces llega Amazon, el primero en trasladar ese modelo al televisor de casa. La propuesta es golosa: los servicios de vídeo serán un gran reclamo en Estados Unidos, el bajo precio lo hace prácticamente irresistible, y encima juegos baratitos. No se espera que Google y Apple tarden mucho en subirse al carro, y parece claro que cuando lo hagan, los tres grandes fabricantes de consolas deberán renunciar a esa parte del pastel. Quizá sea la primera generación en la que, en suma, terminen teniendo menos base que la anterior.

Si Nintendo, Sony y Microsoft no pueden lograr que ese usuario curioso o que consume juegos como simples mata ratos se sume a sus propuestas, deberán enfrentarse al reto de sobrevivir con el modelo tradicional y menos gente respaldándolo. Siempre quedará (mucha) gente que quiere esa experiencia extraordinaria, esos mundos fabulosos en los que sumergirse durante incontables horas, y siempre quedará quién esté dispuesto a proporcionarlos. Sin embargo los próximos años pueden ser más duros todavía que los pasados, ya que a una posible menor base, pueden además encontrarse con una menor disposición a gastarse los 60€ o 70€ de rigor.

Por el lado de Amazon, Google y Apple, su reto será bien distinto. Cierto que ellos no tienen tienda física, no tienen almacenes, y cada venta es un pellizco para su bolsillo. Sin embargo el coqueteo con el hartazgo y saturación de la gente es más cercano a cada paso que se da. Corren el riesgo de tirar por la borda una base que se ha ido consolidando con mucho esfuerzo a lo largo de treinta años, y que quizá esta vez no sea tan sencillo recuperar.