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Ver la versión completa : La Guerra de los Mundos (Cap.2 (Fan Fic))



Shadow 666
12th March 2008, 13:44
(Nota del Autor: Igual que existen Fan Fics de videojuegos o de peliculas o series de TV, he querido relatar mi propio Fan Fic inspirado y basado en la novela de H.G. Wells que escribió hace más de 100 años. A pesar de no haber leído el libro, pero que su lectura es ya inminente)


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Introducción

¿Quién hubiera imaginado que, durante algunos cientos de años y algún puñado de milenios, el ser humano estaba siendo observado por mentes infinitamente superiores a las nuestras? Nadie habría podido pensar que estábamos siendo estudiados minuciosamente como se estudian los organismos bajo un microscopio.

Algunos hombres admitían la vida en otros planetas, sin embargo, otros rechazaban tal disparate, haciendo que ambas partes desarrollasen mil y una teorías que corroboraran sus ideas.
Mientras nosotros luchábamos por las cosas más tribales, al otro lado del abismo espacial, seres con una inteligencia atroz dirigían su codiciosa mirada hacia esta tierra, y lenta, pero inexorablemente, trazaban sus planes de conquista.

Capitulo 1, Una entre un Millón

Como cada Viernes, me dirigía al Observatorio para pasar parte de la noche y de la madrugada observando las estrellas. No había nada más placentero que mirar al cielo bajo la inmensa mirada de un telescopio en mitad del silencio.
Me consideraba muy afortunado del trabajo tan tranquilo que tenía, mientras que otros no tenían la misma suerte al tener trabajos donde acudir amargado todos los días, recorrer grandes distancias con el automóvil y aguantando atascos, o no encontrar nunca una plaza de aparcamiento entre la gran urbanización.
Aun así, carente de todos esos defectos, mi trabajo exigía una paciencia inquebrantable, ya que mirar al cielo y obtener resultados era algo que solo ocurría una vez cada pocos años.

En medio de aquella urbe tan conocida por el Vallés Occidental que tenía por nombre Sabadell, había un parque que dejaba al margen cualquier factor relacionado con la ciudad. Era tranquilo, repleto de árboles y campos de césped.
Bien avanzada una tarde de verano, la gente iba de un lado a otro por el Parque: Niños jugando, jóvenes adolescentes con sus bicicletas, parejas de enamorados tumbados en la hierba, jóvenes matrimonios paseando con sus bebés en carritos, perros que corrían tras el palo que les lanzaba su amo. Todo transcurría normal y apaciblemente.

Mientras caminaba hacia mi destino, pude ver con mis ojos el observatorio en lo alto del altozano, un edificio de tres plantas de pared blanca que tenía el observatorio acoplado en un lateral.

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Llegado a la entrada, me encontré con mi amigo y astrónomo a quien le llamaba simpáticamente Ogilvy. Parecía estar en su tiempo de descanso y restaba de pie en solitario mientras fumaba un cigarrillo.
Nos saludamos mutuamente e intercambiamos algunas palabras para luego despedirnos momentáneamente, le dejé donde lo encontré y entré.
Fui directamente a la tercera planta y me dirigí al observatorio. Bajo la cúpula me encontré con mi otro amigo y compañero de muchas noches, mi querido y fiel telescopio.

Pasaron las horas, de la tarde ya no quedaba ni rastro y tampoco de la noche. Volvía a encontrarme en la paz y tranquilidad de la madrugada.
Mientras hacía un registro de mis tareas con fecha del 12 de Agosto, viré mi telescopio de rojo y blanco y apunté hacia Marte. La gran capacidad de visión de mi acompañante nocturno me mostraba la superficie rojiza de aquel planeta tan estudiado y tomado en cuenta por los astrónomos de todas las épocas que, aun hoy día, seguía fascinando a los modernos científicos. Planeta que representaba ser una meta dispuesta a ser alcanzada por las hazañas del hombre, ignorando totalmente, el peligro que nos acechaba desde aquel remoto lugar.

