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Ver la versión completa : El Tiempo de la Magia [Capítulo 8. Act. 27/03/09]



Tildom
27th March 2008, 09:57
Muy buenas a todos. Terminado mi fic de Zelda puedo centrarme en proyectos más personales, como lo es esta novela que mezcla ciencia ficción y literatura fantástica en una Tierra alternativa.

Todavía está en pañales (no tiene ni 40 páginas escritas) pero espero que os guste. Como siempre, espero vuestras críticas y de hecho, las exigo :jaur:

Capítulo 1 Pág. 1
Capítulo 2 Pág. 1
Capítulo 3 Pág. 1
Capítulo 4 Pág. 1
Capítulo 5 Pág. 1
Capítulo 6 Pág. 1
Capítulo 7 Pág. 2 (http://www.revogamers.net/comunidad/siguiente-vt19312.html?postdays=0&postorder=asc&start=15)
Capítulo 8 Pág. 2 (http://www.revogamers.net/comunidad/siguiente-vt19312.html?postdays=0&postorder=asc&start=15)

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Cuando llegamos, muchos humanos nos preguntaron cuál era la ciencia que nos permitió llegar a La Tierra a través del espacio.
- La magia - contestamos.
[align=right:3bd7f2f0d9]Extracto de las memorias de Lendsar Kil’deranien[/align:3bd7f2f0d9]


1

Ciudad de Elquëlamar
Instituto Lendsar Kil’deranien
Año 254 de la Era Orión

Julius Grëns: profesor de historia. Su aspecto era el de un joven de no más de cincuenta años de cuerpo atlético y movimientos elásticos, distante del que se podría esperar de un prestigioso profesor de uno de los mejores institutos de toda la Alianza. Llevaba un corte de pelo, castaño, al estilo militar y usaba gafas, sólo con fin estético.

Con un gesto felino se desperezó en su silla. Era el primer día de clases y todavía tardaría unos días en habituarse de nuevo al horario de trabajo. Echó un vistazo a su agenda mientras se servía un refresco de su cajón refrigerado. Por un capricho del destino, aquel año tenía libre la primera hora del lunes y no esperaba visitas. Aún así, alguien golpeó la puerta de su aula antes de entrar y se apresuró a guardar la lata que sostenía en la mano.

- ¡Adelante!

La puerta se deslizó a un lado sin hacer ruido y entró por ella un hombre mayor, canoso y de expresión afable. Era Winder Fellman, el director del instituto.

- Espero no molestarte, Julius.

- Pasa, Winder. Siempre es un placer verte. ¿Qué te trae por aquí? ¿Quieres tomar algo?

- ¿Qué tienes? – preguntó el director acercándose a su mesa.

- Déjame ver. Refrescos, agua, un par de zumos y... mi elixir secreto – dijo mientras sacaba una botellita llena de un líquido dorado.

- Me arriesgaré con tu elixir.

- ¡Vaya! Si que debe ser importante tu visita si vienes a beberte mi mejor whisky – dijo riendo mientras ponía un par hielos en el vaso.

- Luego tienes clase con los de primer año ¿verdad?

- Eso es. Un grupo interesante, veo mucho potencial.

- Como siempre, eres el único profesor que se toma la molestia de estudiar los expedientes de los alumnos.

- Los trato como a personas, si es a eso a lo que te refieres.

- Entre esos jóvenes hay uno que nos mandan de la Agencia.

- Ya era hora. Pensé que me estaban pagando para nada – Julius frunció el entrecejo.

- Lo han traído para que aprenda contigo. Echa un vistazo a su historial – le dijo Winder mientras le extendía una carpeta de color marrón.

- ¿Papeles? – se mostró extrañado Julius. Sólo le habían dado papeles en otra ocasión.

- Lee.

- Nombre: William Raker...

- Pásate sus datos y ve directo al cuadro académico.

- Sus notas de primer ciclo han sido normales. Veo un especial interés en historia, eso me halaga.

- No te olvides de sus aptitudes físicas.

- ¿Es bueno? - Julius comenzó a tener una sensación de dejá vu que no le gustaba nada.

- El mejor de su curso, y si me apuras, de todo el centro. Aún no ha terminado de crecer y es pronto para aventurar datos, pero ya ha hecho alguna proeza.

- ¿Quiénes son sus padres?

- Cristine y Gerard Raker. Ella es profesora de arte en la Universidad Picasso y él un publicista de la Eter.

- ¿Si la Agencia está interesada en él por qué no se le ha hecho un estudio genético?

- Me temo que eso ya queda fuera de nuestros límites.

- ¿Será una broma? Si quieren que lo adiestre tendré que conocer su cariograma.

- Esta vez no, Julius. Las órdenes vienen de arriba.

- ¡Me importa un carajo lo que digan esos burócratas! No necesito que vengan a decirme como hacer mi trabajo. Necesito saber para qué quieren que lo eduque.

- Quieren que el chico reciba enseñanza de todo.

- ¿De todo?

- Que se gradúe con un par de especialidades.

- Winder... Esto es una locura.

- Hay además otro pequeño detalle...

La cara que puso Julius fue todo un poema. Juntó mucho las cejas y le dirigió una mirada asesina. Winder suspiró y se encogió de hombros como diciendo “lo siento mucho pero yo no tengo nada que ver con esto”.

- ¿De qué se trata ahora?

- Bueno... verás: tendrás un colaborador.

- ¿Colaborador? – inquirió Julius alzando la voz más de lo necesario.

- Colaboradora, para ser más exactos. Llegará esta tarde a primera hora.

- Ahora sí que necesito un trago – dijo el profesor y bebió directamente de la petaca.

- Les advertí que no aceptarías. Que trabajas sólo.

Julius le indicó que se callara con un gesto de la mano.

- Aceptaré, Winder. No te preocupes.

Winder puso una cara de sorpresa tal que Julius no pudo evitar sentirse incómodo.

- ¿Crees que perdería la oportunidad de educar a semejante fiera?

- No sabes cuanto me alegra oírte decir eso.

- Quiero saber el nombre del encargado de esto.

- Mayor Arkanyon Celesti.

- ¿Celesti? ¿El del Pacto de Orión?

- El mismo.

- ¿Desde cuando trabaja para los de la Agencia?

- Desde que nació Raker – Winder se acercó y le puso la mano en el hombro -. Siguen la pista de ese muchacho desde el principio.

Shadow 666
27th March 2008, 16:46
Leído :)

Admiro tu propisición de desarrollar una historia que mezcla la Ciencia-Ficción con la Fantasía, ya que son dos generos que pueden ir aparte, sin cogerse de la mano, independiente uno del otro.
Creo que a ese género se le llama Fantasía-Ficción.

Ánimo ;)

Kalas Matacasuals
31st March 2008, 22:14
Vaya, esta historia me suena de algo. :jaur: A ver si sigues posteándola, que de momento deja intrigado.

P.D: ¿Sólo 40 páginas? ¿Cuándo fue la última vez que escribiste algo? xD

Tomoe Yukishiro
7th April 2008, 12:14
La culpa de q no escriba creo q la tengo yo (bueno y el wow y la wii otro poco) soy una pesadilla y no le dejo tiempo para nada :sorrisa:

Son 40 paginas con mucha chicha a vereis ya :P

Shadow 666
8th April 2008, 11:31
La culpa de q no escriba creo q la tengo yo (bueno y el wow y la wii otro poco) soy una pesadilla y no le dejo tiempo para nada :sorrisa:

Son 40 paginas con mucha chicha a vereis ya :P

Bueno, bueno. Tampoco te vayas a sentir culpable. Está bien que no centré siempre todos sus esfuerzos a la escritura. Dejar que la mente descanse con otras cosas, ya sea con la Wii, el WoW o Contigo.
Más que nada para evitar que se sobreesfuerze, que es cuando se obtienen resultados negativos.
Lo mejor y más correcto es hacer un relato con ganas. Cuando se está cansado o "Vacío" (Sin Ganas, Sin Inspiración, Sin Ideas), es cuando creo que mejor no escribir.

Tildom ha demostrado que puede escribir y que sabe. Ya es autor de varios escritos en este foro (La Forja de la Espada Maestra, El Cetro de Verano, etc.)

Tildom
9th April 2008, 11:46
El único culpable de que no escriba más soy yo mismo. Bueno, escribir escribo, pero no relatos y esas cosas, casi sempre que me pongo delante del PC es para hacer algún análisis o artículo para la web.

De todas formas siempre estoy pensando en las historias y llevo registros de ideas. La cosa no es que me siente un poquito todos los días, sino que de repente me pongo una tarde y salen 10-15 folios bastante definitivos.

Ahora mismo pienso mucho en esta historia, y el Cetro de Verano probablemente lo recicle para otra cosa. Tal vez mis "Crónicas del Rey Bardo" o en una serie de relatos cortos que tengo en mente (el segundo me está costando mucho escribirlo, pero es que es muy especial) de los cuales el primero lo colgué aquí (http://www.revogamers.net/comunidad/relato-corto-yo-nunca-miento-vt16289.html) hace un tiempo.

En fin, todo esto viene a que trataré de actualizar cada dos semanas, más o menos, y que voy a hacer un esfuerzo por escribir un poquillo más, a ver si animamos el cotarro.

Y sin más dilación, segundo episodio. Espero que os guste y si no lo hace, decidme qué, cómo y dónde.

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2

Ciudad de Elquëlamar
Instituto Lendsar Kil’deranien
Año 254 de la Era Orión


Los alumnos terminaron de sentarse en sus mesas y de conectar sus terminales. Cuando se levantó, un respetuoso silencio se impuso en el aula.

Con un gesto estudiado y repetido innumerables veces, Julius se quitó las gafas y las depositó sobre la mesa a la vez que estudiaba a sus nuevos alumnos: vio las mismas caras jóvenes e ilusionadas de todos los años. Prolongó el silencio unos segundos más mientras salía de detrás de su mesa y colgaba la chaqueta en la silla.

- Historia – su voz, grave y modulada, se desplegó como un misterioso embrujo por toda la clase -. La historia es la herramienta más importante para labrar un futuro. La más importante... y la más ignorada.

“La historia no son fechas; son hechos. Pero escúchenme bien: realizados por personas como usted – dijo señalando a una alumna de primera fila – o como usted – dijo haciendo lo mismo con un joven de ojos vivaces.

“Por otra parte muy pocas cosas en la vida quedan pendientes del azar pero muchas de ellas son las más importantes. ¿En qué familia nacemos? Ese es un buen ejemplo individual. ¿Pero históricamente hablando? ¿Alguien sabría ponerme algún ejemplo?

Como siempre, no había una sola mano levantada.

- Vamos, vamos – dijo para animar a los alumnos -. En mi clase de historia no se pueden decir tonterías. Una manada de gansos salvó el capitolio romano y eso es historia: ¿hay acaso algo más estúpido que eso?

Unas tímidas sonrisas aparecieron en las caras de los alumnos y aliviaron la tensión. Casi inmediatamente un par de manos se levantaron.

- ¿Sí, señorita...? – titubeó mientras leía su nombre en la pantalla frontal de su mesa – ¿Señorita Sanz?

- ¿El fuego? – contestó la chica con inseguridad.

- Bien pensado. Veamos, ¿el fuego fue fortuito?

“Imaginemos a un antepasado nuestro – dicho esto fue a la pizarra, dibujó un monigote con un garrote en la mano y escribió debajo CRUG: risas de nuevo -. Pues bien, Crug iba tranquilamente paseando cuando le sorprende una tormenta. Trata de ponerse a salvo y se oculta bajo un árbol. Inesperadamente un rayo cae en el árbol de al lado y lo parte por la mitad. Crug se sobresalta y huye. Pero cual es su sorpresa cuando se da cuenta de que algo brilla y crepita en el corazón del árbol hendido por el rayo.

“Coge la rama donde arde el fuego y lo lleva a su cueva. Afuera hace frío, pero el fuego despide calor e ilumina en la oscuridad. ¡Qué gran descubrimiento! Pero el fuego necesita ser alimentado y eso Crug no lo sabe, por lo que en cuanto la madera se consume su precioso descubrimiento se desvanece.

“Más adelante, dándole vueltas a la cabeza, se pone a jugar con dos piedras siguiendo ese instinto humano que nos impulsa a distraernos con lo primero que se nos pone delante. Las golpea, primero distraidamente y luego con fuerza. ¡Hey! ¡Sueltan chispas y despiden humo! ¡Están calientes!

“Incluso el primitivo cerebro de Crug es capaz de hacer la conexión entre el humo, el calor de sus piedras y su fantástico descubrimiento. Horas más tarde, lo que demuestra que nuestro amigo es tremendamente obstinado, un alegre fuego crepita a sus pies. El hombre tiene fuego. Estamos ante lo que llama un salto cualitativo: un cambio trascendental en el curso de la historia.

