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Ver la versión completa : Aventuras y Desventuras del Desdichado Dolmit



biohazard
4th April 2008, 20:32
Desocupado lector, sin juramento me podrás creer que, durante un pequeño e improvisado concilio, unos cuantos entusiastas jóvenes llenos de ideas y de ganas de crear hemos iniciado una historia que iremos desarrollando en este fanfic. No una historia cualquiera, sino una mezcla de realidad y ficción, sin frontera entre lo que es realidad y qué no lo es dadas las taras psicológicas del protagonista.
Esperamos que os guste. Trataremos de añadir nuevos capítulos tan pronto como la inspiración y el tiempo nos lo permitan.
Sin más, os dejo con las "Aventuras y Desventuras del Desdichado Dolmit" .





Capítulo 1.
QUE TRATA DE LA CONDICIÓN Y EJERCICIO DEL DESDICHADO DOLMIT.


En un lugar de lo que antes era conocido como Castilla la Vieja de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho que vivía un desdichado personajillo de los de labia pedante, amplia sonrisa, escasa lucidez y gusto por el jabón.
Dolmit se hacía llamaba este personaje que con sus padres vivía en un pequeño apartamento de esta ciudad cualquiera.
Su madre, a la que cariñosamente llamaba Niwëlden (que en la lengua de los morloks significa "rocío de la mañana derramado por una flor en primavera sobre los verdes pastos de las colinas de Gondolin") era una mujer muy desdichada y acomplejada por no haber llegado a nada en la vida más allá del engendrar un niño y criarlo. Vivía ensombrecida por su marido y sentía la necesidad de reflejar en su hijo todas sus frustraciones. Quería que el niño llegara lejos, cosa que ella nunca había logrado, por lo que siempre le animaba a manifestar su creatividad, convenciéndolo y autoconvenciéndose de que era un virtuoso.
Su padre, por el contrario, era un hombre chapado a la antigua, con principios muy sólidos, de esos que van a misa todos los domingos y que creen que cualquier tiempo pasado era mejor.

Es pues de saber que este desdichado personajillo, los ratos que estaba deprimido a causa de su insoportable situación familiar, que eran los más del año, se daba a leer libros de fantasía y épica con tanta afición y gusto que se olvidó casi de todo punto del ejercicio de las relaciones sociales reales y de todo el mundo que se extendía más allá de la puerta de su habitación. Y llegó tanto su curiosidad y desatino en esto, que vendió todos los regalos de su primera comunión (incluída la cruz de Caravaca chapada en oro que le había comprado su abuela) para comprar libros en qué leer, y así llevó a su casa todos cuantos pudo haber dellos. Y de estos ninguno le pareció tan bien como los que compuso la famosa J. K. Rowling, pues la calidad de su prosa y aquellas intrincadas razones suyas le parecían de perlas. Y más cuando llegaba a leer aquellos requiebros y cartas de desafío donde en muchas partes hallaba escrito: "la razón de la sinrazón que a mi razón se hace, de tal manera mi razón enflaquece que con razón me quejo de la vuestra fermosura". Y también cuando leía: "los altos cielos que de vuestra divinidad, divinamente con las estrellas os fortifican, y os hacen merecedora del merecimiento que merece la vuestra grandeza". Con estas razones perdía el pobre personajillo el juicio y desvelábase por entenderlas y desentrañarles el sentido, que no se lo sacara ni las entendiera el mismo Aristóteles si resucitara para sólo ello.

Un día, buscando respuesta al misterioso desenlace de la última de las novelas protagonizadas por el gran mago Harry Potter, introdújose en el fantástico mundo de internet, donde por fín podía asumir una identidad más acorde a sus aspiraciones.
Fue así como un día conoció a la supuestamente fermosa Eowil-Ga, con la que entabló largas conversaciones sobre trascendentales temas tales como la fundación del reino de Wilgar o las guerras en la tierra de los Gublins. Y a medida que continuaba inmerso en sus correrías virtuales y su relación con la joven evolucionaba tanto como una relación virtual puede hacerlo, se le secó el seso de manera que vino a perder el juicio. Llenósele la fantasía de todo aquello que leía en los libros y de lo que hablaba con su confidente, así de encantamientos como de pendencias, batallas, desafíos, heridas, razas mágicas, requiebros, amores, tormentas y disparates imposibles. Y asentósele de tal manera en la imaginación que era verdad toda aquella máquina de aquellas soñadas invenciones que él leía, que para él no había otra historia más cierta en el mundo.

Esperando una noche a que su amada iniciara sesión para poder sentir su corazón latir más fuerte al oir aquel "tininí" que sonaba cuando le escribía palabras de amor en lenguas olvidadas, vio que la supuestamente fermosa joven no aparecía y que el silencio fue lo único que obtuvo como respuesta a sus ansias. Fue así como se decidió a partir en su busca desfaciendo en su camino cuantos entuertos encontrara, convirtiéndose en un caballero de los que en sus libros libraban grandes batallas contra el mal.