Mientras yo observaba, una explosión de gas surgió desde la superficie de Marte. Atónito frente al extraño suceso, aquel gas de un verde luminoso se alzaba dejando tras sí una estela verdosa. Pensando en un principio que se trataba de un fenómeno natural de la tierra, comprobé que la velocidad a la que se alzaba el gas era demasiado elevada para tratarse de un hecho Geológico. Su velocidad era vertiginosa. Observando muy atentamente, pude ver que aquel gas parecía estar concentrado en un punto que, curiosamente, encabezaba su dirección y trayectoria. No podía creer en la posibilidad de que se tratase de un cuerpo siendo propulsado. Mis pelos se pusieron como escarpias al vislumbrar que aquello, fuese lo que fuese, cambiaba de dirección y no por la fuerza de la gravedad del planeta de donde emergía, si no que la mantuvo.
Al ver la dirección que tomó, intuí enseguida que se dirigía a la Tierra, y que no se trataba de un simple cuerpo celeste flotando en el universo.

http://www.guiafe.com.ar/fotos/marte.jpg

Quise echar a correr, pero en vez de eso caminé a paso ligero manteniendo los nervios encerrados en mi interior para salir del observatorio y buscar a Ogilvy por las instalaciones. Con algo de intuición, me dirigí a la biblioteca y allí estaba sentado, leyendo unos libros.
Al intentar hablarle de lo que vi, los nervios se escaparon por mi boca y mis palabras sonaron como las de un asustado. Al contarle la explosión de gas pensó en el hecho de un supuesto suceso Geológico, y se fascinó por ello. Pero cuando le dije sobre el rumbo y dirección, casi se hecha a reír:-“La posibilidad de que algo llegue de Marte es de una entre un millón”.- Me dijo.

Fuimos juntos al observatorio y conectamos uno de los monitores al telescopio. Sin embargo, aquel gas verde y la estela verdosa que dejó había desaparecido por completo. Como si todo lo que hubiera visto fuese una alucinación.
Pero mirando por el monitor, surgió otra explosión de gas desde Marte, y se repitió el suceso tal cual yo lo había visto.
Ogilvy estaba impresionado y, como yo, comprendió que no se trataba de ningún fenómeno Geológico.

Para asombro ante nuestros ojos, poco después de cambiar el rumbo como lo hizo el primero, desapareció en la oscuridad del espacio. El gas y la estela verdosa se disiparon al cabo del rato.
Ogilvy me miró sin remediar palabra, se levantó de la silla y marchó con la intención de investigar y analizar lo que habíamos visto.
Nadie sabía por entonces, ni siquiera yo, que aquella cosa que se puso en orbita tenía la facultad de ocultarse ante nuestros ojos y de cualquier aparato de captación visual y sonora.

Durante las diez noches siguientes ocurrió lo mismo: Una explosión de gas surgiendo de Marte que dejaba tras sí una estela verdosa. Un espectáculo fantástico, sin embargo, alarmante.
Las palabras de Ogilvy resonaban en mi cabeza y las repetía mentalmente con más frecuencia todos los días a todas horas:- “La posibilidad de que algo viniese de Marte es de una entre un millón”- Pensaba por mis adentros,- Sin embargo, están en camino- Me respondía.

Kalas Matacasuals
12th March 2008, 14:28
Interesante. La verdad es que me ha recordado bastante al libro (no sé si la película será muy fiel), aunque mola mucho el hecho de que esté ambientado en un lugar cercano. Procuraré que no me pillen los marcianos. xD

Por cierto, el libro es muy bueno. Además de ser muy adelantado a la época, transmite una sensación de angustia y de impotencia difícil de describir (y tiene un finalazo, espero que el de la peli sea el mismo). Muy recomendable.

P.D: Has escrito bastante últimamente, ¿verdad?

Shadow 666
12th March 2008, 17:45
Interesante. La verdad es que me ha recordado bastante al libro (no sé si la película será muy fiel), aunque mola mucho el hecho de que esté ambientado en un lugar cercano. Procuraré que no me pillen los marcianos. xD

Por cierto, el libro es muy bueno. Además de ser muy adelantado a la época, transmite una sensación de angustia y de impotencia difícil de describir (y tiene un finalazo, espero que el de la peli sea el mismo). Muy recomendable.