“Repito, un buen ejemplo señorita Sanz. ¿Alguno más?

Una segunda mano, esta vez de un muchacho moreno y menudo, se levantó.

- ¿Señor Raker? – Julius rezó porque la ansiedad que sentía no se hubiera traslucido en su voz.

- El Contacto – la voz del joven era segura y fue una afirmación, no el tono de pregunta habitual.

Los alumnos soltaron la carcajada. El chico que había hablado no se inmutó ante las burlas de sus compañeros y las aguantó con estoicismo.

- Interesante... ¿Puede explicarme alguno de ustedes por qué se ríen?

La misma chica de antes levantó el brazo. Julius la invitó a hablar con un gesto.

- Todo el mundo sabe que los Kil nos estuvieron observando durante años – dijo mucho más confiada que antes -. El momento en el que se nos mostraron no fue en absoluto fortuito sino algo premeditado y exhaustivamente estudiado.

- Buen argumento. ¿Cómo piensa rebatirlo señor Raker?

- No me refería al hecho del contacto en sí.

A Julius le brillaron los ojos y animó a Raker a que continuara con su exposición.

- Ellos mismos nunca han encontrado a nadie más en todo el tiempo que llevan explorando el cosmos. Cruzaron cerca del millar de sistemas, casi ocho mil planetas, y somos la única especie inteligente que conocen. ¿Acaso no es un hecho fortuito que nos encontraran?

- ¿Algo que añadir señorita Sanz?

La mencionada estaba sentada en su asiento y su expresión era de decepción: había metido bien la pata en su intento de impresionar al profesor Grëns.

- Nueve mil planetas, roca arriba roca abajo, son los que conocieron. La gran mayoría son bolas de gas venenoso... Pero son nueve mil posibilidades de encontrar vida inteligente. Los Kil’deranien (agradecería que en mi clase no se refirieran a ellos como Kil y desde luego no quiero ver escrito eso en un examen) son el único pueblo, aparte de nosotros, que puebla el universo conocido.

“La probabilidad de encontrarnos era ínfima. ¡Dos razas en mil sistemas! Un encontronazo de lo más fortuito, ¿no creen? Muy bien, señor Raker, muy bien. ¿Alguno más?

Después de una hora de ejemplos y debates, el timbre que anunciaba el fin de la clase sonó en el pasillo. Casi al instante el barullo comenzó y los alumnos desconectaron sus terminales para marcharse a la siguiente clase.

- ¡Un momento, un momento! – gritó Julius para hacerse oír por encima del escándalo – Para nuestra siguiente clase que es... – echó un vistazo a su agenda – pasado mañana a primera hora, quiero que me traigan un ejemplo de azar en la historia. Los que han intervenido con uno en esta clase quedan exentos. Muchas gracias.[/i]

boinaverde515
9th April 2008, 16:06
que seria de esta comunidad si no estuviera nuestro amigo tildom para entretenernos con una de sus historias. Como siempre muy entretenida

Yunnychan
9th April 2008, 20:53
Me encanta el profesor ojala tuviera un profesor de historia k de als clases asi xDDD

sigee que esta muy wapo!

chip1980
9th April 2008, 21:04
Me he leído las 2 partes y me gusta mucho :sorrisa:

Tengo ya ganas de ver como se desarrolla la historia.

Nowiis
19th April 2008, 12:28
Para cuando continua? :sorrisa:

Tildom
23rd April 2008, 09:55
Bueno, dos semanitas más tarde y listo para colgar el siguiente capítulo. La verdad es que he retomado la idea con fuerza y muchos elementos han empezado a tomar forma en mi cabeza, a ver si llego a algo productivo XD.

Me alegro de que os esté gustando. El personaje de Julius me parece muy interesante, pero a ver si consigo mantener su nivel de "jugonabilidad" sin hacerlo caer en las redes del "houseismo" (que conste que Julius es anterior a nuestro médico favorito). Veremos en qué para la cosa.

Y sin más dilación, tercer episodio. ¡Feliz lectura!

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3

Ciudad de Elquëlamar
Estación de Proxima Centauri
Año 254 de la Era Orión


La estación de Proxima Centauri era el más moderno aeropuerto de toda la Alianza y había sido construido en las afueras de la ciudad de Elquëlamar. Desde fuera parecía un enorme barco metálico de estilizada forma, mientras que las brillantes placas solares que recogían la energía que hacían funcionar todo el complejo tenían forma de velas.

Julius miró por enésima vez el reloj digital que colgaba del techo. Justo debajo, una pantalla gigante de televisión mostraba los resultados deportivos del pasado fin de semana.

Ya iba a levantarse y preguntar en información si había surgido algún problema con la nave de Ferín, cuando su aterrizaje fue anunciado por los altavoces. Con impaciencia se dirigió a la puerta del vuelo y se quedó a unos metros, esperando a la que sería su colega durante los próximos cuatro años.

Al par de minutos de espera, las puertas se abrieron y por ellas empezó a entrar una riada de gente que se mezcló con la multitud de la estación. Los habituales besos, abrazos, saludos y lloros se sucedieron mientras que Julius levantaba un cartel con su nombre escrito en él.

- ¿Profesor Grëns?

La voz era de mujer. Julius se giró en su dirección y vio a una elfa, ligeramente más baja que él, de ojos verdes y cabellos azul oscuro. Vestía el uniforme militar de los Kil’deranien, de color negro y botas altas. El conjunto se completaba con una capa, también negra y con una aeronave bordada en plata, de envés rojo rubí; rubíes que también llevaba en las hombreras y que representaban su rango.

- Soy la Teniente Ariel Elnar, creo que soy a quien busca.

Julius la miró extrañado un momento.

- Por supuesto, teniente Elnar...

- Llámeme Ariel, profesor, dejemos los formalismos a un lado.

- Julius, por favor. Supongo que querrá conocer su hogar durante los próximos cuatro años. ¿Vamos?

Ariel asintió y se pudieron en marcha. Un carro, cargado con el equipaje de la teniente (una maleta y un bolso de mano, ambos negros y bordados con la misma aeronave de su capa), se puso en marcha y los siguió.

- Y bien, Ariel. ¿Por qué no me cuentas algo de ti? ¿De dónde eres? ¿Qué has estudiado? ¿Cómo entraste a trabajar para la Agencia?

Ariel sonrió ante el apresuramiento propio de los humanos, pero aún así respondió.

- Me crié en Ferín, soy piloto militar y los de la Agencia me reclutaron hace unos quince años.

- ¿Piloto militar? ¿Por qué te envían a una misión de adiestramiento?

- Se enterará dentro de poco. Si mal no recuerdo, tenemos una cena mañana por la noche. A las diez en el Ritz.

Julius la miró divertido.

- Si me hubieran avisado con más tiempo hubiera comprado algo de ropa para estrenar. Todo lo que tengo está muy visto.

- No parece sorprendido por la noticia.

Julius se encogió de hombros.

- A los altos mandos les encanta pillar a la gente desprevenida, especialmente si se trata de misiones secretas. Me hicieron lo mismo hace un tiempo.

- ¿Hugh? – aventuró la elfa.

Julius asintió.

- Sí. Hugh.

Llegaron en ese momento al coche de Julius, un deportivo rojo chillón, y cargó las maletas en la parte de atrás.

- Hablas como si supieras algo de él – dijo Julius mientras se subía al coche y conectaba el piloto automático.

- Puede.

- Algún día me cansaré de esto y... – dijo riendo mientras marcaba en la pantalla su destino y el coche se ponía silenciosamente en marcha.

- Cambiando de tema – dijo el hombre mientras le ofrecía algo de beber, a lo que la elfa declinó amablemente -. ¿Cómo entraste en la Agencia?

- Como entramos todos.

- Ya. Tú también te equivocaste al echar el curriculum, ¿eh?

La elfa no pudo evitar reírse.

- Había oído esa historia, pero no creía que fuese cierta.

- Créeme, soy el único caso. Así que fuiste la primera de tu clase, graduada con honores en una prestigiosa universidad, tesis que revoluciona una parte ínfima del conocimiento actual y de ahí derechita a las desaprensivas manos de un alto mando de la Alianza.

- Doctorada en el MIT en Tecnología Creativa Aplicada y otro doctorado en el Centro Lendsar.

- ¿De qué el segundo doctorado?

- Filosofía Interracial Comparada.

Julius enarcó una ceja, sorprendido.

- Ni ciencias ni letras, si no todo lo contrario.

La elfa asintió.

- Estudié con una beca del Ejército y allí me licencié como piloto de combate, aunque no tengo experiencia en situaciones reales.

- Hace más de treinta años que no participamos en guerras – razonó Julius - ¿cuántos años tienes?

- Profesor, hay ciertas cosas que no se preguntan en una primera cita...

- ¿Generación estelar? – preguntó Julius, sonriendo por la broma – No, eres una Adán – rectificó casi inmediatamente.

- ¿Tanto se me nota?

Julius miró el reloj del salpicadero e, inesperadamente, agarró el volante, pasó a control manual e hizo que el coche frenase violentamente y fuera a un lado de la carretera. Ariel se quedó mirando sorprendida al humano, que la observaba con una mirada grave. Afuera, un par de coches hicieron sonar la bocina como protesta, incluso se oyeron algunos insultos, pero Julius no apartó la mirada de ella.

- Mi paciencia es aún menor que la de mis congéneres humanos, Ariel, y créeme que después de diez minutos de charla intrascendente está a punto de agotarse.

- No te entiendo.

- ¡Por el amor del cielo, no insultes mi inteligencia! Ni siquiera cuando adiestré a Paul Hugh tuve un espía de la Agencia mirando por encima del hombro. ¿Qué ocurre con William Raker?

- Ya te dije que lo averiguarás mañana por la noche.

Julius soltó una carcajada bastante sarcástica.

- Mañana se me dirá sólo lo justo como para que pueda hacer mi trabajo. Conozco a esos chacales de la Agencia. Me arrebataron a Hugh y me arrebatarán a Raker, o al menos lo intentarán.

- Te lo advierto Julius – la dulce Ariel se convirtió en “témpano de hielo” Ariel y su voz sonó fría y dura en el reducido espacio del deportivo -. No te atrevas a desafiar a la Agencia, no tienes ni idea de lo que está en juego. Mañana entraremos más en detalle, pero por ahora no puedo decir nada.

- ¿Por qué iba a ser ahora diferente?

- Porque esta vez no se pueden cometer errores.

- Ariel, yo no cometo errores.

Esta vez la elfa permaneció en silencio y su mirada se aplacó bastante.

- ¿Qué le ocurrió a Paul Hugh?

- Mañana.

- ¿Cuál es ese error del que habla?

- Mañana.

- ¡¿Por qué es William Raker tan importante?!

- ¡Te he dicho que mañana! – le gritó Ariel, fuera de sus casillas.

- ¡Joder! – gritó Julius sacando toda la rabia que llevaba dentro. Fue un grito explosivo y Ariel se quedó pegada al asiento. Unos segundos después, y aparentemente más tranquilo, Julius volvió a hablar – Esperaré, pero te advierto que me falta un tanto así para dejar el proyecto.

- No seas estúpido. Sabes que una vez que se comienza algo debe acabarse o...

- ¿O qué? ¿Vas a amenazarme con algo? Sería divertido. Debes saber, ¡qué demonios! probablemente lo sabes pues seguro que llevas meses estudiando mi historial, que la muerte no me asusta. Se le pierde miedo cuando te ha visitado un par de veces.

Ariel se quedó callada. Julius se pasó la mano por la cabeza y suspiró. Con un gestó secó volvió a poner en marcha el coche.

- Además – añadió poniendo fin a la discusión -, la Agencia no puede permitirse perderme. Soy demasiado valioso.

Ariel siguió callada. ¿Qué iba a hacer? ¿Darle la razón?

chip1980
23rd April 2008, 18:41
Genial. Me gustan los personajes, tienen una personalidad muy marcada y te puedes identificar con ellos.

Y también me está gustando mucho como se está desarrollando la historia.

¡Animo! ¡Que este no tiene derechos de autor! ¡Si te sale bien lo mandas a alguna editorial y que te lo publiquen!

EDIT: Que bien! mañana otro capítulo! :^^:

Tildom
30th April 2008, 09:34
Muy buenas. Otra actualización ha llegado y esto marcha a buen ritmo. Gracias a mi temporada de ocio laboral (me pagan por no hacer NADA y NO estoy de vacaciones) he encontrado tiempo para escribir, así que he tenido un par de semanas bastante prolíficas, sobre todo a la hora de matizar aspectos de la historia y añadir elementos a lo que se suele llamar "background". Ya sabéis a lo que me refiero.

Capítulos he escrito pocos. Uno. :miedo: Pero muy largo :eee?:

Por cierto, ahora añadiré al final de cada capítulo un pequeño glosario de términos y, para más adelante, hay un índice de personajes, porque me temo que va a haber muchos. Como las actualizaciones son muy espaciadas, se os puede olvidar quien es tal o pascual y quiero ayudar a ubicaros, así que por el capítulo 8 o 9 (puede que antes) comenzaré a poner al final a los personajes que intervengan en él.

Lo del glosario es porque no me he parado de inventar cosas que pueden necesitar de una explicación que no es pertinente en medio de la narración. Cuando empiece a haber muchas palabras lo pondré completo en el primer post.

Bueno, y sin más dilación cualgo el cuarto capítulo. Recordad que podéis criticar lo que queráis, opinar sobre la trama, lo que creeis que puede ocurrir o está ocurriendo... ¡Feliz lectura!

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4

Ciudad de Elquëlamar
Esquina de Cervantes con Fitzgerald
Año 254 de la Era Orión

- ¿Ya hemos llegado? – aquellas fueron las primeras palabras que pronunciaba Ariel desde la discusión en la carretera. Habían pasado más de veinte minutos, los más incómodos de su vida, en los que había tenido tiempo de pensar acerca de su nuevo compañero y del cambio drástico en la situación que tenía entre manos.

- Sabes perfectamente que no – le contestó Julius secamente -. Aquí vive un amigo.

- Pensé que íbamos directamente a tu casa.

- Pensaste mal – contestó agriamente el otro -. Tengo que recoger un par de cosas. Bajaré en unos minutos.

Dicho eso, el hombre bajó del coche, salió a la calle y se metió en el portal que tenían justo enfrente. La elfa se quedó mirando a su alrededor, a la espera. ¿Cómo demonios había llegado a esa situación? Se suponía que Julius Grëns era un hombre colaborador y amable que atendía a razones, o al menos eso era lo que decía el informe que le habían dado.

Cierto era que la vida del brillante profesor estaba salpicada de altibajos, problemas con las drogas y un par de intentos de suicidio, pero su comportamiento había sido impecable incluso años antes desde que entrara a formar parte de la Agencia. ¿Qué había pasado para que Julius Grëns cambiara tanto? ¿Tal vez se había llegado al límite con ese hombre o tan sólo era cuestión de tiempo que volviera a las antiguas costumbres?
Lo que desde luego podía asegurar era que sus facultades no habían perdido un ápice de su brillantez. A partir de muy pocos indicios había podido averiguar cosas que deberían permanecer en secreto. Si deseaba tener la colaboración de Julius en todo aquel asunto, debía informar a sus superiores que le mostraran más verdad de la que tenían pensada.

Julius se recostó en la pared en cuanto tuvo fuera de vista su coche y su ocupante. Se obligó a respirar hondo y a calmar la rabia y el resentimiento que lo embargaban. Mentiras y más mentiras, eso era lo único en claro que había sacado de sus relaciones con la Agencia. “La historia está condenada a repetirse para aquellos que la olvidan”. Ese era un antiguo dicho, uno cargado de tanta verdad que Julius se maravilló una vez más al recordarlo. Pues bien, él no olvidaba. Lo de Hugh no volvería a repetirse con Raker.

Llamó al ascensor y lo esperó pacientemente. Tardó apenas unos segundos y se abrió: estaba vacío. Entró y pulsó el piso cuarenta y tres. Olía a ambientador y se preguntó cómo era posible que en pleno siglo veintitrés todavía existiera el olor a ambientador barato (y por qué siempre era de pino). El ascensor subía por un tubo transparente y mientras lo hacía, pudo admirar las calles de la ciudad de Elquëlamar.
La fusión entre las razas elfa y humana había dado nacimiento a varias ciudades, auténticas polis griegas en opinión del joven historiador, en las que el progreso y la integración eran los ideales abanderados. Parecía casi increíble, para cualquiera que no conociera la naturaleza humana, que todavía no hubieran alcanzado la integración completa en La Tierra. Lo cierto era que en algunos países, especialmente los de ideología islámica más radical, era un crimen acoger a elfos, mientras que en otras partes del mundo todavía se les miraba con cierto recelo. Para Julius, en ambos casos se trataba de formas diferentes de afrontar el miedo a lo desconocido.

Eso no quitaba para que no hubiera mucha gente que aceptara y acogiera de buen grado a sus, relativamente hablando, nuevos vecinos. Los Estados Unidos, Nueva Zelanda, Egipto, Japón y España cedieron parte de sus territorios para la fundación de cinco ciudades de acogida e integración. La más famosa de todas era Ferín, edificada sobre el mar y frente a las costas orientales de Japón. Era la favorita de los elfos ya que su situación les concedía más intimidad y también porque la espiritualidad y filosofía orientales eran las más parecidas a las suyas propias.
Elquëlamar era otra de esas ciudades (también llamadas “La Liga de las Cinco Hermanas” o “Las Cinco Hermanas”), la instaurada en tierras norteamericanas, en el Estado de California, y en pocas décadas se había convertido en una hermosa urbe de altos edificios, amplias calles y verdes parques.

Estas ciudades se gobernaban mediante un Consejo formado por los gobernadores de las Cinco Hermanas y estaba presidido por un Presidente. En la actualidad este era A’wik Paskpiew, antiguo gobernador de Ferín, un Adán que se había ganado el respeto de todo el mundo tras su gestión del brote racista ocurrido medio siglo atrás.

Elquëlamar no era una ciudad tan grande como Nova Sidus (situada en la costa mediterránea española) o la propia Ferín, pero aún así se daban cabida en ella medio millón de almas. Destacaba el Parque Newton, lleno de manzanos y que albergaba el Museo de Ciencias Infantil, la Plaza del Contacto con la Sede Gubernamental, un hermoso edificio de cristal y titanio, el Museo de Arte, al aire libre, con pinturas contemporáneas de Eolk, Garantis, Ferbach y Welles. A las afueras estaba el campus de la Universidad Jordan-Celesti, a orillas del Lago Curry, uno de los valores más sólidos de la comunidad y una de las instituciones con más prestigio de todo el mundo.

El ascensor se detuvo en su piso y Julius, tras echar un último vistazo a la panorámica de la ciudad, salió al pasillo. Una moqueta de color granate amortiguó los enérgicos pasos del profesor mientras éste se dirigía al apartamento 4310. No había timbre, así que llamó a la puerta. Un instante después, se abrió la puerta y dejó a la vista un lujoso apartamento.

Las paredes y los muebles eran totalmente blancos. El suelo era de parqué y de vez en cuando una mullida alfombra beige, sin dibujos de ningún tipo, hacía acto de presencia. La puerta daba a la sala del apartamento. Una chimenea, holográfica por supuesto, daba color a la estancia mientras que un par de cuadros, de verdad no de papel digital, estaban colgados de las paredes. También había un par de esculturas colocadas en rincones estratégicos y que Julius no supo decir que era lo que representaban.

- ¡Julius Grëns! – lo saludó una voz desde adentro del apartamento – Pasa compañero, te estaba esperando.

Julius entró e inmediatamente encontró a su interlocutor. Éste era un atractivo hombre negro de complexión fuerte. Iba vestido sólo con unos pantalones de deporte y unas sandalias. Llevaba el pelo anudado en una única, larga y gruesa trenza que le caía por un hombro y descansaba en mitad de su pecho desnudo. Usaba gafas, como Julius sólo como adorno, de montura dorada. Detrás de ellas, unos penetrantes ojos negros, rebosantes de inteligencia, observaban la entrada de su invitado.

- ¿Cómo te va Kyle? ¿Has cambiado la decoración?

- ¿Te gustan mis nuevos cuadros? Me los regaló un amigo pintor que estoy promocionando. ¿Te invito a algo? – le dijo mientras levantaba una copa llena de hielo y un líquido azulado.

- ¿Qué estás tomando?

- Malibú con piña.

Julius arrugó el gesto.

- Veo que Myriam te ha contagiado los gustos. Demasiado dulce para mí, ¿tienes zumos?

- Marchando uno de mango para mi profesor favorito. ¿Por qué no te sientas antes de hablar de negocios?

Julius fue hacia el sofá y le hizo caso. Al poco tiempo Kyle se sentó junto a él y le tendió el vaso con su zumo.

- ¿Qué tal tu encantadora esposa? – preguntó.

- De maravilla. Precisamente el otro día estuvimos hablando de ti.

- ¿Dónde está? Me encantaría saludarla.

- En el trabajo. Tuvo que sustituir a un compañero en una clase.

- Una lástima. Hace tiempo que no la veo.

- Mañana por la noche organizamos una fiesta, ¿por qué no te vienes? Te he llamado, pero nunca estás en casa ni tampoco revisas tus mensajes.

Julius estuvo tentado a aceptar, pero recordó la cena. Otro motivo más para mandarlos al carajo.

- Tengo un compromiso, lo siento.

- Vamos hombre, será divertido.

- Lo intentaré – a lo mejor podía luego. Las fiestas de Kyle siempre habían sido las mejores.

- ¿Tienes lo mío? – preguntó, cambiando súbitamente de tema.

Kyle se quedó mudo unos instantes y luego soltó la carcajada.

- Lo tengo, no te preocupes.

- ¿Qué te parece?

Kyle dejó de reírse y lo miró de esa forma que Julius conocía tan bien.

- Digamos que has vuelto a hacerlo. He tenido que piratear medio sistema de seguridad de cuatro o cinco gobiernos y ni con eso lo he averiguado todo. De hecho, lo más revelador ni siquiera son documentos digitales, tuve que tirar de agenda y me consiguieron fotografías de los originales en papel – mientras decía esto le tendió una cajita que contenía una tarjeta de almacenamiento de datos.

- ¿Originales en papel? También tengo de eso en casa – contestó Julius mientras cogía la cajita.

- ¿Tienen una etiqueta de Alto Secreto?

- Y un cerco de café.

Kyle se rió.

- Como sea. Debo… Me debes – se corrigió – un par de favores muy gordos.

- Ponlos en mi cuenta. Como siempre, has superado mis expectativas. ¿Puedo contar con tu ayuda y la de Myriam?

- Se lo preguntaré, pero creo que aceptará. Sabes que ella nunca sabe decirte que no.

- Afortunadamente para ti – dijo Julius riéndose – eso no fue así al principio.

- Tú eras su paciente. Hubiera ido en contra de la ética profesional.

- Bendita ética profesional. ¿Por qué los militares no tendrán una como todo el mundo?

- La tienen – afirmó su amigo -, pero, al igual que la de los políticos, está enterrada bajo un montón de papeles.

- Bueno – dijo mientras se levantaba y dejaba el vaso de zumo a medio terminar sobre la mesa -. Creo que ya es hora de que me marche. Tengo mucho que estudiar – y agitó la cajita.

- Entonces hasta mañana.

- Si la reunión se alarga ya te avisaré para quedar.

- Si tardas demasiado ya nos encargaremos Myriam y yo de salvarte – Kyle se levantó y lo acompañó hasta la puerta -. Descansa y buena suerte.

- Gracias amigo – se despidió Julius dándole un abrazo.

Kyle no contestó, se limitó a esperar a que Julius se perdiera por el pasillo y luego cerró la puerta.

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GLOSARIO

Adanes: Así se llama a la primera generación de elfos nacida en la Tierra.

Brote Racista: ver Hijos de la Tierra.

Eleria: Nombre de la nave en la que llegaron los elfos. Significa Estrella Guía.

Elquëlamar: Del elfo. Literalmente, Nueva Esperanza. Ciudad de la Liga de las Cinco Hermanas asentada en el estado de California (EEUU), a orillas del Lago Curry.

Ferín: Del elfo. Literalmente, Ocaso. Ciudad de la Liga de las Cinco Hermanas asentada en el Océano Pacífico, enfrente de Japón.

Generación Estelar: Así se denominan a los elfos que llegaron a bordo de la Eleria.

Hijos de la Tierra: Grupo terrorista que busca el exterminio de los elfos. Responsables de los brotes racistas que sacudieron la sociedad terrestre en 212 de la Era Orión La mayoría fueron muertos o capturados, aunque todavía quedan células activas.

Liga de las Cinco hermanas: O sencillamente, Las Cinco Hermanas. Nombre que se les da a las cinco ciudades de integración entre elfos y humanos, poseedoras de un régimen de gobierno propio.

Nova Sidius: Del latín. Literalmente, Nueva Estrella. Ciudad de la Liga de las Cinco Hermanas asentada en Valencia (España), en la costa mediterránea española.

ÍNDICE DE PERSONAJES

Arkanyon Celesti: Comandante de los ejércitos elfos. Firmante del Pacto de Orion y principal impulsor de la integración.

Arthur Ferbach: 163 EO - 258 EO. Artista conceptual, inventor de la Pintura Dinámica Espontánea.

A’wik Paskpiew: Presidente de la Liga de las Cinco Hermanas.

Garantis Ionar: ?? - ??. Escultor famoso por su arte interactivo con colchones dinámicos.