P.D: Has escrito bastante últimamente, ¿verdad?

He visto la película de Spielberg, decir que apenas tiene nada que ver con el libro salvo que Spielberg cogió la esencia de la historia y la adaptó al tiempo actual y en otro lugar.
Sin embargo, es una película terrorifica, viendo todo el desastre desde el punto de vista de una familia Americana, y no tan Desastroso como otras pelis tipicas donde los más famosos monumentos son destruidos y el ejercito parece estar capacitado a hacer frente a la amenaza.

El final si que es igual en la película, es algo que se ha mantenido intacto.

Al ser diferente al libro ambas películas, me gusta más, porque así tengo unas versiones distintas de la invasión y puedo revivir la angustia como la primera vez.

Salvo el PD: He ido escribiendo algo.
Dentro de unos días tendré el libro en mis manos y por fin podré leerlo. :sorrisa:
Nunca le he tenido tantas ganas a un libro.

Shadow 666
15th March 2008, 14:21
Capítulo 2, Primer Contacto

Mientras que Ogilvy parecía entusiasmado por los fenómenos presenciados en la superficie de Marte, a mi me invadía un temor que crecía cada vez más. Ambos habíamos tomado la situación de forma diferente según nuestro criterio y creencias: Ogilvy con sus nulas posibilidades de la llegada de algo que provenga de aquel planeta tan remoto y temible, y yo con mis intuiciones que me habían guiado místicamente por los problemas cotidianos y laborales.

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Mientras las diez noches que duraron los sucesos en Marte, habíamos llamado a otras instituciones con equipos más avanzados y con un presupuesto de investigación mayor. Con la intención de que pudieran darnos unos resultados factibles, ninguna supo decir exactamente que era aquello que ocurría.
Una de las noches vino Ogilvy a enseñarme unas captaciones radiofónicas de la superficie de Marte que había conseguido recoger una instalación de Radiotelescopios.
La señal se hacía más fuerte al principio, tenía lugar la explosión de gas. Después era un sonido continuo que se mantenía al mismo nivel durante un buen rato, en ese momento el gas se alzaba hacia la orbita. Y de golpe se hacía el silencio sideral, cuando el gas desaparecía.
-¿No es asombroso?- Dijo Ogilvy sonriendo.
-Es aterrador- Le contesté seriamente.
A partir de ese instante, cualquier cosa que emergiera de Marte desaparecía de la vista de telescopios y radiotelescopios.
Gas mezclado con fuego, era imposible que se tratase de una erupción volcánica debido que Marte no posee actividad sísmica.

Ya habían pasado más de diez días desde la primera explosión de gas, Marte ya no mostraba aquel fenómeno que tenía a diversos astrónomos pegados a sus aparatos día y noche. Pero mi miedo no cesaba, mi intuición seguía intacta, y cada vez que miraba al cielo sentía la presencia de algo que atravesaba el espacio que había entre la Tierra y Marte.

Paseando una mañana por Eix Macià, bajaba por la calle mientras hablaba por mi teléfono móvil con mi hermana que vivía en Barcelona. Ella y su marido habían comprado unos billetes para un crucero por el mar Mediterráneo, le prometí ir a verla antes de que partiese hoy.
Nuestra conversación se interrumpió al oír una llamarada colosal sobre mi cabeza. Un cuerpo celeste caía desde el cielo ardiendo en llamas que brillaba de un verde luminoso y se me vino a la cabeza, en forma de recuerdo fugaz, lo visto que Marte.
Cayó por detrás de los edificios y se estrelló contra el suelo haciendo temblar la tierra y emitiendo un explosivo y gigantesco sonido que hizo estallar algún que otro cristal. Los coches aparcados comenzaron a pitar y del cielo comenzó a llover trozos de tierra.
La gente se asustó y multitudes de ellos gritaron en el acto. Nadie supo con exactitud que había pasado, excepto quienes vieron el meteorito.