Jordan Crown: Presidente de los EEUU durante el Contacto, uno de los firmantes del Pacto de Orión.

Lendsar Kil'deranien: Patriarca de los Elfos. Mago de gran poder.

Mark Eolk: 217 EO - ??. Pintor famoso por sus cuadros ultrarrealistas.

Vitor Welles: 65 EO - 221 EO. Primer Nanoescultor.

Tildom
14th May 2008, 09:20
Capítulo extraordinariamente corto para un fin de semana extraordinariamente largo (al menos para los madrileños :sorrisa: ).

Un sólo comentario: ¡¡¡OPINAD!!!

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5

Ciudad de Elquëlamar
Urbanización Bismark
Año 254 de la Era Orión

- Te dejo a solas para que deshagas la maleta – dijo Julius -. Si necesitas cualquier cosa estoy en mi despacho preparando la clase de mañana.

- ¿A qué hora cenamos? – preguntó Ariel.

- La cena, sí... Lo cierto es que no tengo hora fija para las comidas. Me temo que el protocolo elfo y yo no nos llevemos muy bien. Los primeros días haz como yo; cuando tengo hambre voy a la cocina y me preparo algo. Al lado del teléfono tengo una agenda con restaurantes que traen a domicilio: pizzas, chino o lo que quieras. Invita la casa. Pero te prometo que intentaré establecerme una hora para las comidas.

- Te lo agradezco. Será mejor que empiece cuanto antes – dijo abriendo su primera maleta -. Mañana me pasaré por tu instituto – la mujer sabía que la jugada era arriesgada y que Julius podía negarse a su petición.

- Me parece bien, así verás al chico. Llamaré a Winder para que esté avisado. Hasta mañana.

Obviamente, la elfa no se esperaba esa respuesta y Julius salió de la habitación sonriendo y sabiendo que la pequeña victoria que acababa de conceder a Ariel no significaba nada.

En cuanto se quedó sola, Ariel rebuscó en su maletero y sacó una pequeña cajita metálica. Luego se acercó a la puerta, le puso el seguro y se acercó a la ventana para ahumar los cristales. Cuando acabó con los preparativos abrió la cajita y de ella sacó un sencillo anillo de oro en la que estaba engarzada una piedra azul, sin tallar, que resplandecía suavemente en la oscuridad de la habitación. Se puso el anillo con veneración y pronunció una sencilla frase en un lenguaje lleno de fuertes inflexiones.

A los pocos segundos, enfrente de ella apareció una imagen de un elfo alto y delgado vestido con una túnica blanca.

- Saludos, Ariel. Espero que tu viaje hasta Elquëlamar haya sido de tu agrado.

La elfa hizo una ligera reverencia.

- Saludos, Magistrado. El viaje ha sido agradable. Pido permiso para comenzar con mi informe.

La imagen hizo un gesto de que podía proceder.

- No me fío de Julius Grëns. Desde que he llegado ha demostrado ser un humano muy inestable. Presenta continuos cambios de humor e incluso ha esgrimido amenazas veladas.

- Sin embargo, ese mismo humano demostró una capacidad realmente notable en el adiestramiento de Paul Hugh.

Ariel suspiró significativamente.

- Mencionar a Paul Hugh ha sido lo que ha alterado tanto al profesor Grëns. Me temo que fue un gran error apartarle del chico y no darle noticias suyas desde su separación.

- ¿Alguna sugerencia?

- Recomendaría que en la reunión de mañana se le dieran noticias del joven, para evitar confrontaciones futuras. Parte de la verdad – puntualizó -. Lo suficiente como para aplacar su curiosidad. Está muy molesto y puede que decida no instruir al muchacho.

- Hay instructores que podrían sustituirlo si causa demasiados problemas.

- Se contradice, Magistrado. Acaba de decir que sus aptitudes eran notables. Si nos remitimos a los hechos, más bien insuperables. Julius Grëns es indispensable y él lo sabe. Más nos vale jugar bien nuestras cartas o perderemos.

La imagen del elfo se quedó pensativa unos momentos. Luego giró la cabeza y habló con alguien que tenía al lado. Después de unos segundos volvió a dirigirse a ella.

- Tu consejo será tenido en cuenta. ¿Algo más?

- No, Magistrado.

- Entonces que las estrellas te muestren el camino con su luz.

- Y que cada amanecer le bendiga con una nueva esperanza.

La imagen del Magistrado parpadeó y finalmente desapareció. Ariel se quedó pensativa unos instantes y finalmente se convenció de que la situación ya no estaba en sus manos y que nada más podía ella hacer. Volvió a guardar el anillo en la cajita y comenzó a deshacer la maleta.[/i]

Tildom
21st May 2008, 11:41
6

Ciudad de Elquëlamar
Instituto Lendsar Kil’deranien
Año 254 de la Era Orión

El timbre sonó y el habitual barullo se desató a pesar de que Julius seguía hablando.

- ¡Quiero para la próxima clase el capítulo uno leído! – gritó para hacerse oír.

Se oyeron protestas, pero Julius les hizo caso omiso. Los estudiantes siempre se quejaban. Estaba seguro de que si suspendía los exámenes, tarde o temprano protestarían porque no tenían nada que hacer.

El aula se vació en un santiamén y Julius se quedó sólo. Se quitó las gafas y las dejó encima de la mesa. Aquel había sido un día duro. Miró la hora en su terminal sólo para asegurarse de que todavía quedaban casi seis horas para la cena de aquella noche.

Miró por la ventana de su clase y vio el patio de recreo. Algunos chicos se marchaban a sus casas mientras que otros se iban a los vestuarios del colegio. Con cada nuevo curso comenzaban los entrenamientos y las reformas de los equipos deportivos. Vio al joven Raker andar junto a un par de chicos, jugadores del equipo de baloncesto, charlando animadamente.

De repente le embargó el deseo de ver al muchacho en acción. Quería ver lo que era capaz de hacer. Cogió de su mesa el libro que estaba leyendo, era un nostálgico de los viejos tiempos y le gustaba sentir el tacto del cartón y el papel cuando disfrutaba de una buena historia, y se dirigió a las pistas de baloncesto. Cuando llegó, en la cancha sólo estaba el entrenador: Terence Morgan. Lo saludó con la mano y fue a hablar con él.

- ¿Cómo estás, Julius? No te veo desde la reunión de bienvenida – le dijo el entrenador con su voz grave.

Parecía mentira que a sus ciento veinte años aquel hombre mostrara una forma física tan espectacular. El entrenador Morgan era un hombre alto, de cabellos y barba rubia, de anchos hombros y talle alto. Su cuerpo todavía era muy musculoso, aunque tendía cada vez más a las formas redondas. Terence había sido militar, pero había abandonado el cuerpo de infantería un par de décadas atrás para dedicarse a la enseñanza. Los rumores del instituto decían que era un informador del ejército y un reclutador para las fuerzas especiales. Julius reía cada vez que oía algo de eso, o una de sus innumerables variantes, y se imaginaba lo que dirían si supieran que el auténtico reclutador era él y no aquel afable hombre de maneras algo rudas pero incapaz de mentir a nadie.

- He estado bastante ocupado, preparando las clases y todo eso. ¿Qué hay de nuevo? ¿Algún chico que merezca la pena?

- Todavía es pronto para decir nada, aunque me temo que la marcha de Jr. y de Allan Geller nos haya dejado sin equipo.

- Los chicos tienen que graduarse, Terence – replicó Julius riéndose -. No pueden jugar en el instituto toda su vida.

- Supongo que tienes razón. Vas a ver el entrenamiento, ¿verdad?

- Creo que sí. Tengo que hacer algo de tiempo y hace buen día – y Ariel tendría que aparecer de un momento a otro, pensó para sus adentros.

- Recuerdo la última vez que viniste a un primer entrenamiento. Fue hace... déjame pensar – el entrenador se rascó la barba pensativo -. ¡Ya lo tengo! Hace cuatro años. Recordaré siempre aquel día, aunque viva más que un elfo.

- Creo adivinar por qué lo dices – Julius recordaba muy bien ese día y lamentó su estupidez en ese mismo instante. Ese día había sido en el que...

- ¡Paul Hugh! Condenado crío. Metro setenta y cinco, da un salto y machaca en la canasta. Ganamos con él cuatro títulos consecutivos en el Nuevo Madison Garden.

Si Raker hacía una exhibición de ese estilo haría falta un milagro para que el entrenador Morgan no relacionara los hechos. ¡Maldita fuera su impaciencia!

- Sí. Ese chico era una auténtica maravilla. Echo de menos su forma de comandar mi equipo. Era un líder nato.

Por supuesto que lo era. Julius se había encargado de que así lo fuera.
- Espero no molestar si me quedo.

- Tú siempre eres bienvenido, no eres como esos – dijo señalando al edificio de las aulas.

- Amigo mío, hay lecciones que distan mucho de estar en los libros.

- Tienes razón. ¡Ah! Ahí vienen mis muchachos.

Julius se despidió y subió a las gradas para ver el entrenamiento. Unos veinte chicos habían entrado en la cancha, vestidos con ropa de deporte, y se colocaron en fila. El entrenador dio una orden y todos se pusieron a correr.

Julius pudo distinguir al joven Raker, de pelo negro y todo codos y rodillas.

- ¿Es ese nuestro genio? No parece nada del otro mundo – la voz de Ariel lo sobresaltó y la miró enfadado.

- Eres tú – dijo en un tono molesto -. Ya creía que no ibas a venir.

- No quiero que te escaquees de nuestra cita.

- ¿Nos presentas, Julius? – era la voz de Kyle.

Ésta vez fue el turno de Ariel de dar un respingo. No había oído al humano deslizarse detrás de ella.

- Kyle, Ariel. Ariel, Kyle – dijo Julius sin dejar de mirar el entrenamiento y sin poder evitar esbozar una sonrisa.

- No me dijiste que era tan guapa.

Julius se encogió de hombros.

- ¿Un amigo tuyo? – preguntó Ariel mientras estudiaba a Kyle.

- El mejor.

- Me siento algo ofendida.

Julius se giró para ver a la joven mujer que estaba al lado de Kyle. No era demasiado alta y era de constitución delgada. Tenía unos grandes ojos marrones y un pelo castaño claro, que le caía en una media melena. Sonreía, y esa sonrisa acentuaba su belleza mucho más. Era la mujer más hermosa que Julius había conocido en su vida y una de las más inteligentes.

- ¿Qué hay doc?*

- Dime eso comiendo una zanahoria y te contesto.

- Te veo bien. ¿Has engordado?

Myriam le sacó la lengua y Julius rió, mucho más animado ahora.

- ¿Falta alguien en la reunión? – preguntó Ariel, a quien obviamente tanta gente desconocida la había puesto nerviosa.

- Sin duda, no he hablado con todo mi equipo. Además, todavía no hemos establecido contacto con el muchacho.

Ariel miró a Kyle muy nerviosa.

- ¿Muchacho? ¿Qué muchacho?

- Bonita, pero no demasiado lista. Has rebajado el listón, Julius.

- Comparadas contigo todas salen perdiendo.

- ¿Qué muchacho va a ser? William Raker.

- ¿Les has contado a todos tus amigos lo de Raker? ¿Y qué va a ser lo próximo?

- Mandarte bajar la voz. Estás llamando demasiado la atención, teniente Elnar. O más bien debería decir Hechicera Elnar – dijo Julius de repente.

La elfa se quedó petrificada. El color se le fue y sintió sus piernas desfallecer. Una expresión de completo desconcierto apareció en su cara. Miró alternativamente a Julius y a la pareja de desconocidos que la miraban divertidos.

- No pensarías que podías mantener el secreto, ¿verdad?

Ariel respiró profundamente. No tenía ni idea de cómo el joven profesor se había enterado de aquello, pero no le daría la satisfacción de burlarse de ella. Se irguió orgullosamente y recobró algo de la serenidad y altivez propia de su raza.

- Te habrías enterado esta noche.

Julius torció la cara en un gesto de evidente desacuerdo.

- Creo que ya discutimos eso ayer. Verás, tengo mis propias fuentes de información – y mientras decía esto Kyle hizo una elegante reverencia – y son realmente fiables.

- ¿Qué pintan ellos aquí? Se supone que el caso Raker es un asunto de máximo secreto.

- ¿Cómo también lo fue el de Paul Hugh? – dijo Myriam.

- ¿También Paul Hugh? ¿Qué más sabéis?

- Lo suficiente como para tener perspectiva. Ellos me ayudaron con Paul.

- ¿No era que trabajabas sólo?

- No soy tan estúpido como para creer que todo lo que hago es perfecto. Necesitaba gente a mi lado, y la gente que manda la Agencia... No te ofendas, pero apestan.

- ¿Por qué me cuentas todo esto? ¿Por qué ahora?