Mi hermana se preocupó al oír todo aquello a través del teléfono y aseguró haber visto caer un meteorito desde el balcón de su casa. La tranquilicé y le aseguré que aquel “meteorito” había caído tan cerca de mí que podría decirse que cayó justo a mi lado.
Colgué el teléfono, y me dirigí al parque, donde se estrelló.
Por los campos de césped seguí a la multitud, iban todos hacia una misma dirección. El rugido de la ciudad se convirtió en murmullos entre los expectantes ciudadanos. Dos Policías Locales pasaron corriendo por mi lado hacia la dirección donde cayó el meteoro.
No había llegado aun, cuando por lo alto de los verdes montículos del parque que limitaban la vista, asomaba una extraña forma cilíndrica enorme.
Al llegar, había un enorme cráter en medio del parque, en su interior había un gigantesco cilindro de metal incandescente incrustado en la tierra.
Ogilvy estaba allí y me vio, estaba asustado por el fuerte impacto que hizo temblar el observatorio con él investigando dentro. No podíamos creer lo que estábamos viendo y si se trataba de lo que surgió desde Marte.
Desde luego no se trataba de nada que hubiésemos visto antes, ningún avión o trasbordador espacial. Sin embargo era un aparato de metal de enormes dimensiones.
De pronto comenzó a escucharse unos extraños sonidos proviniendo del interior, Ogilvy temió que se tratase de un hombre intentando salir. Corrió hacia el cilindro, pero el inmenso calor le detuvo antes de abrasarse contra el metal.

El enorme cilindro comenzó a agitarse enteramente, y aquellos sonidos se hicieron cada vez ruidosos. Todos los presentes allí comenzábamos a retroceder sin apartar la vista de aquel montículo de hierro.
Diversos componentes del cilindro comenzaron a moverse, tapas que se desenroscaban, unas especies de válvulas que giraban y dejaban escapar un vapor blanco como si de un antiguo tren se tratase, placas que se deslizaban hacía otras partes del cilindro mostrando en su interior un amasijo de aparatos electrónicos que escapaban a nuestro entendimiento.
Del cilindro surgieron tres extremidades de metal que, sorprendentemente, se movían ligeramente en el aire como serpientes. Las extremidades se posaron en el suelo y comenzaron a empujar el cilindro para sacarlo de la tierra mientras una de ellas la sostenía para que no cayese.
Aquellas serpenteantes extremidades sujetaron el enorme cilindro, convirtiéndose en sus patas. En la parte superior del cilindro se amontonaban los componentes de metal, anclándose unos con otros en perfecto acoplamiento, dando lugar una nueva forma con un espacio considerable como el de una cabina.
En la parte inferior de lo que parecía una cabina, aparecieron dos extremidades más pequeñas que lo que parecían sus patas. En cada punta de ellas se anchaba, como un embudo, dejando un agujero que intuí que de por ahí no saldría nada bueno.

El cilindro terminó de transformarse y se convirtió en una máquina de tres patas, un trípode monstruoso más alto que cualquier torre.

http://img299.imageshack.us/img299/6353/warworldsspielberg43xdi2.jpg

Hubo gente que echó a correr en mitad de aquel silencio generado por el mayor asombro y temeridad.
La cabina estaba inclinada hacia abajo y pareció mirarnos, aquella máquina no parecía autómata, alguien la estaba controlando.
Por si no estábamos asustados, el trípode emitió un rugido ensordecedor que retumbó como un trueno por edificios y casas, un sonido grave pero tan fuerte que se podía escuchar a kilómetros de distancia.
Luego, sus dos embudos se erigieron y nos apuntó, y un sonido similar a las turbinas de un avión que aumenta potencia invadió nuestros oídos.
Mis ojos se abrieron como platos, intuí rápidamente que estábamos siendo encañonados, que estábamos en peligro.
Intuí, definitivamente, que iba a disparar contra nosotros.