- Bueno. En realidad iba a montar esta pequeña reunión en mi casa, pero no me importa que sea aquí. Verás, Ariel – y cuando dijo su nombre cualquier rastro de su habitual tono burlón desapareció -, lo sé todo. Acerca del Exilio, de Paul y de Raker. Sé por qué el muchacho es tan importante, pero quiero oírlo de tu boca.

¡Sabía lo del Exilio! Aquello era lo último que la elfa se hubiera imaginado.

- Si ya lo sabes todo, ¿por qué contártelo?- preguntó con voz desfallecida.

- Porque necesito confiar en ti.

- Contar la verdad es un magnífico paso – le dijo Myriam mientras se le acercaba y le ponía la mano en el hombro.

- Haz caso a mi mujer, es psicóloga, entre otras cosas…

Ariel suspiró y cerró los ojos. Se encomendó a sus antepasados y comenzó a hablar.

Mientras tanto, los chicos seguían corriendo y riendo, entre ellos un joven adolescente completamente ajeno de la importancia que estaba a punto de cobrar.

************************************************** **********

*- ¿Qué hay doc?: Chiste intraducible. El personaje de dibujos animados Bugs Bunny saluda a Elmet, el cazador, con la famosa frase "¿Qué hay de nuevo viejo?" mientras mordisquea una zanahoria. La frase original en inglés es "What's up doc?" y aquí Julius la emplea con doble sentido, ya que Myriam es doctora y una contracción del título en inglés es precisamente esa. De ahí que luego, ella haga referencia a la zanahoria.

Tildom
5th June 2008, 09:07
7

Ciudad de Elquëlamar
Urbanización Bismark
Año 254 de la Era Orión

Julius miró por enésima vez su reloj mientras una mujer rubia muy atractiva daba el pronóstico del tiempo en la televisión. Llevaba tres cuartos hora, completamente vestido, sentado en el sofá, haciendo zapping. Acababa de constatar el hecho de que daban igual humanas que elfas, las mujeres siempre se tomaban su tiempo para prepararse para una cena. De igual forma, el reciente descubrimiento de las vetas del mueble de la televisión lo tenía completamente fascinado, lo que le llevó a una segunda revelación: el aburrimiento hacía que los muebles de madera parecieran divertidos.

- ¿Nos vamos?

Julius se giró y se quedó con la boca abierta. Ariel llevaba un vestido azul oscuro con un escote palabra de honor. Los hombros y la espalda estaban al descubierto y alrededor del cuello llevaba una fina cadena de plata con un único zafiro del tamaño de un guisante. El pelo estaba recogido en un elegante moño del que escapaba un tirabuzón que le caía graciosamente a un lado.

- Habría esperado gustoso otra media hora y me habría asombrado con mucho menos. Teniente Ariel, estás preciosa esta noche.

La elfa sonrió tímidamente, sorprendida por las amables palabras.

- Siento la espera.

- En absoluto – contestó Julius mientras apagaba el televisor con un gesto de la mano y se ponía en pie -. La sentirán los altos mandatarios cuando lleguemos tarde.

Ariel lo miró, extrañada.

- Vamos bien de tiempo, ¿no?

- Ahora sí, pero pienso dar una vuelta enorme para que me vean contigo.

************************************************** *********

Al llegar al coche, Julius activó la función de falso descapotable (disfrute de las ventajas de un descapotable en medio de la lluvia y el frío: nuevos techos nano-ópticos) y dio varias vueltas por el centro de la ciudad, asegurándose de parar en cada semáforo.

Finalmente, media hora más tarde de lo acordado, pararon frente al Ritz. Dos amables botones les abrieron las puertas y Julius programó al ordenador de a bordo para que buscara un lugar para aparcar en los alrededores. Cuando salió, se ajustó el traje, completamente negro salvo el detalle de un alfiler de plata en la corbata, y le ofreció el brazo a Ariel.

Entraron juntos en la recepción y una mujer se les acercó, solícita.

- Buenas noches. ¿Puedo ayudarles en algo?

- Muy buenas – contestó Julius -. Estamos invitados a una cena privada en... ¿dónde era? – le preguntó a Ariel.

- En el salón Nautilus.

La mujer se llevó la mano un momento al oído, en donde llevaba un pequeño auricular.

- ¡Ah, sí! Les están esperando. Síganme, por favor.

Siguieron a la empleada hasta los ascensores y se detuvieron enfrente de uno sobre el que había unas letras doradas que ponían “VIP”. La mujer se acercó a un panel y puso la mano encima. Momentos después la puerta del ascensor se abrió y la empleada le entregó a Julius una tarjeta.

- El ascensor les dejará automáticamente en su planta. Al salir recuerden devolverla.

- Muchas gracias – dijo Julius, recogiendo la tarjeta y guardándola en el bolsillo interior de su chaqueta.

Entraron en el ascensor, se cerraron las puertas y comenzaron a bajar. Julius miró su reloj.

- ¿Nervioso?

El profesor la sonrió.

- No. Estaba calculando cuánto debería durar esto para poder ir a la fiesta de Myriam y Kyle.

- ¿Te lo tomas todo a broma? Esto no es un juego, ¿sabes?

- Ambos sabemos lo que significa esta cena, así que sonriamos y disfrutemos.

Ariel iba a replicar, pero llegaron a su planta. Las puertas se abrieron y los recibió un pasillo alfombrado con una puerta doble corrediza al fondo. Guardando la puerta había tres hombres de paisano, cada uno tan alto y ancho como un armario de dos cuerpos. Uno de ellos se les aproximó.

- Julius Grëns y Teniente Ariel Elnar, ¿verdad? Si son tan amables, tenemos que cumplir el protocolo.

Julius asintió. El agente sacó un pequeño tubo metálico y dándole a un botón uno de sus extremos se convirtió en unas pinzas minúsculas. Julius se inclinó ligeramente y el agente le arrancó un cabello. Luego las pinzas se volvieron a integrar en el tubo, llevándose el cabello con ellos. Tras unos segundos se encendió una lucecita verde. El agente repitió el mismo proceso con Ariel.

- Su identidad ha sido verificada. Pueden pasar.

- ¿Sólo un examen de ADN? Esperaba más seguridad – le susurró Ariel.

- No te preocupes – contestó el profesor, divertido por la inocencia de la elfa -. Ya nos han escaneado y mirado con mil tipos de cámaras en el ascensor. Saben hasta cuál es nuestra tensión arterial y la marca de gel que usamos. El ADN es sólo para cerciorarse que no somos Proteos.

Las puertas se abrieron y entraron en el salón Nautilus. Se llamaba así por consistir en una cúpula transparente en el interior de un acuario gigante. Se podían ver todo tipo de criaturas marinas nadando, rodeando a los comensales. Peces exóticos, pulpos, estrellas de mar, arena, algas corales… Todo para dar la sensación de estar en el fondo del Océano Pacífico. Incluso había una miniatura de un submarino de verdad que rondaba por los alrededores. Uno casi esperaba que uno de los pulpos se lanzara a interpretar al kraken de “Veinte mil leguas de viaje submarino”.

Dentro del salón había mucha gente, aunque casi todos eran agentes, prácticamente iguales a los de la entrada. Si la ingeniería genética no estuviera paranoicamente regulada, Julius habría pensado que eran clones. Todos eran humanos, pero Julius sabía sin ninguna duda que había Kil’deranien vigilándolos, dispuestos a entrar en acción si eran necesarios. Sólo seis personas rompían la monotonía del traje negro y estaban sentadas a una mesa circular, llena de marisco y pescado. Por el aspecto, hacía ya un rato que habían empezado a comer.

Julius reconoció a Okem Iwens, gobernador de Elquëlamar, un hombre de casi cien años, con un respetable bigote salpicado de canas, al igual que su ondulado cabello, y expresión severa. A su lado estaba un elfo con un uniforme militar de gala de color blanco con tres gemas azules como galones; era Arkanyon Celesti, el héroe del Contacto. Julius conocía su aspecto por fotografías y la televisión, pero nunca en persona. El elfo lo observó con detenimiento y el joven profesor supo que lo evaluaba.

También reconoció a Ernst Voden, Vicedirector de la OCE, Organización de Colaboración entre Especies. También era la primera vez que lo veía en persona. Era muy alto y usaba gafas de pasta gruesa, las cuales necesitaba de verdad. También estaba medio calvo, pero no intentaba disimularlo con peinados ridículos o implantes. Pertenecía a la dexomalogía, que no caían en banalidades como someterse a cirugías para remendar defectos físicos sino que se aceptaban tal y como eran. A su lado estaba su contrapartida elfo, Illion Verdirant, de mirada inteligente y vivaracha.

Las dos personas que completaban el variopinto grupo estaban completamente fuera de lugar entre tanto secretismo, personalidad y guardia armado. Eran un hombre y una mujer, algo desbordados y encogidos en sus sillas, que se cogían de la mano buscando apoyo en el otro. Él sería apenas mayor que el propio Julius, rubio y alto. Ella era castaña, menuda, de manos delicadas y mirada acuosa. Julius intuyó quiénes eran: el matrimonio Raker.

- Buenas noches, y perdón por el retraso – dijo Julius mientras avanzaba -. El tráfico está imposible a estas horas.

Todos se miraron extrañados. En Elquëlamar nunca había atascos, a no ser que hubiera acaecido un holocausto informático y la red de tráfico se hubiera caído. Por supuesto que Julius sabía esto, y todos sabían que él lo sabía, por lo que quedó patente que los había hecho esperar aposta, que se había cerciorado que ese punto quedara muy claro desde el principio y que todo eso le importaba un bledo.

- No pasa nada, señor Grëns – contestó el gobernador Iwens-. Hoy hace buena noche y habrá salido todo el mundo. Disculparán que no les hayamos esperado – todos notaron la sorna del mandatario, pero nadie dijo nada.

- Supongo que ustedes serán Cristine y Gerard Raker – dijo Julius sonriendo -. Encantado de conocerles, William es un chico estupendo.

Los padres le devolvieron la sonrisa, agradecidos por el comentario.

- Espero que nos veamos a menudo en el instituto. Esta tarde he visto a William entrenar para las pruebas del equipo de baloncesto y…

Un fuerte carraspeo lo interrumpió. Arkanyon Celesti estaba visiblemente contrariado.

- ¿Son estas las formas que debemos esperar de este hombre?

Lo lógico hubiera sido un largo e incómodo silencio a continuación. Eso hubiera sido lo normal. Miradas serias y contritas, dependiendo de la parte implicada, y unas disculpas sinceras. Lo normal. La respuesta del profesor fue instantánea, como si hubiera estado esperando ese arranque.

- Mayor Celesti. – dijo Julius con un leve cabeceo, casi una sutil reverencia, aunque nunca sin dejar de mirar directamente al elfo -. Es un honor conocer a una figura de su talla histórica. Tengo entendido que es usted quien está a cargo del Proyecto Alejandro.

Fue como si le hubiera abofeteado. Todos los mandatarios se le quedaron mirando con la boca abierta, incapaces de disimular su asombro, mientras que Ariel se limitó a suspirar, resignada.

- ¿Dónde…? – la voz del gobernador Iwens sonó débil - ¿Dónde demonios ha encontrado esa información?

Antes de que Julius contestara, el mayor Celesti saltó como un resorte.

- ¡Por el Cetro Lunar! ¡Esto es traición! – dijo mientras miraba significativamente a Ernst Voden e Illion Verdirant, que estaban tan sorprendidos como el que más.

- No, Mayor, nada de traición – lo tranquilizó Julius -. Tan sólo he puesto a trabajar a mis informadores.

- ¿Quiénes son? ¿El Consejo? – el sarcasmo de Illion Verdirant restalló como un látigo.

- En todo caso el Círculo Arcano, ¿no le parece? – dijo Julius mientras miraba a Ariel de soslayo. Fue un gesto lo suficientemente sutil para que todos se dieran cuenta que conocía el pequeño secreto de la teniente.

- ¿Qué más sabe? – preguntó el Gobernador.

- Lo suficiente – contestó Julius - para saber si me engañan en algo de lo que me digan esta noche. ¡Vamos! No me miren así. Esto es un juego, y ustedes lo saben.

- Esto no es ningún juego, profesor Grëns – le espetó el mayor Celesti -. Nos lo jugamos todo a muy pocas cartas y Raker es una de ellas.

- Y si no es un juego, Mayor, ¿por qué han montado este circo? ¿Por qué me han ocultado la verdad durante años? ¿Por qué tenían la intención esta noche de no hablar más de lo necesario?

“Hagan el favor de no enfadarse porque haya alguien que juegue mejor que ustedes.

- ¿Y qué piensa hacer?

- Mi trabajo, Gobernador. Y para eso necesito su total y completa colaboración.

El mayor Celesti se tomó unos segundo para asentir. A Julius no se le escapó que estaba enfadado y asombrado al mismo tiempo. Había llegado el momento de ser diplomático.

- Lo primero de todo – dijo mientras ayudaba a Ariel a sentarse en la mesa y luego hacía él lo propio – es saber del tiempo que dispongo. Sé que estamos yendo a contrarreloj, pero me gustaría conocer cuál es el límite.

- No podemos saberlo, profesor Grëns – dijo el Gobernador -. Pero sí tenemos la certeza de que disponemos, como poco, de diez años. Pasado ese tiempo, todo es incertidumbre.

Julius se quedó pensativo.

- Es decir, que tengo una década para instruir al muchacho.

Los padres de Raker parecían desconsolados.

- Una década, dos… - contestó el Mayor – Por ahora hemos permanecido ocultos, pero sólo es cuestión de tiempo que nos localicen.

- ¿Por qué estamos seguros de poder disponer de esos diez años?

- Creo que eso lo podrá explicar mejor la Hechicera Elnar.

Ariel carraspeó un poco antes de hablar. Esto no iba cómo debería. No, de ninguna manera.

- Hasta ahora hemos podido escondernos gracias al arkanium. La población no lo sabe, pero nuestras reservas se agotan rápidamente ya que el mineral está perdiendo sus propiedades de forma natural. Calculamos que dentro de diez años no poseeremos el suficiente como para mantener nuestras protecciones por más tiempo. A partir de ahí sólo quedará esperar.

Mientras hablaba, Julius le sirvió un poco de vino blanco y para él cogió unas cuantas piezas de marisco. La verdad es que todo tenía una pinta estupenda.

- Todos nuestros intentos por encontrar yacimientos de arkanium, sintetizarlo o generar su radiación de forma artificial han sido inútiles – continuó diciendo la elfa -. Los humanos no pueden ejecutar magia y nosotros no comprendemos bien el funcionamiento de toda la ciencia humana, por lo que avanzamos muy lentamente. Tal vez en cincuenta o sesenta años…

- Así que en diez años quedaremos expuestos ya que la magia de los Kil’deranien no será lo suficientemente fuerte. ¿No hay ninguna forma de que nuestra ciencia pueda imitar el comportamiento de los escudos mágicos?

- No – dijo, hablando por primera vez en la reunión, Ernst Voden -. En este tipo de hechizos nuestra tecnología se muestra completamente impotente.

- En los hechizos de localización – aleccionó Ariel después de beber un sorbo del vino - la magia trabaja sobre un plano de la realidad al que los humanos no tienen acceso mediante la tecnología. De igual forma, nuestros hechizos de ocultación han resultado completamente inútiles a la hora de, por ejemplo, burlar radares. La única forma de escudarse de esta magia es mediante la magia.

- Desde el tiempo que lleváis en La Tierra, ¿alguna vez habéis notado si han intentado romper vuestras defensas?

- Tres veces – contestó el Mayor Celesti -. La primera fue poco antes del Contacto. De hecho, fue el detonante real del acontecimiento. Supimos que íbamos a necesitar aliados y los últimos que se resistían a establecer comunicaciones con la humanidad cedieron.

Julius enarcó una ceja, sorprendido por ese dato. Miedo, en vez de curiosidad y deseos de amistad con otro pueblo.

- La segunda vez fue coincidiendo con la tormenta solar del año 70. Es un hecho que no se ha vuelto a repetir y sabemos con certeza que no fue ningún intento de sondeo ni de romper nuestras defensas, sino una reacción natural al plasma solar. Todavía hoy seguimos investigando el fenómeno para averiguar cómo la ciencia puede influir en los campos mágicos.

“La tercera y última ocurrió hace cincuenta años. Entonces nos dimos cuenta de nuestra dependencia del arkanium, de que nuestras reservas se agotaban y que en unas cuantas décadas estaríamos indefensos. Unamos esto a los brotes racistas de los Hijos de la Tierra y a nuestro problema de población y lo cierto es que la nación elfa se encontró en una difícil situación. Nos sinceramos con los dirigentes de la humanidad afines y establecimos el Proyecto Alejandro.

- ¿Paul Hugh fue el primero?

El Mayor se entristeció.

- El primero que nos hizo pensar que lo habíamos conseguido. En una fase temprana del proyecto intentamos el método natural, pero ya sabe que nuestras especies son incompatibles. Luego optamos por métodos invasivos y ahí conseguimos nuestros primero progresos. De cada niño aprendíamos algo nuevo, pero seguía sin ser suficiente.

- ¿Qué pasó con los niños? – preguntó Julius muy serio.

- Lo que suele ocurrir cuando se juega con la ingeniería genética dando palos de ciego. Todos se malograron en diferentes estados de gestación. Estábamos desesperados – aquello sonó como una disculpa.

- Por algo se prohibieron ese tipo de experimentos – condenó Julius -. Aunque no estamos aquí para criticar las decisiones que se tomaron. ¿Cómo se consiguió a Paul?

- Casi de casualidad – contestó Illion Verdirant -. Nuestros experimentos se hacían en un complejo de Ferín, Atalanta, donde también se hacían los estudios acerca de la durabilidad del arkanium. Hubo un escape de radiación que se filtró en nuestro laboratorio. En un principio no nos dimos cuenta de la importancia que tenía eso: a fin y al cabo fue un escape menor, esas radiaciones no nos afectan a los elfos y las emanaciones de arkanium desaparecen a los pocos minutos, pero nos dimos cuenta que nuestros cultivos con ADN humano se vieron alterados.

“A partir de ahí nuestros científicos – dijo señalando también Ernst Voden para indicar que los humanos también participaron – comenzaron a investigar la asimilación del arkanium. Los voluntarios fueron definitivos para comprender la naturaleza del genoma elfo y la posibilidad de hacerlo compatible con el ADN humano.

- Y el resultado fue Paul Hugh.

- Exacto. El primer híbrido de la historia. Nuestra salvación de la endogamia.

Julius se pedió un momento en sus recuerdo. En aquel joven rubio y alto, con una mente prodigiosa y de carácter reservado. Más que como alumno, lo recordaba como amigo.

- ¿Programaron también su genio o eso fue casualidad?

- Fue completamente accidental, aunque es cierto que la idea de intentar diseñar a un superdotado rondó por la mente de algunos – apostilló Ernst Voden con cierto desagrado -. Ya habíamos cometido suficientes atrocidades y no teníamos la seguridad de obtener un genio en vez de a un chico con tres brazos.

- ¿Qué fue lo que salió mal?

- La magia – contestó el mayor Celesti -. Hicimos pruebas con él cuando era un bebé y no sufría los efectos secundarios de la radiación de arkanium. Asimismo, nuestros análisis nos mostraron cierto talento mágico, no ninguna maravilla, pero sin duda alguna un éxito absoluto.

“Teníamos un ser capaz de razonar y comprender el mundo humano, con aptitudes mágicas, un CI descomunal y, por encima de todo, compatible en términos reproductivos no con una, sino con ambas especies.

“Y, sin embargo, cometimos un error. O más diría que la naturaleza nos jugó una mala pasada. No tuvimos en cuenta un factor muy importante en nuestros estudios: la pubertad. Los humanos sufrís cambios demasiado bruscos, tanto mentales como físicos, en un espacio de tiempo ridículamente corto. Si hubiéramos tenido algo más de paciencia y permitido que se estabilizara el baile hormonal del muchacho no habríamos tenido ningún problema, pero la pubertad, de alguna forma, influyó en su sensibilidad al arkanium.

“No volvimos a evaluar sus capacidades, ya que son parámetros que no cambian en la vida de un elfo. No se nos ocurrió que pudiera haber variaciones en un híbrido. Sufrió un ataque durante la primera exposición de radiación de arkanium, en una clase demostrativa de la potenciación mágica. Murió una semana más tarde.

Julius lo sospechaba. Todas las pistas, toda la información que tenía indicaba implícitamente lo que había ocurrido con el vivaracho Paul. Eso no significó que la constatación de su muerte no fuera dolorosa.

- ¿Y William? – preguntó, esta vez dirigiéndose a los padres del muchacho.

- William nació… - siguió explicando el mayor Celesti, pero fue interrumpido por Julius.

- Disculpe, Mayor, pero preferiría que me contestaran Cristine y Gerard.

A lo largo de toda la conversación, el matrimonio había guardado silencio. Por supuesto que conocían todo aquello, así como el futuro que le esperaba a William y para lo que había nacido. Sin embargo, parecía que era ahora realmente cuando tomaban medida de la magnitud de la situación. Fue Cristine Raker la que habló en primer lugar, y lo hizo tímidamente, sin mirar a nadie en concreto.

- Mi marido y yo no podíamos tener hijos, así que fuimos a la consulta de mi padre, que tiene una clínica de fertilidad. ¿No es irónico? Poco tiempo después nos llamaron de la Agencia: habían estudiado nuestros datos y eran óptimos para hacer las pruebas. Hablamos con varios padres que se habían sometido al tratamiento y vimos que tanto ellos como los niños estaban perfectamente. Nos aseguraron que el proceso ya sólo tenía dos opciones: o se daba a luz un niño “especial” o se daba a luz a un niño normal.

- Jamás nos hubiéramos sometido a nada que pudiera perjudicar a nuestro futuro hijo – aclaró el padre.

Julius prefirió callarse el comentario de que dar a luz, a sabiendas, a la esperanza de toda una especie no era lo que entendía por “no perjudicar a un hijo”, sino más bien satisfacer el ego. Nadie le había preguntado a William si quería ser lo que era y ninguna persona debería cargar con dicha responsabilidad. Bueno, ninguna persona debería, pero, por otra parte, tenían que existir ese tipo de personas para que todo funcionara.

- Decidimos seguir adelante y poco después nació William. Por ahora ha superado todas las pruebas satisfactoriamente.

- Es un chico listo, pero no tanto como Paul (no se ofenda, es sólo una observación). Pero sin embargo, físicamente parece superior. ¿A qué se debe?

- Puro azar – explicó el mayor -. Hemos tenido varios niños potencialmente viables y, de hecho, estamos trabajando con ellos, pero para el Proyecto Alejandro necesitábamos a alguien, como poco, excepcional. Raker es más listo de lo que parece, y también superior físicamente. Lo único que pasa es que ha aprendido a no destacar… demasiado.

- ¿Se contiene? – preguntó Julius – Muy interesante. Lo aprendió sólo o alguien se lo enseñó.

- Se dio cuenta desde muy joven que era especial – dijo Gerard Raker – y decidió no aparentarlo demasiado.

- Y parece emocionalmente estable. Lo normal habría sido o bien presumir de ello o pasar a convertirse en el gran ignorado. William parece un chico normal y perfectamente integrado en su grupo. Impresionante – afirmó Julius sinceramente -. Así que lo que tengo entre manos es a un chico muy inteligente, físicamente más parecido a un elfo aunque con los patrones de crecimiento y maduración sexual de un humano y con un grado de madurez emocional alto.

- Y que además puede hacer magia – puntualizó el mayor Celesti -. Es por eso que la colaboración de la teniente Elnar se hace fundamental: será su maestra.

- Antes han mencionado que hay más muchachos, ¿dónde están y cuántos son?

- Están con otros profesores en otras ciudades – aclaró Illion Verdirant –. Apenas son medio centenar, pero si todo va bien dentro de poco estaremos en condiciones de tener más niños.

- ¿Cuántos más?

- Los suficientes para que el futuro de mi pueblo esté a salvo de la endogamia, profesor Grëns. El mestizaje no gusta a muchos de los nuestros, pero la alternativa a largo plazo es la extinción de la magia y nuestra cultura.

Julius asintió.

- Quiero estar en contacto con todos los chicos. Necesitaré sus fichas, actividades, los nombres de sus instructores… Esto no es algo que deba hacerse de forma inconexa.

- Nuestros expertos no creyeron eso adecuado –afirmó Ernst Voden.

- Con todos mis respetos hacia sus expertos: son gilipollas. No quiero que dentro de siete, ocho o nueve años estos muchachos se encuentren como desconocidos habiéndose sometido a medio centenar de sistemas diferentes.

- Pero la contaminación ambiental, los programas personalizados…

- Al carajo. Se puede hacer un programa personalizado siguiendo algunas pautas comunes a todos. Lo único que quiero es que estos chavales no se sientan solos, que sepan que hay alguien como ellos allí afuera. Lo único que tienen en común es que son diferentes a los demás: quiero que dentro de diez años piensen y actúen como una comunidad, no como cincuenta individuos.

- Estudiaremos su propuesta – intervino el Mayor Celesti. Julius supo que aquello era lo máximo que iba sacar en aquel momento, así que dejó de insistir.

- Otra cosa más. No pienso coger al chico hasta que se gradúe en el instituto.

- Será una broma. Eso es dentro de dos años – dijo el Mayor -. ¿Qué hay de todo eso de estar en una carrera a contrarreloj?

- Precisamente. No digo que no vaya a estar pendiente del muchacho ni que vaya a… cómo decirlo, “conducir” su entorno para nuestros propósitos. Sólo digo que hasta que no se gradúe no me sentaré con él en una silla y trabajar con él de forma intensiva. Aunque claro, ¿sería esta la forma correcta de abordar el asunto con entrenamiento mágico de por medio?

Ariel se encogió de hombros.

- En un principio no hay problema. Si el chico posee afinidad mágica y es medianamente inteligente no nos llevará más de cinco o seis años enseñárselo todo. Aunque es cierto que si tuviéramos esos dos años podría fortalecerse, es el uso de la magia lo que estrecha los lazos con ésta. Pero no nos hallamos ante un estudiante que vaya a redefinir los principios de la disciplina.

- Prefiero que sea emocionalmente estable a que pueda reventar una montaña. Pese a todo, sigue siendo un chaval de dieciséis años y necesita amigos, novias y a sus padres. Si no es absolutamente imprescindible no voy a interrumpir todo eso.

- Recuerdo que hizo algo parecido con Hugh, ¿me equivoco? – preguntó el gobernador Iwens – Dejarle un poco a su aire en un primer momento.

- Sí, lo hice, pero el caso de Paul era ligeramente diferente. Poseía una marcada tendencia asocial y me tuve que acercar a él muy pronto, ya que si por él hubiera sido no habría establecido contacto con nadie. Potencié su faceta social, sobre todo gracias al deporte, pero lo cierto es que las personas “normales” le aburrían. Demasiado racional.

“William es más normal. Precisamente, el no ser un supercerebro le va a permitir establecer relaciones sociales más normales. No le quiero quitar la normalidad tan pronto.

El matrimonio Raker lo miró, agradecido.

- ¿Y qué haremos durante este tiempo? – preguntó el mayor Celesti.

- Yo tengo mucho que preparar. Gente a la que pedir o reclamar favores, establecer un plan de contingencia, convertirme en ese profesor que todos deseamos y que aparecen en las películas…

“Quiero que William se acerque a mí por propia voluntad. Que me vea como mentor y amigo, que confíe en mí. Y quiero que todo eso ocurra mientras vive como un chico normal y corriente.

“Y luego le diré la verdad y destrozaré su mundo.

Todos permanecieron en silencio. Aunque aún quedaba mucho para ese día, no pudieron evitar tener un sentimiento de culpabilidad por William.

- Pero yo que ustedes – añadió Julius súbitamente – centraría mis esfuerzos en planear cómo le voy a decir a cerca de diez mil millones de personas la que se nos viene encima.

“Eso sí será digno de compasión.

Y dicho esto, se comió otra gamba.

boinaverde515
6th June 2008, 22:38
tildom todavia tengo esperanza en ver tus obras publicadas

Tildom
27th March 2009, 13:10
¡Sorpresa!

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8

Ciudad de Elquëlamar
Hotel Ritz, Avda. del Alba 580
Año 254 de la Era Orión


Todavía permanecieron unos minutos en silencio después de que las puertas se cerraran y Julius, Ariel y el matrimonio Raker hubieran salido del Salón Nautilus.

- ¿Y bien? – preguntó el gobernador Iwens - ¿No les había dicho que era una persona excepcional?

Arkanyon Celesti rebulló inquieto.

- Normalmente, excepcional se emplea con connotaciones positivas. El profesor Grëns es demasiado…

- Incontrolable - dijo Illion Verdinant – Excepcional, pero incontrolable.

El comandante elfo asintió.

- Puede resultar peligroso. ¿Estamos seguros de que hará lo que tiene que hacer?

- Sí – contestó el gobernador -. Es cierto que es la primera vez que lo he visto tan… - se detuvo unos segundos mientras buscaba el término correcto – desbocado. Supongo que en cierto sentido es culpa nuestra, no sabíamos que se hubiera implicado tanto con Paul Hugh.

- ¿Lo estáis disculpando, gobernador?

- Estoy explicando el posible motivo de su comportamiento, mayor. A mí también me ha sorprendido este Julius Grëns, sólo trato de entenderle.

- ¿Vamos a hacer lo que él dice? – preguntó Ernst Voden – Si no confiamos en él, ¿cómo vamos a permitir que tome las riendas de este proyecto?

- Para bien o para mal, ya sabe demasiado – contestó Arkanyon Celesti -. Una cosa está clara, si está dentro del proyecto se negará a tener un papel secundario. Si no le incluimos dentro, habrá que tomar medidas drásticas.

- Cierto. Sería capaz de ir a la prensa. El caos sería absoluto.

- Sí – se mostró de acuerdo Okem Iwens -. Todavía me pregunto de dónde sacó la información.

- ¿Tal vez la teniente se fue de la lengua? – propuso Ernst Voden.

- No se preocupe por Ariel– dijo Arkanyon Celesti –, goza de la total confianza del Consejo y del Círculo Arcano. Cuando habló con el profesor éste ya sabía mucho.

- ¿Entonces?

- Julius es amigo de mucha gente. Algunos de sus conocidos son personas realmente influyentes o talentosas, como Kyle Verdin.

- ¿Kyle Verdin? ¿El de Dioanea? – dijo Illion Verdinant.

- El mismo. Se hicieron amigos después de que su mujer lo tratara en la Clínica Nexo – contestó Okem Iwens.

- Entonces ya sabemos quién le pasó la información. Para él acceder a nuestros archivos sería tan sencillo como llamar a un ascensor.

- No está tan claro, Illion – replicó Arkanyon Celesti -. En primer lugar, sí, Kyle Verdin diseñó Dioanea, pero no la controla. Si la hubiera manipulado de alguna forma nuestros servicios de seguridad lo habrían detectado.

“En segundo lugar, difícilmente podría haber conseguido esos archivos mediante Dioanea. Sólo existen en formato físico, como medida de seguridad. Alguien entró en nuestras oficinas e hizo copias de los papeles.

- ¿Y eso debería tranquilizarme, mayor?

- Prefiero pensar que hay alguien que ayuda a Grëns a que nuestro sistema de seguridad esté sometido a los caprichos de un informático, gobernador.

- Visto así…

- De todas formas, es cierto que el hecho de que alguien le esté pasando información a Grëns desde dentro no es la mejor noticia del mundo. Habrá que iniciar una investigación. Hablaré con el Consejo mañana a primera hora.

- Y no descuidemos a la Teniente Elmar. No, no dudo de su fidelidad… ahora – puntualizó Ernst Voden antes de que el Mayor Celeste le volviera a rebatir-. El señor Grëns es, como han podido comprobar, una persona sumamente carismática y llena de recursos. A saber cómo la afectará la convivencia diaria con él.

- Entonces tenemos una investigación interna para la filtración de los datos, vigilar la evolución de la teniente y estudiar las sugerencias, por llamarlas de alguna forma, del señor Grëns. No está mal para una cena de apenas una hora.

- ¿Saben? – dijo Ernst Voden – De todo lo que se ha dicho, lo que más me preocupa es lo de cómo vamos a decírselo a la gente.

- Bueno, Ernst – le contestó Illion -, si todo va bien no creo que haya demasiados problemas.

- Ya, no me preocupan las reacciones en sí, me preocupa el proceso que vamos a seguir. Nunca se había hecho algo por el estilo, al menos que yo conozca.

- Sí se ha hecho, Ernst – contestó el gobernador Okem – lo que pasa que con espadas y lanzas. Claro que entonces el mundo era mucho más grande que ahora, sin Internet ni transportes supersónicos.

- Va a morir mucha gente – dijo Ernst -, pase lo que pase, morirá gente.

- Ya está muriendo gente, Ernst – contestó el gobernador -. Todos los días, en hospitales, en la carretera, en sus camas plácidamente. Y ya ha muerto gente por lo que estamos haciendo: Julian Norton, Leomund Frey, Arturo Glit, Paul Hugh… Nuestro trabajo es que esas muertes signifiquen algo.

- ¿Eso debería consolarme? ¿Consolará eso a las madres de esos niños? Es fácil tomar decisiones en un despacho y luego no ver cómo esas decisiones acaban con una bala en la cabeza de alguien.

- Si quieres consuelo busca en el fondo de un vaso o los brazos de una puta – la rudeza del gobernador los dejó a todos mudos - ¿Te estás compadeciendo, Ernst? ¿Tienes dudas? ¿Tengo que recordarte la importancia de lo que estamos haciendo?

“No claro que no tengo que hacerlo. Eres un imbécil, Ernst. Un imbécil idealista que se ha colado en una reunión de políticos. Bendito seas, si todo el mundo fuera cómo tú no tendríamos que hacer nada.

*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-

Mientras caminaban por el pasillo, de vuelta al ascensor, Julius atajó el intento de Ariel de iniciar una conversación. Quería hablar, ¡por supuesto!, pero sin ojos y oídos curiosos. En cambio, inició una charla ligera e intrascendental del todo.

- Ariel y yo vamos a una fiesta de unos amigos, ¿se quieren venir? – le dijo al matrimonio Raker.

Pero le contestaron con evasivas. “Mejor”, pensó. Para ser sinceros, la invitación era mero formalismo y no esperaba que la aceptaran. La cena había sido un duro trance para ellos, les había caído el peso del futuro de su hijo encima como una losa de piedra y no había sido precisamente suave a la hora de exponer sus ideas. Pero era necesario, a veces había que destrozar algo para luego reconstruirlo de nuevo y hacerlo mucho más fuerte. Esperaba que la percepción de pérdida que tendrían los padres de William sirviera para que aprovecharan el tiempo y disfrutaran de su hijo.

- Será en el puerto. Habrá música en vivo, VRG y gente interesante, ¿seguro que no quieren venir?

Más evasivas. Julius no insistió más. Una vez era por educación, más ya era acoso. Llegaron al vestíbulo y la amable recepcionista pareció surgir de la nada, siempre sonriente. Julius sacó la tarjeta de su bolsillo y se la entrego, con otra radiante sonrisa.

- ¿Ha sido la cena de su agrado?

“Una pregunta cojonudamente oportuna, señorita.”, pensó para sus adentros. Respondió de forma correcta, alabando el trabajo del cocinero y la decoración del comedor. Ariel se deshizo en elogios y los Raker sonrieron nerviosos y mencionaron la calidad del pescado. Tanta superficialidad lo iba a matar.

A la salida, Julius sacó su terminal y llamó a su coche. El señor Raker hizo lo mismo.

- Cuiden de William, es un buen muchacho.

- Es duro que te digan las cosas que se han dicho sobre tu hijo.

- Supongo – Julius tenía que seguir haciendo su papel -. Pero estoy seguro que serán capaces de superarlo. Basta con que sigan haciéndolo tan bien como hasta ahora.

Llegó su deportivo y se abrieron las puertas. Ariel se despidió y entró. Julius los emplazó para la siguiente reunión escolar y lamentó una vez más que no quisieran ir a la fiesta. Respiró por fin tranquilo cuando la puerta de su deportivo se cerró y se incorporaron al tráfico.

- Destino: Puerto Nevado – dijo con un tono impersonal y con la debida pausa para que el ordenador de abordo supiera que se trataba de un comando. Una lucecita verde se encendió en el salpicadero y en un pequeño monitor apareció un mapa de Elquëlamar con una línea de puntos que marcaba la ruta que seguirían.

- ¿La fiesta es allí? – preguntó Ariel.

- Sí, Kyle reformó una nave y la convirtió en un local de fiestas. Se llama Equinox, un lugar bastante popular en Elquëlamar: música, juegos, un par de pisos para poder hablar sin desgañitarse…

- Parece que tu amigo Kyle tiene la vida solucionada.

Julius sonrió.

- No le falta dinero, no. Ocurre cuando diseñas la gallina de los huevos de oro.

- ¿Cómo se llama la gallina?

- Diaonea.

Ariel lo miró, asombrada.

- ¿Kyle diseñó Diaonea?

- El sólito, maldito genio. Y encima no se le sube a la cabeza. Le perdono porque me invita a sus fiestas y porque soy amigo de Miriam. Pero ya deberías saber quién es Kyle, ¿no estaba en mi informe? Vale que soy una persona interesante que ha hecho muchas cosas en su vida, pero ser amigo del ingeniero que diseñó el sistema de defensa de datos de las Cinco Hermanas es un hecho que yo incluiría en mi dossier.

Ariel al menos tuvo la decencia de parecer algo avergonzada ante la mención del informe.

- Había un Kyle, pero no venía especificado que fuera él.

- Supongo que no, al fin y al cabo los militares no pueden permitir que la gente vaya sabiendo quién es el que diseñó el sistema impirateable que nos defiende. Secretos de Estado y cosas parecidas, me imagino. Espero que no te siente mal que tus jefes te hayan ocultado esta información.
Se arrepintió inmediatamente de haber lanzado esa pulla, pero no podía evitar sentirse completamente frustrado y, por qué no admitirlo, cabreado. Ariel, a su lado, parecía algo compungida.

- Oye, mira, lo siento. Sé que no es culpa tuya y encima te hago pagar el pato. Olvida lo que he dicho.

- ¿Ocurre algo, Julius?

- En primer lugar que me has llamado por mi nombre, ya era hora – bromeo en tono conciliador –. En segundo lugar es que estas reuniones siempre me ponen de mal café. Hay gente a la que le gusta el juego político, guardarse secretos, intrigas palaciegas y todo ese asunto: yo lo desprecio. Se me da bien jugar, pero no me gusta.

- Al menos ya ha quedado todo aclarado, no hay más cartas que enseñar.

- Por supuesto – mientras decía esto, Julius sacó su agenda personal y escribió un mensaje -, pero porque yo he hecho mis averiguaciones privadas, a saber qué hubiera sacado en claro si no llego a ponerles contra la espada y la pared – Julius le enseñó el mensaje a Ariel. “Ni de coña”, ponía “Apenas empezamos a saber cosas”.

Ariel lo miró, extrañada. ¿Por qué le escribía mensajes en la agenda? Acaso… Julius asintió, adivinando sus pensamientos.

- La mejor forma de olvidarnos de la cena es divirtiéndonos un poco. Las fiestas de Kyle son las mejores. Habrá artistas famosos y otros que busquen el mecenazgo de un pez gordo, actores, pintores, escultores, arquitectos, banqueros, inversores… toda la troupe.

- No te imagino en una fiesta de ese tipo. Demasiado foco y cámara de fotos para un modesto profesor de instituto.

- Y hay demasiada cámara para mi gusto. Pero como dices, soy un profesor de historia de lo más normal, sin doble vida ni nada por el estilo - su tono no estaba exento de ironía -. No me acuesto con famosos para explotar luego la historia en una revista del corazón o pasearme de plató en plató de televisión, así que paso desapercibido y puedo divertirme con tranquilidad.

El coche giró en una avenida y encaró el paseo que llevaba a Puerto Nevado. Había mucho tráfico aquella noche, pero los coches avanzaban de forma ordenada y a buena velocidad, sin atascos ni accidentes, gracias los chips de conducción inteligente que había en los coches y bajo el asfalto. A lo lados de la carretera cada vez se veían menos edificios, pero seguía habiendo muy buena iluminación.

Un poco más adelante, la carretera tomaba un desvío hacia la playa de agua dulce de Elquëlamar, que a estas horas estaría prácticamente desierta. De día, se podía ver el lago al fondo, pero ahora sólo se adivinaba dónde estaba por las luces de algunos barcos que habían salido a dar un paseo nocturno.

- ¿Conoces a mucha gente que vaya a ir?

Julius pensó la respuesta unos instantes.

- El problema de estas fiestas es que no van siempre las mismas personas. Mucha gente logra tener proyección internacional y no se encuentran siempre en la ciudad. Otras, en cambio, están de paso por aquí y asisten, es un honor ser invitado a una fiesta del Equinox.

- Si lo llego a saber habría traído una botella de vino.

- ¡Ah, querida! Creo que el honor se lo haces tú yendo con ese vestido – añadió mientras le guiñaba un ojo. Se le estaba pasando el enfado de la reunión y cada vez estaba más animado.

Llegaron por fin a Puerto Nevado. A pesar del tamaño del Lago Curry, no se faneaba en él. Los peces que lo habitaban estaban destinados más a las mesas de los amantes del deporte de la pesca que a los mostradores de los supermercados. Sin embargo, como lago recreativo había tenido mucho éxito y el puerto deportivo gozaba de buena salud. Había barcos de diversos diseños y tamaños, desde grandes yates a veleros fabricados a mano con las maderas más nobles, pequeñas barcas de remos, motos de agua…

El edificio principal era de bella arquitectura acristalada. Su forma era alargada, con numerosos brazos que salían del edificio que parecían haber sido colocados de forma espontánea, y de hecho así era. Los nanobots que formaban parte de la estructura se encargaban de cambiar las formas y la posición de los cristales y de teñirlos de diversos colores. El programa de diseño de los cristales era aleatorio, pero siempre dentro de unos límites para no poner en peligro la integridad del edificio. El resultado era que parecía un banco de coral, en constante cambio, de muchos colores y maravillosas formas. Por la noche, los cristales refulgían con un suave brillo que arrancaba destellos que se reflejaban sobre el lago.

Su diseñador había sido Vitor Welles, un famoso nanoescultor que había muerto hacía unos treinta años, y que apoyó durante toda su vida la causa de la integración de los Kil’deranien en la sociedad humana. El Edificio “Corales de Esperanza” había sido una de sus últimas obras y un regalo a la ciudad de Elquëlamar. Era la primera vez que Ariel lo veía y se quedó maravillada. Julius le indicó al ordenador que parara el automóvil a un lado de la carretera.

- Es increíble lo que los humanos podéis hacer gracias a la tecnología.

Julius asintió.

- Sin duda vosotros podréis hacer cosas parecidas con la magia.

- Sí, pero a un coste muy alto y no durante mucho tiempo. Un edificio como este y mantener el hechizo de forma permanente… Solo la cantidad de magia necesaria para modificar la forma de los cristales me abruma. Mantener el conjunto entero sería como comer arroz pinchando los granos con alfileres.

- Pero tenéis el arkanium.

Ariel meditó la respuesta unos instantes.

- Sí, con veinte o treinta kilos de arkanium puro un mago poderoso podría crear y mantener un edificio como este durante bastantes años. Lástima que nuestras reservas sean de apenas tres toneladas y la mitad de ellas estén destinadas a mantener el campo de ocultación del que hablamos antes. Elimina los corazones de las Cinco Hermanas y nos quedará apenas una tonelada de arkanium. ¿Gastarías veinte kilos en un solo edificio para hacerlo bonito?

Julius se encogió de hombros.

- Obviamente no, pero me temo que no sé demasiado sobre la magia y el arkanium. Los detalles se me escapan.

- No solemos hablar mucho del tema con los humanos. A algunos el hecho de que podamos hacer magia os molesta. Creéis que es algo innato y no el fruto de años de estudios, de entrenamiento físico y mental.

Julius sonrió, divertido.

- Eso me recuerda a las ballestas.

- ¿A las ballestas?

- Sí. Durante la edad media, los arqueros galeses se hicieron famosos. Sus arcos largos eran terribles en batalla, sembrando la muerte a su paso. Pero para tensarlos había que tener una gran técnica y entrenamiento. No era ni fácil ni barato enseñar a un hombre a disparar con el arco. Era una disciplina respetada.

“Y entonces se inventó la ballesta. Cualquier patán podía usarla. Se cargaba, se apuntaba y se disparaba con un gatillo. Inocencio X emitió una bula papal en la que condenaba el uso de estas armas, aunque sólo cuando se usaban para matar cristianos. Un campesino podía matar con un disparo afortunado a un gran caballero que había dedicado toda su vida al entrenamiento.

- Como las pistolas.

- Exacto. A vosotros, los elfos, os está costando enormemente aprender las disciplinas científicas. Nuestros psicólogos y neurocientíficos están a la gresca tratando de ampliar los campos de estudio de la adquisición de conocimiento, por no hablar de los xenólogos.

- Creen que puede tratarse de algo genético.

- Puede ser. Desgraciadamente el Efecto Griffin hace que sea imposible leer vuestro ADN. El caso es que aunque podéis aprender fundamentos científicos, sí es verdad que os cuesta mucho más desenvolveros con las matemáticas y la física que los humanos. Eso no os impide usar un coche, un ordenador o una batidora.

- No hace falta saber cómo funcionan para usarlas.

- Afortunadamente. Si no, nadie podría volar en avión sin dar antes clases de física aerodinámica. Ahora bien, ¿hay alguna herramienta así en la magia? ¿Hay varitas mágicas que al agitarlas hagan hechizos?

- Veo adónde quieres llegar.

- Hay celos de que los elfos podáis usar la tecnología y que los humanos no puedan emplear la magia. Añade eso a que sois siempre jóvenes y que en doscientos años ninguno de vosotros ha muerto por causas naturales…

- El ser humano es envidioso por naturaleza.

- El elfo es orgulloso por naturaleza.

Estuvieron callados unos segundos más. Luego Julius ordenó continuar al automóvil.

- ¿Conoces a muchos elfos?

- He tenido contacto con los tuyos, sí, un poco más de contacto que la mayoría de habitantes de Elquëlamar. Mi compañero de universidad era elfo, Laramir. Un tipo majo, aunque muy reservado. Era de Ferín.

- ¿Qué estudiaba?

- Lo mismo que yo: humanología – contestó mientras una sonrisa afloraba en sus labios -. Así era como llamábamos a la historia en broma.

- ¿Qué fue de él?

- Lo asesinaron los Hijos de la Tierra.

Los malditos Hijos de la Tierra. A principios de la década de los 40 surgió un grupo terrorista internacional de “defensores de la humanidad”, como se llamaban a sí mismos. Antes de que la gente supiera qué estaba pasando, había medio centenar de células operando en todo el mundo. Su objetivo era el de expulsar a los elfos del planeta, devolverlos al espacio, reconquistar La Tierra para los humanos.

Al principio no se les dio la importancia que luego demostraron merecer. Primero fueron los panfletos en las universidades, los mítines reducidos a los que iban cuatro marginados. Más adelante una página web con mil visitas diarias, unos foros incendiarios en los que la gente tenía tiempo para revolcarse en su propio odio. Lo siguiente fue su propio canal de televisión por la red, su propio boletín semanal, aumentaron las visitas de su página, a sus mítines acudió más gente…

Cuando se decidieron a actuar, los organismos internacionales hicieron bien su trabajo. Desaparecieron los panfletos, los mítines en los parques y la página web y el canal de televisión fue suspendido. Metieron a unos cuantos de sus líderes en la cárcel por apología del terrorismo y el resto de los integrantes buscó otra forma de liberar su odio. Eso fue al menos lo que pareció que ocurrió.

Las reuniones continuaron, sólo que esta vez en los sótanos de las casas y en la clandestinidad de la noche. Los boletines continuaron circulando y el odio a los elfos fue extensivo a los países que los acogían. Comenzó a hablarse de actuar con hechos y no con palabras: comenzaron a armarse.

La oleada de atentados del verano del 247 fue de una violencia extrema. Colegios, hospitales, supermercados… Un centenar de bombas, miles de millones en daños materiales y dos mil muertos en menos de una semana. Fue un terremoto que sacudió todo el mundo y, definitivamente, un punto de inflexión en la historia. Muchos de los terroristas habían sido suicidas, pero los cerebros todavía estaban sueltos, en alguna parte, y el miedo a una segunda oleada estaba muy presente. El despliegue de medios fue abrumador y acabaron por hacer salir a los conejos de la madriguera. Cuatrocientos detenidos en dos días, la mayoría de los cuales se suicidaron en la cárcel.

Sólo quedaron vivos quince, que se llamaban a sí mismos los Apóstoles de la Humanidad, fanáticos que continuaron predicando su doctrina cada vez que tenían la oportunidad. No siguieron vivos mucho tiempo. A pesar de estar en cárceles de máxima seguridad y celdas de aislamiento, antes de que se emitiera la sentencia del juicio fueron asesinados en sus celdas. Nunca se supo quién fue, porque tampoco hubo mucho interés en averiguarlo y, en secreto, todos daban las gracias a quien lo hubiera hecho.

- Era época de exámenes y la biblioteca de la universidad estaba a rebosar. Yo me había tomado la tarde descanso y estaba tomando unas copas con unos amigos, pero él estaba estudiando. Ciento veinte muertos.

- Lo lamento.

- Ocurrió hace muchos años, no te preocupes. Pero es de esas cosas que te marcan. ¿Tampoco estaba en tu informe?

Ariel negó con la cabeza.

- Estos chicos de la Agencia cada vez trabajan peor. En fin, supongo que tendremos que suplir la carencia del informe con la convivencia.
El automóvil encarriló la costa y a lo lejos se vieron muchas luces de colores parpadeantes. En la costa, amarrados, estaban las embarcaciones, silenciosas.

- ¿En serio? Creí que estaba aquí para enseñar a William magia. Si ese adiestramiento no va a empezar hasta que se gradúe…

Julius asintió.

- Quiero que te quedes. Ya adiestrarás a William cuando sea el momento, pero mientras tanto te necesito a mi lado.

- ¿Para qué? – a pesar de todo, Ariel no puedo evitar sonar complacida por las palabras de Julius.

- Tengo muchas preguntas que hacerte, preguntas cuyas respuestas no están en la red. Además, tengo que enseñarte cómo vamos a trabajar, planear los detalles… Y si eso no te vale, me gustas como compañera de piso.

“Hemos llegado.

Luigimagno
27th March 2009, 15:40
Juas, especial primer aniversario. Hoy: resucitamos el fic xD.